«Sí, yo era el clásico Icue, un golfillo espabilado pero muy honrado»

José López Cela. Modelo del Icue

ÁNGELA DE LA LLANA
Foto.::                             PABLO SÁNCHEZ / AGM/
Foto.:: PABLO SÁNCHEZ / AGM

José López Cela siente cierta nostalgia, salpicada de orgullo, cuando pasa por la calle Puerta de Murcia y contempla el monumento del Icue, obra del escultor cartagenero Manuel Ardil. Han pasado los años pero para este conserje de colegio, de 58 años, escultor y pintor en sus ratos libres, permanecen frescos en su memoria los días en los que, con 13 años, posó de modelo para el escultor subido en unos sacos de escayola. Define a los icues que inmortalizó Ardil como «chiquillos espabilados de muy buen corazón».

- ¿Cómo surgió la idea de que usted posara para el monumento de Icue?

- Yo era alumno del colegio de Santa Lucía y me dieron una beca, pero como no me gustaba estudiar empecé a trabajar con 12 años en una canterería en La Morería Baja. Fue allí donde conocí al escultor Manuel Ardil, el autor del Icue. Me ofreció posar como modelo porque él creía que yo era diferente a los demás, más vivo y hablador.

- ¿Usted era un icue?

- Sí, yo era el clásico icue, un golfillo espabilado pero muy honrado. Nos divertíamos en pandilla y las señoras nos daban una perra gorda por ayudarlas a subir las bolsas a sus casas y luego ese dinero se lo dábamos al primer mendigo que nos encontrábamos por la calle porque nos daba pena. Teníamos buen corazón.

- ¿Cómo recuerda los días en los que posó?

- Me subieron encima de unos sacos de escayola con un plátano en la mano para hacerme fotos. El escultor hizo varios bocetos y finalmente eligieron el que lleva el aladroque en la mano.

- ¿Cobró usted algo?

- Ni una peseta de las de entonces. El escultor, con el que me llevaba muy bien y con el que aún sigo manteniendo una relación cordial, me pagaba en especies. Me enseñaba a tallar y a modelar, y yo aprendí mucho de su arte. Hoy hago esculturas, trabajo la piedra, el ladrillo, el pirograbado y hago también cuadros de marquetería.

- ¿Por qué se esculpió al Icue semidesnudo?

- Todo tiene su explicación. En aquella época los icues nos fumábamos el colegio para irnos a bañar a la Cortina y allí teníamos un escondite donde dejábamos las ropas del colegio y nos poníamos una especie de calzoncillos para bañarnos. El problema es que nuestros padres no eran tontos y cuando llegábamos a casa y nos olían a salitre siempre se daban cuenta de dónde veníamos.

- ¿Se reconoce usted cada vez que pasa por el lugar donde está el momento?

- Claro que me reconozco, y me produce mucha satisfacción y nostalgia. Mis nueve nietos y mi bisnieto presumen mucho cuando pasan por allí y les dicen a sus amigas que ese es su abuelo.

- ¿Usted cree que la figura del icue sigue existiendo hoy en día?

- La sociedad ha evolucionado mucho y ya no quedan icues como los de entonces, un modelo de chiquillo espabiladillo, pero muy educado y de buenos sentimientos. Ahora los jóvenes lo tienen todo y no disfrutan con nada, a diferencia de nosotros que lo pasamos fenomenal con cualquier cosa. Además, antes había más respeto hacia los mayores y hoy eso se ha perdido un poco.

- ¿Qué le parece la idea de vestir al Icue con motivos representativos de fiestas ?

- No me gusta nada. Además, esta escultura no tiene nada que ver con el Manneken Pis de Bruselas, porque es más bonita. El Manneken está haciendo pis y el Icue expulsa el agua por el pescado que lleva en la mano. Además, me parece mal que se vista a la estatua como reclamo turístico porque ya de por sí sola la figura del Icue es un referente.

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