¿Qué hacemos con la posidonia?

Ayuntamientos, vecinos y ecologistas debaten si hay que quitar las matas de las playas para Semana Santa

JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ JAGONZALEZ@LAVERDAD.ESCARTAGENA.
Alfombra vegetal. Arribazones de posidonia en la playa del Pedrucho, en la vertiente mediterránea de la zona norte de La Manga (San Javier), el miércoles. ::                             ANTONIO GIL / AGM/
Alfombra vegetal. Arribazones de posidonia en la playa del Pedrucho, en la vertiente mediterránea de la zona norte de La Manga (San Javier), el miércoles. :: ANTONIO GIL / AGM

El arrastre de matas de posidonia a las playas de La Manga por efecto del reciente temporal de viento y lluvia ha vuelto a poner en primer plano, a un mes para las vacaciones de Semana Santa, la falta de una solución que combine los intereses turísticos y urbanísticos, la conservación de los arenales y la protección de las infraestructuras frente a los embates del mar.

Vecinos, propietarios de viviendas y empresarios (responsables de hoteles, restaurantes o comercios), en su mayoría del área que pertenece al municipio de San Javier, se quejan de que la acumulación de plantas muertas en la vertiente mediterránea afecta a la imagen de la zona y suponen una molestia para los primeros bañistas del año. Y la asociación ecologista Anse insiste en que es necesario que las tres administraciones públicas alcancen de una vez un pacto que aborde la situación desde varias perspectivas. Pero los ayuntamientos con territorio en La Manga -San Javier y Cartagena-, la Comunidad Autónoma y el Gobierno central siguen enredados en la maraña de competencias, se pasan la pelota y acaban actuando por separado.

Las playas del Pedruchillo o del Pudrimel ilustran a la perfección estos días el polémico panorama. Las olas han llevado a la orilla kilos y kilos de restos de posidonia oceánica, que cubren como una alfombra las tiras de arena que quedan entre el agua y los edificios. Y aunque cada vez más hay más conciencia sobre el papel de esta planta marina (no alga) como hábitat de más de mil especies y barrera de protección de todo el litoral de La Manga, su presencia en forma de montañas de arribazones es vista aún sólo como un problema para la actividad humana y no como un valor.

Así, al menos, lo advierte el geógrafo y director de Anse Pedro García: «No es sólo que las matas muertas cumplan un papel muy importante al evitar la regresión de la línea de costa y contribuir a la regeneración de los arenales. Es que cuando las olas golpean contra los arribazones, los apelmaza y eso evita que el agua llegue hasta el paseo marítimo y los edificios y, en consecuencia, los erosione. Imaginemos el inmenso coste que supondría tener que reparar todo lo que el mar va deteriorando. La posidonia es un gran valor económico para La Manga».

Como ejemplo de destrucción, García recuerda que hace unos años muy cerca de Monte Blanco -el límite entre Cartagena y San Javier-, un temporal llegó a echar abajo muros de contención de dos metros de alto y varios de cimentación, y erosionó terrazas de varias viviendas unifamiliares.

El concejal de Medio Ambiente de San Javier, José Espinosa, dice que mantener la posidonia en las playas hasta finales de junio como se hizo el año pasado genera un grave perjuicio para la imagen turística del municipio, y un sinfín de inconvenientes para el Ayuntamiento porque desde marzo empieza a recibir «decenas de quejas por el mal olor».

«Dejar los arribazones en las playas hasta el verano podría tener sentido cuando determinadas zonas recibían aportes de sedimentos y eso mantenía los arenales. Pero es que en algunas zonas hemos perdido metros de playa. Además, es que ahora hay una presión urbanística sobre determinadas zonas y eso exige tener arena», dice Espinosa.

La solución que plantea el concejal dista mucho, en todo caso, del planteamiento de los naturalistas. Espinosa considera que la opción de trasladar en camiones la posidonia a zonas no urbanizadas del norte de La Manga en verano es tan cara -500.000 euros en el año 2005 y 200.000 euros en 2010- como provisional. Lo mismo le parece la política del Ayuntamiento de Cartagena de arrojar las plantas a vertederos. Y ve «una locura» y un «fallo garrafal» arrojar las matas al mar desde esta última área (una idea que atribuye a Anse con el beneplácito de la Demarcación de Costas del Estado en Murcia), porque luego las olas las devuelven a la orilla.

Así que una de sus propuestas es retirar todo el material vegetal, cribarlo para separar la arena de las hojas muertas y vender éstas a ganaderos y dueños de hípicas como «cama» para los animales. Espinosa advirtió de que el equipo de gobierno de San Javier, del PSOE ya ha contactado con empresas para abordar este plan, si bien pide la ayuda de Costas y de la Comunidad Autónoma porque a su juicio «el Ayuntamiento no puede afrontar solo un problema tan complejo y costoso».

Desde Anse, Pedro García responde que su colectivo no sólo jamás propuso arrojar al mar los arribazones, sino que fue una iniciativa masiva del Ayuntamiento de San Javier que detuvo Costas. Añadió que la regresión de los arenales no puede servir como excusa para quitar la posidonia sino todo lo contrario, ya que dejarla lo que ayuda es precisamente a la regeneración. Como ejemplo de recuperación, cita un arenal cercano al famoso edificio que lleva casi cuatro décadas sin construir junto al Hotel Doblemar y el parque de bomberos.

García recuerda que Anse ha planteado un plan de gestión integral que incluye tres medidas, de aplicación progresiva. Ésta son establecer un plan de gestión y manejo de la posidonia, declarar una moratoria urbanística en la zona norte de La Manga para que no se edifique más y que las tres administraciones financien un plan de compra de parcelas urbanizables y viviendas para demoler éstas, por supuesto con indemnizaciones para los dueños.

Comprar arenales y edificios

Sobre la cuestión más perentoria, ya en 2005 propuso a la Dirección de Costas que las hojas muertas de posidonia se trasladaran a aquellas zonas con menor densidad urbanística y, tras un proceso de secado y tratamiento previo, se mezclaran con arena. La idea es que eso permite la revegetación posterior mediante flora autóctona de los arenales costeros, con el fin de fijar las arenas y comprobar su eficacia como freno a la regresión en algunos tramos.

Anse acepta quitar las matas en aquellas zonas de mayor densidad de población y mayores molestias para el baño, y plantea que parte del material vuelva a depositarse en la arena fuera de la temporada de baño para contener los temporales. Pero se opone de manera frontal a la retirada sistemática, y por boca de Pedro García hace una reflexión inversa a la del concejal de San Javier.

«El problema no es que la posidonia sea un obstáculo por la presión urbanística. El problema es que hay zonas en las que nunca se debió permitir la construcción de viviendas, y que si bien el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis han frenado a los constructores, el Plan General de San Javier prevé que se edifiquen aún más bloques de pisos», dice el director del grupo ecologista.