Corpus marcado por el seísmo

Un campanario portátil anunció el inicio de una misa en la que se recordó a las víctimas

T. M. M.LORCA.
A pleno sol. Aspecto que presentaba ayer la Plaza de España al comienzo de la Eucaristía del Corpus, oficiada por el obispo de la Diócesis de Cartagena. ::                             PACO ALONSO / AGM/
A pleno sol. Aspecto que presentaba ayer la Plaza de España al comienzo de la Eucaristía del Corpus, oficiada por el obispo de la Diócesis de Cartagena. :: PACO ALONSO / AGM

No eran aún las diez de la mañana. Desde la casa museo del Paso Morado, en la calle Nogalte, salía su estandarte. Sus portadores agilizaron el paso al verse frente a su iglesia, la iglesia del Carmen, cerrada a cal y canto desde el pasado 11 de mayo. No querían mirar. ¿Cómo imaginar que su incorporación a la procesión del Corpus no estaría envuelta del ambiente festivo de otros años? La escena se repitió en cada una de las sedes religiosas de las cofradías de Semana Santa. Nada fue normal en el Corpus lorquino de ayer, porque nada lo es desde hace más de un mes.

Después de muchos días sin escuchar la llamada de las campanas a los fieles, ayer volvieron a oírse. No eran las de los campanarios de las iglesias. La mayoría se encuentran en mal estado o simplemente ya no existen. Pero la Vicaría Episcopal decidió que al menos por un día debía regresar el repique, aunque fuera con un campanario portátil. Sus campanas sonaron y encabezaron una procesión que también se salió de la rutina de otros años. No partió desde la Colegiata de San Patricio y su recorrido se acortó, al igual que el número de altares, que se limitó a dos, uno en la calle Granero y otro en la calle del Álamo. Tampoco era normal la hora, ya que la procesión tradicionalmente se realiza a la caída de la tarde. Fue, sin duda, un Corpus marcado por los terremotos y las consecuencias que dejaron a su paso.

Consecuencias que el obispo de la Diócesis, José Manuel Lorca Planes, recordó en la homilía de la Eucaristía que precedió a la procesión y que se celebró en la Plaza de España, cuidadosamente decorada y preparada para acoger al millar de personas que se dieron cita. No obstante, fueron muchos más los que pudieron escuchar las palabras de aliento del obispo, ya que la televisión pública retransmitió la misa para todo el país.

Con los niños de Primera Comunión como testigos, Lorca Planes hizo mención a los momentos trágicos vividos por la población. «La desolación intentó someter nuestro ánimo. El desconcierto pensaba que podía vencer a los lorquinos. El terremoto segó la vida de nueve personas e impidió la de otras dos. Fui testigo de gente sin rumbo en busca de sus seres queridos. Y en ese ambiente han aparecido muchos signos de amor y solidaridad. Nos nace de lo más hondo del corazón dar las gracias a todos los que han ayudado a esta ciudad. Gracias, gracias y gracias, pero no nos olvidéis».

El estandarte de la patrona, la Virgen de las Huertas, presidía el altar en el que, además del obispo y el vicario, también se encontraban todos los sacerdotes de la ciudad. El coro Modus Novus amenizó la celebración de un Corpus que, sin duda, pasará a la historia.