«Las prostitutas acosan a los clientes y perjudican nuestros negocios»

Comerciantes y vecinos del barrio del Carmen denuncian el aumento de meretrices y proxenetas incluso a plena luz del día

MARÍA JOSÉ MONTESINOS MJMONTESINOS@LAVERDAD.ESMURCIA.
Esperando clientes a media tarde del sábado. ::                             ISRAEL SÁNCHEZ/                             AGM/
Esperando clientes a media tarde del sábado. :: ISRAEL SÁNCHEZ/ AGM

Un vecino del barrio del Carmen saca a pasear a su perro por la noche y es abordado por dos suramericanas que le ofrecen sus servicios carnales. «No te preocupes por el perro; te lo cuidamos nosotras». Ocurrió el pasado viernes, a las 12 de la noche, en la esquina de la calle Caballero con Floridablanca. Pero no es un caso aislado, sino uno más entre las decenas que se repiten cada semana en el triángulo formado entre las calles Diego Hernández, Floridablanca y Marqués de Corvera. En medio quedan otras calles como Hortelano, Perejil, Santa Úrsula, Álvarez Quintero y Marqués de Ordoño en las que hay varias viviendas alquiladas que se utilizan para ejercer la prostitución, según denuncia Paquita López Comallonga, presidenta de la Asociación de Vecinos Carmelitanos.

La situación no es nueva para los vecinos, que ya hace más de cinco años iniciaron su particular lucha contra la prostitución en el barrio con denuncias ante el Ayuntamiento y la Delegación del Gobierno. Lo cierto es que la presencia de meretrices y proxenetas se ha incrementado en el último año y de ahí que desde que se constituyó formalmente la nueva asociación vecinal se hayan puesto como objetivo intentar eliminar este problema.

Los afectados son tanto los vecinos que residen en las calles citadas como los comerciantes. Los residentes se quejan de los gritos y las peleas que se producen en los pisos, muchas veces en sus propias comunidades de vecinos, de madrugada. Lupe, una de las afectadas, asegura que «hay un trasiego tremendo. No saben hablar en voz baja. Son las dos de la mañana y tienes que asomarte al balcón para pedirles que se callen».

Un comerciante de la calle Floridablanca asegura que «están todo el día, pero por la tarde, quizá porque las calles están más tranquilas, se nota más su presencia». Añade que «el que no las conoce, no las distingue porque no van con minifalda ni ropa explosiva, bolso en mano. Se colocan en las esquinas, van mirando y se insinúan a los hombres. A mí me han venido clientes diciéndome que se les habían insinuado y, la verdad, es que esto no beneficia a ningún comercio. No es que nos molesten directamente, pero así el barrio va cogiendo mala fama y vamos a perder clientela».

Mari Carmen Pellicer, en cambio, es dueña de un taller que ha abierto precisamente en la calle Diego Hernández para reivindicar el derecho a vivir y trabajar en paz: «Me puse aquí porque es la calle donde yo nací y quiero dar ejemplo. Quiero que la gente no tenga miedo y evitar que prostitutas y proxenetas nos desplacen y ocupen nuestro espacio».

La presidenta de la asociación vecinal indica que «esto va en aumento. Cada vez hay más, de más países y más jóvenes. Hay un foco importante en torno a una pensión y tienen la calle dividida en dos trozos: uno para los negros y otro para los moros».

Ayer por la mañana se las podía ver por la calle Diego Hernández y Floridablanca. Si no eres del barrio, no las identificas porque, efectivamente, no van vestidas de modo provocativo, sino con vaqueros y una camiseta. Sí hay una que se apuesta en la esquina con la chilaba. Pero el trasiego comienza a partir de las 10 de la noche y, sobre todo, según los vecinos, durante los fines de semana, que empiezan a las 4 de la tarde.

Vecinos y comerciantes coinciden en señalar que «ésta no es la mejor imagen para nuestro barrio cuando los viajeros se bajan del tren y echan a andar con su maleta por alguna de estas calles».

La indignación es aún mayor para Jesús Párraga, presidente del AMPA del colegio José Loustau: «Las prostitutas están ahí ofreciéndose a los padres en la puerta del colegio». Explica que en aquella zona hay dos colegios: el Herma y el José Loustau, lo que significa que entre 500 y 600 niños pasan a diario por esa zona. «Se acercan a los padres aunque lleven a sus hijos de la mano». También las profesoras y las madres se ven molestadas. «Una profesora salió a la puerta del colegio hace unos días y le preguntaron «¿Cuánto cobras?. Incluso los proxenetas confunden a las madres con prostitutas».

Jesús Párraga añade que «están pegadas a las vallas del colegio haciendo los tratos y trapicheos mientras que los niños están jugando en el recreo. Me parece un descaro total».

Los vecinos aseguran que «si las autoridades hubieran puesto freno cuando se lo solicitamos, hace ya años, estas calles no se habrían convertido en un triángulo de prostitución y tráfico de droga. Así no es de extrañar -dicen con cierta amargura- que el resto de los vecinos no quieran nada del puente para acá».

Los vecinos se han resistido a denunciar públicamente el problema «porque no queríamos darle publicidad negativa a nuestro barrio, pero llega un momento que si no nos hacen caso, tendremos que tomar iniciativas de otro tipo».

Con fecha 2 de octubre de 2006 ya enviaron una carta al alcalde denunciando la situación de inseguridad ciudadana por culpa de las pelea e intervenciones policiales frecuentes y por la presencia de prostitutas en la puerta del colegio Loustau y acompañaron el escrito de varias fotografías. Pedían que se investigara a los propietarios de los edificios que alquilaban pisos de forma ilegal.

Miembros de la Asociación Vecinos Carmelitanos tuvieron una reunión con la concejal de Seguridad, Nuria Fuentes, el pasado mes de enero, en la que le manifestaron cómo había ido aumentando la prostitución en el barrio. También han acudido a la Delegación del Gobierno. Paquita López indica que «no es que no hayan hecho nada. De vez en cuando vienen patrullas tanto de Policía Nacional como de Policía Local y les piden la documentación, pero lo cierto es que las prostitutas y sus chulos siguen aquí y cada vez hay más».