Los Urrutias, rincón de la calma

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA
Bañistas plácidamente en una playa de Los Urrutias en una imagen de archivo. ::                             LA VERDAD/
Bañistas plácidamente en una playa de Los Urrutias en una imagen de archivo. :: LA VERDAD

Urrutia es apellido vasco y en el idioma euskera significa la lejanía o el lugar apartado. Nada más lejos de la realidad porque nuestros Urrutias los tenemos muy cerca. Cuando pensamos en ese núcleo poblacional nos viene a la mente la imagen recortada de El Carmolí en el azul del cielo, un volcán cercano al Mar Menor. A otros se les va el pensamiento tras el exquisito caldero que elabora el restaurante Ruf-Mari. Tal vez alguien recuerda que su hijo ha pasado unos días de convivencia en el Aula de la Naturaleza del Centro de Profesores y Recursos de Cartagena-La Unión (CPR), perteneciente a la Consejería de Educación. Desde 1988 llevan organizando rutas científicas y campamentos de verano para los escolares de la región pues ocurre que desconocemos la geografía inmediata, lo nuestro próximo. A ver si las nuevas generaciones son más sensibles con la laguna salada y su problemática medioambiental, que no es chica. Otro campamento existe por aquellos lugares como es el que gestiona Cáritas para los más desfavorecidos, solidaridad a la orilla del mar. Pero muy pocos saben que una de las últimas obras del afamado arquitecto Víctor Beltrí se edificó en esta localidad en 1935, el Hotelito Azul, la modernidad del art decó.

El año pasado recibí la invitación de Juan Martínez, el presidente de la asociación de vecinos de Los Urrutias, para ejercer de pregonero de las fiestas de aquel antiguo pueblo de pescadores, que se resiste a quedar reducido a una urbanización de playa. Esta comunidad local está abierta todo el año y ha sido punto de encuentro entre murcianos 'barrigas verdes' y cartageneros 'aladroques', algareños y gentes de cualquier lugar que buscan descanso, paz y diversión. No han faltado en sus festejos los bailes, sardinadas, concurso de pintura al aire libre, trovos o flamenco y hasta un año se corrieron cintas a caballo en la arena, lástima que no tenga continuidad este festejo medieval.

Quise saber de Los Urrutias y el presidente preparó una reunión en el bar restaurante Valentín, allí estaba la familia anfitriona con Josefa Heredia al frente, abuela de dicha familia y del pueblo, un representante de los pescadores y Milagros, perteneciente a las dos asociaciones: la de vecinos y la de mujeres. Por Josefa conocí que la denominación del lugar se debe, efectivamente, al apellido Urrutia, unos militares vascos que según se contaba vinieron huyendo, quizá de las guerras carlistas, para afincarse en el pequeño palacete de Villa Dolores. Una pena que se demoliese tan singular edificio, perdiéndose una pieza importante de nuestro patrimonio, una construcción que prestaba personalidad al lugar. En 1893 Valentín Heredia, padre de Josefa, abre una posada, iniciando así una aventura empresarial que alcanza ya la tercera generación. En la puerta de aquel establecimiento los mineros de La Unión cantaban con sus guitarras para liberarse de la mina angustiosa. Desde que se reconocen como pueblo festejan a la Virgen del Carmen con procesión marítima y se dice que el rey Alfonso XIII regaló el cáliz de su iglesia. En aquella charla con algunos vecinos supe de Los Meños, una familia pescadora que llegó a contar con seis barcos y unos veinte hombres por tripulación. Y a la orilla de la mar, en una Manga otrora despoblada, o en la isla del Barón o de la Perdiguera preparaban un caldero con tomates, cebolla, pescado y chorizo. Cualquier ingrediente le echaban, siempre que estuviera bueno. Llegaron con sus pesqueras hasta Melilla.

Se charló de la cuadrilla de Navidad: «A esta puerta hemos venío / cuatrocientos en cuadrilla» Cuadrilla urrutiense perdida hace cuarenta años en el bosque del pasado. Hay cosas que se pierden pero vienen otras. Los Urrutias tienen su pasodoble en la voz de Manolo, un gitano de La Unión que vende 'iguales', letra del presidente vecinal y música de Juan Luis Borja. Cuenta con una cabalgata de Reyes Magos que visita desde hace 17 años a los niños urrutienses y un bonito belén parroquial premiado por la asociación belenista. Hasta este rincón de tranquilidad vienen en esas fechas las cuadrillas de Tallante y Molinos Marfagones. Por tener tienen el llamado Castillo del Miedo, una torre vigía, dicen que mora y un encantador cine de verano en Punta Brava con buenas 'pelis'. Pero destaco de entre las actividades de la asociación vecinal el llamado «café y cartas» pues mientras se juega a los naipes, al ping-pong, dominó o simplemente se conversa, ciudadanos ingleses, belgas, holandeses y españoles se enseñan idiomas unos a otros. Somos Europa.

Los propios vecinos han tenido que limpiar en más de una ocasión la playa, por ello desean una bandera azul para Los Urrutias, señal de que la Administración termina de ponerse las pilas.