La capilla del Cristo de la Misericordia deberá ser apuntalada por la rotura de tres de sus arcos

La ermita mayor de El Calvario, en pleno proceso de declaración de BIC, sufre también daños en su camarín rococó que data del siglo XVIII

A. S. LORCA.
La santera Antonia Mateo señala las grietas del camarín del Cristo de la Misericordia. ::
 SONIA M. LARIO / AGM/
La santera Antonia Mateo señala las grietas del camarín del Cristo de la Misericordia. :: SONIA M. LARIO / AGM

Los daños del terremoto también han alcanzado al conjunto de ermitas del Calvario, uno de los más singulares de la Región, tanto por su antigüedad, como por su configuración. La más dañada es la ermita mayor, en la que se custodia al Cristo de la Misericordia. Presenta importantes grietas que se han abierto aún más en los últimos días con las constantes réplicas. Tres de sus arcos se han fracturado y algunas de las bóvedas están hundidas. Se espera que en los próximos días el monumento, cuyo pórtico data de 1708-1713, con columnas de piedra y techumbre de madera, sea apuntalado, según explicó ayer a 'La Verdad' el párroco del Carmen, Luis Gomáriz, quien señaló que «la capilla mayor es la que está en peores condiciones. Necesita de una urgente actuación para evitar que los daños vayan a más».

Las columnas de piedra de la entrada se han desplazado en sus juntas, aunque la parte más deteriorada es la del camarín, con decoración rococó del último tercio del siglo XVIII. También el pavimento cerámico valenciano de 1772 presenta algunas roturas, por la caída de fragmentos desde la parte más alta de la techumbre.

La ermita mayor fue remodelada hace algunos años, como el resto del conjunto, por parte de la Escuela Taller. Las obras incluyeron la recuperación integral de todo El Calvario, con la plantación de palmeras y olivos traídos expresamente desde Tierra Santa. El lugar es cuidado por dos santeras, Antonia y Victoria Mateo Manzanera, que en los últimos días se han encargado de retirar todos los escombros para permitir la apertura de la ermita para la celebración de las comuniones que debían llevarse a cabo en la iglesia del Carmen.

«Se han celebrado en el exterior de la ermita porque está en muy malas condiciones y no se permite la entrada a ella, sólo se abre la puerta para que se vea desde el exterior», explicó Antonia Mateo. Ella fue la primera en entrar a su interior. «No se podía andar, había grandes pedazos del techo en el suelo. Pasé mucho miedo, porque estaba muy reciente el terremoto».

La conocida como 'santera' por los que acuden a El Calvario explicó que «en los últimos días las grietas se han ido abriendo. También hemos observado que el techo ha ido bajando poco a poco». En algunas zonas son visibles los hundimientos, como también las fracturas en los arcos. «Los técnicos que la han visitado han dicho que no se abra, que está seriamente dañada. Nosotros lo que queremos es que se recupere, porque es un lugar muy querido por todos», añadió.

La casa donde vivían, junto a la ermita mayor también ha sufrido importantes daños. Las paredes se han agrietado y la escalera está casi haciendo equilibrios. En el suelo de la entrada principal se puede ver una gran cruz roja, que indica que su estado es preocupante. «Nos hemos tenido que ir de ella, ya que no está para vivir en estos momentos».

El conjunto de El Calvario está inmerso en el procedimiento para catalogarlo como Bien de Interés Cultural, Bic, en la categoría de interés etnográfico.