«No nos interesa la educación»

El autor de 'La recuperación de la autoridad' tiene mañana dos citas con alumnos y con padres, en la UMU y Molina de Segura José Antonio Marina Filósofo

GONTZAL DÍEZMURCIA.
Un gesto del filósofo y escritor José Antonio Marina, incansable agitador social que pide a los ciudadanos que tomen «una postura beligerante» . ::                             JOSÉ LUIS TORIJA/
Un gesto del filósofo y escritor José Antonio Marina, incansable agitador social que pide a los ciudadanos que tomen «una postura beligerante» . :: JOSÉ LUIS TORIJA

Un hombre siempre alerta. Acude hoy el inventor de berzas, pensador y catedrático de Filosofía José Antonio Marina a Murcia a impartir dos conferencias de divulgación científica, organizadas por la Fundación de Estudios Médicos de Molina de Segura. El autor de 'Dictamen sobre Dios', 'Las arquitecturas del deseo', 'La pasión del poder' o 'La recuperación de la autoridad' ha creado una Universidad de Padres online (www.universidaddepadres.es). Mermelada & White es el nombre de la peculiar agencia de detectives filosóficos y culturales que dirige José Antonio Marina. Un agitador incansable.

- ¿Por qué la educación parece la eterna asignatura pendiente de este país?

- Porque es una eterna asignatura pendiente. El problema educativo no se resuelve porque no queremos resolverlo.

- ¿Así de fácil y también así de complicado?

- No se trata de cuestión de dinero porque eso siempre sería un límite, aunque sería estupendo que dedicáramos un punto y medio más del PIB a educación, sobre todo a la educación universitaria, que es donde estamos más descolgados; con el dinero que tenemos, una buena gestión e implicando a todos los agentes sociales, el asunto tiene solución. Lo que pasa es que la educación no interesa a nadie y aunque todo el mundo afirma que es muy importante nos acordamos de ella lo mismo que de santa Bárbara. En todas las encuestas del CIS sobre qué preocupa a los españoles, la educación no aparece nunca.

- Es más, los políticos aparecen como tercer problema.

- Evidente. Hay que decir las cosas claras: no nos interesa arreglar la educación. Los ciudadanos, incluidos los políticos, no acaban de creerse que la riqueza de las naciones pasa por la educación y el talento. O nos lo tomamos en serio o acabaremos como proveedores de mano de obra barata, de sol y de pinchitos.

- No parece un futuro especialmente halagüeño.

- Pues va a ser que no.

- ¿Por dónde comenzar?

-Saliéndonos del circulo de las excusas que consiste en decir y repetir que son los otros quienes tienen que arreglarlo. Todos nos tenemos que hacer la misma pregunta: ¿Yo qué tengo que hacer para arreglar este asunto?

- ¿Yo qué tengo que hacer?

- Como periodista un montón de cosas; pero también como vecino y como padre. Es necesario elaborar una carta de los Deberes Educativos de la Ciudadanía porque todos, queramos o no queramos, somos educadores. No se trata de decir a las televisiones: ¡a ver si ustedes educan! sino decirles: ustedes está educando muy mal y si siguen así se las van a ver conmigo. Se trata de crear un ambiente responsable y combativo en el que cada uno sepa qué no esta haciendo el otro y que no está haciendo uno mismo. Una vez que señalemos con claridad los deberes podemos comenzar a saber qué tenemos que hacer. Los padres tienen una obligación educativa primaria y allí se encuentra el deber de colaborar activamente con la escuela; la escuela tiene una obligación también primaria con el deber de colaborar con los padres.

- Sin embargo, hay una especie de brecha entre familia y colegio.

- Existe una fractura porque nos acostumbramos a todo, pero eso es un contradiós. Tenemos que implicarnos y tomárnoslo en serio; incluso tenemos que pasar lista y ver quién se está escapando y quien no esté que se atenga a las consecuencias. Hay que tomar una postura beligerante desde la educación. Todos somos, o debemos ser, activistas educativos.

- Usted señala además como uno de los culpables de la situación actual a la pérdida de autoridad de padres y educadores.

- Yo soy catedrático de Bachillerato y no estoy en las nubes. Yo me considero un defensor de los adolescentes que son incomodísimos pero son lo que los adultos estamos haciendo que sean. Demonizar a los adolescentes, que parece que se mueven entre la gamberrada y la delincuencia, es un error. Nosotros les lanzamos a esa imagen a la que acabaran por parecerse.

- Uno de sus últimos proyectos es 'Universidad de Padres' on line, ¿qué tal funciona?

-A punto de morir de éxito. Era una necesitad que todo el mundo sentía pero que no sabía como satisfacerla. Creo que sinceramente no hay nada parecido en ningún otro país a los programas que hemos elaborado. El mes que viene comienza de nuevo la matriculación y estamos contentísimos de cómo va desarrollandose.

- «Cuando su niño cumpla 13 años deje de preocuparse por sus notas, preocúpese por las de sus amigos», asegura usted.

