El golfo de los cuentos germánicos

Richard Strauss dedicó un delicioso poema sinfónico a describir las aventuras del legendario Till Eulenspiegel, un bufón rebelde y aventurero

ANTONIO DÍAZ BAUTISTA

Desde la Edad Media circulan por Centroeuropa y los Países Bajos los cuentecillos de Till Eulenspiegel, un legendario bufón aventurero, lejano pariente de nuestros pícaros del Siglo de Oro y del Jaimito de los chistes verdes.

La leyenda -inspirada en un personaje real que vivió en el siglo XIV, participó en las revueltas campesinas y murió de la peste- lo presenta como un golfo, amante de la diversión, irreverente y siempre dispuesto a hacer burla de los demás. Por ejemplo, se cuenta que engañó a un malvado ogro, muy avaro, ofreciéndole una bolsa llena de oro, a cambio de que le dejase darle tres patadas en el trasero. El monstruoso personaje, cegado por la avaricia, accedió, recibiendo dos fuertes puntapiés en el sitio. entonces le dijo Eulenspiegel que ya volvería otro día a darle el tercero, dejándolo dolorido, humillado y sin el oro.

En los Países Bajos acentuaron su faceta revolucionaria y -trasladándolo dos siglos después- lo tuvieron por un paladín de la libertad frente a la dominación española. No es raro encontrar, en Alemania o Austria, restaurantes con su nombre. Recuerdo uno en Salzburgo, casi enfrente de la casa natal de Mozart, donde he comido algunas veces.

Sobre este personaje se han escrito bastantes libros, y Richard Strauss lo tomó, en 1895, como motivo para un delicioso poema sinfónico: 'Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel' op.28 (Till Eulenspiegels lustige Streiche). Aunque se inició en la tradición romántica, el muniqués Richard Strauss se inclinó pronto por la música 'programática' o 'descriptiva', que no busca tanto emocionar al oyente, sino relatar historias y describir paisajes mediante los sonidos. Para ello contaba con su extraordinario dominio de los recursos orquestales, pues fue uno de los directores más célebres de la Historia. Pero, siendo la Música un arte abstracto por naturaleza, se comprenden mucho mejor estas obras cuando se conocen las indicaciones suministradas por el propio compositor. Según el autor, esta divertida partitura se inicia con una frase musical que representa el «Érase una vez...» de los cuentos, e, inmediatamente, exponen las trompas el tema que identifica al descarado protagonista rebelde y que se repetirá a lo largo de toda la composición. Las gamberradas del personaje se van sucediendo. Cabalga en medio de un mercado, derribando los puestos y espantando al público, huye y se refugia en una cueva, predica a las gentes, disfrazado de clérigo, corteja a una joven, que rechaza su proposición de matrimonio, haciéndole montar en cólera, discute tesis absurdas con unos profesores pedantes y finalmente es detenido, juzgado y condenado a la horca por sus fechorías. Entonces regresa la melodía al tema inicial, que ahora es el tradicional «colorín colorado».

Es bien conocido que el director rumano Celibidache, a quien tuvimos la suerte de ver en directo, en la inolvidable inauguración del Auditorio murciano, se negaba en redondo a realizar grabaciones. Sin embargo, aparecieron tantos registros 'piratas' después de su muerte, que los herederos acabaron por autorizar su comercialización a las firmas discográficas, destinando, al parecer los rendimientos a fines benéficos.

De grabaciones clandestinas realizadas en los años 1970 y 1971 procede este compacto de la Deutsche Grammophon, que reúne los dos poemas sinfónicos más amenos del autor, 'Till Eulenspiegel' y 'Don Juan', en donde el comedido y ordenado Strauss rinde homenaje a dos míticos sinvergüenzas, germano el uno y latino el otro. Como siempre, el heterodoxo y genial Celibidache logra emocionar, incluso con una música brillante y colorista, pero deliberadamente poco estremecedora.

Se completa el disco con la 'Sinfonía nº 9' de Shostakóvich, estrenada en 1945, una obra más delicada y sutil que sus otras sinfonías, épicas y grandiosas.