El último paraíso de la Región

El Paisaje Protegido de Cuatro Calas (Águilas) es un espectacular reducto del Mediterráneo virgen con importantes valores naturales, geológicos y etnográficos

La playa de Los Cocedores, en primer término, con el volcán de Punta Parda y el perfil de Cuatro Calas al fondo./
La playa de Los Cocedores, en primer término, con el volcán de Punta Parda y el perfil de Cuatro Calas al fondo.

Mucho más que sol y playa es lo que ofrece el Paisaje Protegido de Cuatro Calas (Calarreona, La Higuerica, La Carolina y Los Cocedores o Cala Cerrada). Lugar de Interés Comunitario por las especies de flora que alberga y espacio de la Red Natura 2000, que protege hasta su litoral sumergido, en un recorrido por este territorio se pueden descubrir también valores etnográficos, aprender de geología y hasta visitar un Lugar de Importancia Geológica de enorme belleza como es el volcán de Punta Parda.

La ruta parte de la playa de Calarreona, una bahía de medio kilómetro de fina arena, donde cualquier día de la semana, desde que el tiempo empieza a ser primaveral hasta que aprieta el otoño, se puede ver a la gente disfrutar de su placidez. Unos jóvenes preparan los aparejos de una embarcación de vela mediana para salir a navegar; un grupo de niños atiende las explicaciones del monitor del Albergue Juvenil de Calarreona antes de iniciarse en el uso de la piragua; y varias familias con niños aprovechan las primeras horas de la mañana para darse un baño de sal, arena y sol. Si va con todo el tiempo del mundo, puede tomarse un café a la misma orilla de la playa y oler la brisa marina antes de iniciar el agradable paseo en un restaurante que también tiene pensión.

Cuando decida echar a andar, hágalo en dirección Oeste, pasando ante el albergue y hacia el cabezo que delimita la playa de Calarreona. Puede subir por una senda que encontrará en la ladera, cerca del deteriorado cartel informativo.

Desde arriba, aprovechen para admirar las vistas. Hacia el Este, se ve toda Calarreona, Punta Tortuga, el Castillo de San Juan de Águilas, la isla del Fraile y, al fondo, Cabo Cope. Al Oeste, asoma a lo lejos la almeriense isla de San Juan de los Terreros y Punta Parda, una porción de tierra levantada por los choques de las placas tectónicas, con su volcán 'invisible' y encarado al mar, pero también se aprecia el perfil del litoral, las calas de La Carolina y Los Cocedores (y la duna fósil que las separa), y la Cama de los Novios, una pequeña isleta situada frente a La Higuerica. Mirando hacia el Sur, su vista se perderá en el agua. Un mar cristalino y limpio, calidad que certifica la abundante presencia de praderas de posidonia en la zona.

Si sigue a lomos del cabezo, cuando se haya cansado de apreciar la belleza natural de este valioso reducto virgen del litoral mediterráneo, se encontrará con un abandonado cuartel de la Guardia Civil (hoy propiedad privada). El trayecto sobre el cabezo es seguro, pues hay instalada una valla de madera para evitar que en un traspié se despeñe por el cantil.

A la altura del cuartel, el itinerario, zigzagueante, desciende hacia la playa de La Higuerica. Enseguida vuelve a pisar fina arena y ya desde ahí, puede empezar a disfrutar de los erosionados acantilados, en los que el viento y el mar han forjado curiosas 'edificaciones', extraños relieves y atractivos cuadros. Cuando atraviese las zonas más rocosas y deje de pisar las playas, podrá encontrarse fácilmente con atentas liebres, precipitadas lagartijas colirrojas recargándose al sol, delicadas flores adaptadas a las condiciones extremas del terreno como las blancas jarillas y los cantuesos lilas, y entre las especies espinosas los cornudos e hirsutos frutos del cornical y las punzantes ramas del cambrón. Ni qué decir del esparto, una especie que ha dado de comer a la zona durante generaciones y que también ha dejado su huella junto al mar. En los cocedores que las bahías de Cuatro Calas comparten, unas balsas construidas por el hombre para manufacturar el esparto. O en las casas 'trogloditas', las escaleras, los caminos y rampas labradas en las dunas fósiles de la zona, un terreno de conchas de animales marinos atrapados en fina arena petrificada.

Antes de bajar de nuevo a la arena, esta vez en La Carolina, deténgase a contemplar el espectacular paisaje: el contraste del amarillo de las paredes de las dos últimas calas y los profundos azules del mar, los caprichosos dibujos que la naturaleza ha dejado sobre las arenosas paredes para que los disfrutemos. Descálcese y camine por la cálida y fina arena; pasee por la orilla, sienta el fresco oleaje y vea de cerca las piscinas en las que hasta hace unas décadas se ameraba el esparto.

A la espalda de La Carolina, se encuentra la de Los Cocedores, un pequeño paso que te transporta a otro continente. Esta calita, también llamada Cala Cerrada -está protegida por el saliente de la volcánica Punta Parda y otra pared bella pared de arenisca en el extremo opuesto- es una piscina natural. Las paredes, fáciles de labrar, han servido para dar refugio a pescadores y trabajadores del esparto desde que el hombre ejercía estas actividades. 'Casas cuevas de verano' que para demérito de nuestra especie, hemos convertido en pocas décadas en vertederos, en lugar de mantenerlas limpias y aprovecharlas para protegernos del sol, por ejemplo. Los Cocedores marca el límite de provincia. Es el confín de Murcia y el comienzo de Almería (Pulpí, para más señas), una tierra poblada desde los primeros europeos y que ha podido mantener una valiosa identidad. Un maravilloso paisaje que invita a dejar volar la imaginación y te transporta a tierras lejanas. Su playa es ideal para bañarse con niños, apenas hay oleaje y tiene una amplia orilla, así como un par de pequeñas 'piscinas cocedores'.

Investigue por los extremos de las calas, suba a la Punta Parda y corone el collado que emerge al otro lado de Los Cocedores, si cuando visite la zona la marea no está lo suficientemente baja para hacer transitable la plataforma litoral que la rodea. Pero sobre todo concédase el placer de disfrutar de un estimulante baño; no tenga prisa, a cada nueva arista superada puede encontrar su propio edén. Gócelo y déjelo mejor que lo encontró para que otros puedan seguir respetando el último paraíso de la Región.

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