- La acción educativa de los padres va perdiendo eficacia según el niño crece y en la entrada en Secundaria el protagonismo del grupo es tan fuerte que es quien influye verdaderamente en el adolescente. Los chicos y las chicas no hablan ni visten ni creen en las mismas cosas que sus padres; o hacemos una verdadera pedagogía de los grupos o nos resignamos a no tener ni idea de lo que les ocurre. En el último ciclo de Primaria se despilfarra educativamente de puro buenos que son los alumnos y ese es el momento en el que debemos ayudarles a resolver ciertos problemas que en Secundaria ya tienen peor arreglo. Por eso desde la Universidad de Padres ofrecemos consejos muy ajustados a la realidad del niño o de la niña.

- ¿La libertad se aprende?

- No nacemos libres sino radicalmente dependientes. Uno de los procesos de la educación, desde el punto de vista psicológico y también educativo, es aprender a controlar el comportamiento, a planificar, a realizar proyectos, a relacionarme con los demás y liberarme de los miedos.

- «Convertir la Universidad en una empresa es mucho más peligroso para Europa que el fundamentalismo islámico», asegura el filósofo Slavoj ÅiÅek. ¿Qué le parece?

- Depende qué se entienda por empresa. Las universidades tienen una función formadora, que realmente la puede hacer cualquiera; y otro asunto es que si en las universidades se tiene que dar sólo una formación científica o técnica o se debe educar a las clases dirigentes de un país con una clara idea ética de hacia dónde vamos. Y eso es algo que no lo están haciendo ahora ni las universidades públicas ni las privadas ni las técnicas ni las empresariales. Yo he colaborado con el Instituto Tecnológico de Monterrey, en México, que es una gran institución docente, porque estaban asustados ante el tipo de personas que estaban educando: grandes profesionales y auténticos tiburones empresariales.; necesitan una educación ética para recordarles su responsabilidad social. Además las universidades deben tener una cierta vigilancia porque si concedes un título para ejercer la medicina es necesario que alguien verifique ese certificado. En Estados Unidos esa vigilancia recae en los colegios profesionales y en Europa en el Estado y yo no veo razones para cambiarlo. Lo que está claro es que la universidad no sólo puede ser una empresa que vende títulos como otros comercian con zapatillas.

- Lo le da la impresión que somos cada vez ciudadanos más cabreados, pero menos críticos.

- Sin duda. Una de las razones es porque, por ejemplo en política, estamos muy ideologizado donde lo 'bueno es lo mío' y no existen más opciones porque el otro solo dice tonterías o brutalidades. Lo valiente y costoso del pensamiento crítico es saber que en ocasiones el otro también tiene razón. Todo esto ocurre, entre otras cosas y eso también nos lo dicen las encuestas, porque estamos perdiendo la capacidad de entender razonamientos y argumentos ya no complejos sino un poquito largos con lo cual tomamos decisiones apoyadas en mensajes breves que provienen de las consignas, los 'clips' publicitarios y los exabruptos.

- ¿Aprenderemos finalmente algo de esta crisis?

- No. Cuando comenzó la crisis, que es financiera y no económica, se hablaba de un mal funcionamiento del sistema e incluso Sarkozy dijo que había que reformar el sistema capitalista. Todas esas palabras han pasado a la historia. Ahora se ha salido de la crisis, menos en España, mucho antes de lo previsto y se comienzan a ver las ventajas que ha tenido la crisis que ha permitido que desaparezcan empresas poco eficientes; se está aplicando una especie de 'darwinismo económico' en el que los millones de parados son un efecto colateral 'desagradable'. Ahora asistimos al resurgimiento de nuevos 'napoleones' capaces de decir lo mismo que dijo Napoleón ante el desastre y la carnicería la Batalla de Austerlitz , cuando aseguró aquello de 'esto lo arregla una noche de amor en París'. No, por desgracia no hemos aprendido nada de esta crisis. Se ha regresado al mismo sistema reforzado bajo la premisa de que el capitalismo salvaje es muy eficiente para crear riqueza si cuando entra en crisis los Estados acuden en su ayuda y lo rescatan y volvemos a recomenzar de nuevo.

- ¿Es optimista, queda en estos tiempos algún resquicio para el optimismo?

- Queda la educación. He comenzado un blog educativo (http://lanuevafrontera.aprender a pensar) para intentar explicar qué tipo de educación necesitamos y qué tipo de educación es posible. La educación hasta ahora era una mera correa de transmisión de los valores sociales admitidos, pero eso servía para sociedades estáticas y homogéneas; ahora vivimos un tiempo veloz y heterogéneas, no sabemos qué queremos transmitir y corremos en riesgo de difundir lo que el mercado ponga de moda, que puede ser cualquier brutalidad. La educación debe ser ahora un filtro de aquello que queremos comunicar y eso supone una postura mucho más activa; los educadores, todos, debemos convertirnos en profesionales de élite con mucho mayor protagonismo social.

- ¿Qué le deja todavía perplejo?

-La estupidez humana. ¡Si somos tan listos, cómo podemos equivocarnos tanto! Eso me deja absolutamente patidifuso.