Luis, cartagenero viejo

ANDRÉS AYALADIPUTADO NACIONAL

Cuando estudiábamos historia de España en los años sesenta, para destacar la pureza de sangre, se nos hablaba de castellano viejo, era la manera de decir que se mirara por donde se mirara no había cruce bastardo en la genealogía, y de quien se blasonaba ese calificativo era auténtico, no tenía cruce genético. Hoy hablaríamos de ADN. Pues bien, Luis Ruipérez, que ayer nos dejo, era Cartagenero Viejo. Es difícil encontrar a alguien que pudiera simbolizar con mayor nobleza, con mayor empeño, con mayor templanza este carácter nuestro, ese orgullo, esa forma de ser, esa agudeza intelectual, esa grandeza de espíritu.

Conozco a Luis desde que éramos bien pequeños. Hoy, ante lo inevitable no puedo por más que hacer repaso de tanta imagen, tanto recuerdo de un montón de años. Era mayor que yo, tanto como para no poder ser de la misma pandilla en Los Nietos; pero no tanto como para poder competir en aquellos partidos de water-polo, pie en arena, del viejo club de madera. Era tan competitivo que no podía perder ni a los rompis. De ahí, hasta hoy, todo pasa por el constante recuerdo, incluso la constante pugna: Universidad, (el del Ruiz de Alda, yo del Belluga); profesión, despacho, Colegio de Abogados,&hellip. Cartagena.

Luis ha sido sin duda uno de los mejores Decanos de nuestro Colegio de Abogados. El consiguió elevar la categoría de nuestra profesión y llevar hasta el Consejo General de la Abogacía el concepto de que los supuestamente más débiles abogados de provincias éramos tan seguros, tan firmes en nuestros planteamientos como para merecer la responsabilidad de defender nuestros intereses ante las más altas instancias, y ahí estuvo él hasta el ultimo día.

Hoy Luis se nos ha ido; cuando teníamos la esperanza de que podía vencer esta terrible enfermedad que nos machaca. Este mes de julio terrible, que nos ha hecho perder a los más de nuestros mejores amigos, también ha sido cruel con este hombre que mirándolo ayer a la cara en esa postrera imagen del que espera que la tierra lo sepulte, me dio la sensación de que entendía lo que yo le quería expresar de agradecimiento mudo, sin posible respuesta, por algo que solo él y yo sabíamos y que espero no olvidar nunca.

Mi recuerdo a Ascen, a sus hijos, a sus hermanos, (hoy solo Paco), a sus padres... también viejos recuerdos en la memoria.

Y para acabar algo que él seguro demandaría y que estoy seguro que sus amigos y su familia confirmarían: sus conocimientos de derecho, que eran profundos, solo eran comparables a sus conocimientos de fútbol, y que como todo buen entendido sólo puede ser del Barça.

Luis, cartagenero viejo, nos dejas una huella profunda y una sombra alargada: descansa en paz, amigo

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