«Vivimos en una gran mentira»

Juan Ballester expone 'Panorama humano' en Espacio Molinos del Río-Caballerizas

GONTZAL DÍEZ ,MURCIA
«Vivimos en una gran mentira»

'Panorama humano' es la propuesta de Juan Ballester (Murcia, 1952) en Espacio Molinos del Río-Caballerizas. 'Panorama humano. Fotografías 1972-2010' es una mirada directa a los ciudadanos, a la sorpresa de lo cotidiano, a la 'fauna' más próxima, a las gentes con las que uno se cruza y en ocasiones no ve. La cámara de Ballester se detiene en rostros y actitudes, en gestos y semblantes. Más de medio centenar de instantes. Allí están, en blanco y negro, sus amigos: Eloy Sánchez Rosillo, Soren Peñalver, Tomás Segovia, Pedro Serna…; allí está la Murcia de los 70 y Ramón Gaya en el metro de París y los rostros de los inmigrantes como Kamara, que todas las mañanas busca trabajo en la gasolinera de Detrás del Rollo. Asegura Juan Ballester que esa exposición es «un autorretrato» y rechaza la palabra 'artista' y la palabra 'arte' para él y la fotografía (las suyas y las de los demás). Tampoco le gusta la palabra 'propuesta' («es muy moderna») para hablar de esta «colección» de miradas.

«¿Qué hago yo aquí?, yo no soy artista ni fotógrafo», subraya. Dice Ballester que ha recuperado la fe en la fotografía («en la foto revelada, en el resultado»), que se resquebrajó tras el 'boom' digital. «Yo me he pasado la vida tomando imágenes, haciendo reproducciones e intentando fijar la realidad; pero eso no tiene nada que ver con el arte. Hemos llegado a tal punto de confusión con eso del arte que hemos perdido el sentimiento pictórico. La imagen, desde que se implantó en el siglo XIX, ha hecho muchísimo daño en la capacidad del ser humano para convivir con la realidad porque la realidad es un sentimiento al que siempre se ha llegado, no queda otro camino, a través de otros sentimientos como el pictórico, el poético y el musical…, todo lo demás es absolutamente superfluo». «Vivimos en un mundo de superficialidad tremendo. Todo son performances, y ocurrencias, como decía Ramón Gaya, que llevan más de cien años sin evolucionar porque no son más que callejones sin salida», subraya.

- Si la fotografía no es un arte, ¿qué es?

- Una técnica, lo que no es poco. ¿Cómo se puede comparar una obra de Miguel Ángel a una fotografía?. La fotografía es una técnica que requiere unas capacidades específicas, lo mismo que ser funambulista, domador de leones o ebanista. Existe una perversión en la percepción de lo artístico y la fotografía es culpable de ese malentendido. El vacío de hoy es tremendo y tan grave como cualquier explosión nuclear. El sentimiento pictórico es la base de la humanidad. Tengo cierta esperanza en que esta crisis se lleve todo por delante y volvamos a lo esencial.

- ¿Porqué fotografiar?

Quizá por morbo, por necesidad de perpetuar algunas cosas que creo que merecen la pena. Yo realizo fotos como un acompañamiento de mi mirada, nunca por un impulso estético porque siempre he huido de lo estético. Lo más vivo del ser humano naufraga si se queda solo en lo estético. Revisar los negativos para esta exposición, más de 30.000, ha sido una experiencia muy curiosa porque me he dado cuenta que lo que une estas imágenes es todas son mi autorretrato. Allí no están esos personajes porque nadie puede estar en una diez millonésima de segundo; allí está la huella de la mirada de Juan Ballester; de lo que yo miré y presumiblemente vi.

- ¿Hacia dónde mirar? ¿Hacia dónde fotografiar cuando todo el mundo fotografía y todo el mundo tiene una máquina de fotos en el bolsillo?

- Miro hacia donde mira todo el mundo. Yo no sé muy bien por qué han decidido organizar esta exposición…, quizá es que se han quedado sin gente.

- ¿Qué tiene que tener una buena fotografía?

Que el fotógrafo sea poco visible, que pase inadvertido; que capte ese momento que da un significado simbólico a la imagen, que se asoma al interior del retratado y descubre algún secreto.

- ¿Qué le deja perplejo, qué le sigue asombrando?

- Como dice en un verso Eloy Sánchez Rosillo, las muchachas en primavera.

- ¿Qué es la belleza?

- Un término relativo muy relacionado con el amor.

- ¿El arte nos salva de algo o nos condena?

- En arte, en el sentido del que hablaba Ramón Gaya, como creación no solo nos salva sino que nos define; es lo único que realmente da sentido al ser humano.

- ¿Cómo huir del aburrimiento, de la tontuna, de la mediocridad?

- Estoy muy esperanzado con lo que está ocurriendo en los países árabes. La globalización, que tanto daño ha hecho en muchos sentidos, está haciendo resurgir una inmensa conciencia ciudadana. La filosofía anarquista, entendida como la autogestión del individuo, es la gran revolución que queda por hacer. El nivel de mentira al que hemos llegado en términos sociales y políticos es insoportable; hemos aceptado la mentira; no podemos ser críticos y a la vez cómplices del sistema.

- ¿Es optimista, queda en estos tiempos algún resquicio para el optimismo?

- Soy optimista porque veo que se están produciendo hecatombes; esa idea de confort y bienestar, de vida sin dolor, se está tambaleando y quizá de aquí surja un movimiento un poco más humano.

- ¿Su encuentro con Gaya le sirvió para aprender a mirar?

- No. El Gaya encontramos una luz. Un hombre de la claridad y la clarividencia. Llegó a Murcia en los 60 como uno más y eso es una lección increíble. Cuando se ha leído a Gaya uno no se puede desprender de ese pensamiento y la obra de Gaya va a ser fundamental esa revolución pendiente de individualismo.

- ¿Qué no tolera?

- El racismo, la indiferencia brutal ante el otro.

- Aunque suena tópico, ¿su trabajo como policía científico le ha ayudado a educar la mirada?

- Bueno…, sólo se ve lo que se mira y sólo se mira lo que se tiene en la mente. Para mirar hace falta claridad de ideas.

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