Neuronas en espejo, emociones y alzhéimer

CARMEN ANTÚNEZ ALMAGRO

Algunos mamíferos, entre los que están los humanos, los bonobos, los delfines y los elefantes, tienen un grupo de neuronas llamadas 'neuronas en espejo', responsables de que seamos capaces de ponernos en el lugar emocional del otro; es decir, que tengamos 'empatía'. Esto es muy útil en las relaciones sociales, y casi diría que, imprescindible para construir sociedades solidarias en las que «las personas piensan en otras personas».

En nuestro cerebro, las emociones ocupan una parte muy destacada; de hecho, grabamos en la memoria a través de ellas. Si un acontecimiento nos ha impactado emocionalmente, lo recordaremos mejor que otro que nos haya hecho menos mella.

Conocemos poco sobre las emociones en personas mayores, y menos aún en personas con alzhéimer. Es todo un mundo por descubrir e investigar. Como decía Lee Strasberg en Un sueño de pasión, «sólo uno es capaz de hacer algo, si puede controlar sus deseos, su imaginación, su atención y su energía». Es poco lo que hemos aprendido acerca de ello en nuestra cultura, pero, sin duda, el conocimiento de cómo el cerebro procesa e integra las emociones nos dará claves para el tratamiento social de las personas con alzhéimer. En definitiva, cuando hablamos de mantener las actividades de la vida diaria y aumentar la calidad de vida, hablamos, en parte, de emociones, de mantener relaciones, de expresarnos con varios lenguajes, no sólo el de las palabras.

'Bill Viola' es un video actor americano, que, entre sus muchas y buenas cualidades, tiene una que es la búsqueda de la espiritualidad. Difícil tarea. Es posible que el teatro tenga también algo de esa búsqueda.

Tras años de trabajo con personas con alzhéimer, encuentro en muchas de ellas, desprendidas ya de algunos recuerdos, considerable dosis de espiritualidad, entendida en el sentido amplio de serenidad de espíritu y disfrute del momento.

En esa ocasión, ha sido el teatro, con los actores americanos Henriette y Jhon Malpele, y Diego Montesinos, con sus alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático, los que han actuado de vehículo para este trabajo de «expresión de emociones sin palabras» en nuestros pacientes.

Constatamos en las pruebas de identificación de diferentes emociones en caras, previas al taller, que las emociones que no identifican bien los pacientes son la tristeza y la ira. Además, tras el trabajo de dos semanas con los alumnos de la Escuela de Arte Dramático en el CENDEAC, tampoco lo hacen. ¿Quiere esto decir que nuestro cerebro olvida o quiere olvidar las emociones negativas? Al menos en esta ocasión es así. Las investigaciones lo dirán. También, cuando podamos realizarlas, las pruebas de neuroimagen es probable que lo confirmen.

Es este el cuarto taller de los que se enmarcan en el proyecto de Arte y Cultura como terapia para las personas con Alzheimer. Estamos convencidos que esta línea de trabajo aporta ciencia y valores a la sociedad e invita a la reflexión en muchos sentidos; entre otros, que toda la sociedad tiene que implicarse y colaborar en el tratamiento de los pacientes y sus familias.

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