Los Alporchones, una gran batalla medieval

ANTONIO SORIANO
Cuadro de la batalla de los Alporchones, pintado por Muñoz de Córdoba en el siglo XVIII, que está en la Sala de Cabildos . ::
                             P. ALONSO. AGM/
Cuadro de la batalla de los Alporchones, pintado por Muñoz de Córdoba en el siglo XVIII, que está en la Sala de Cabildos . :: P. ALONSO. AGM

La situación fronteriza a mediados del siglo XV era bastante tensa ya que el rey granadino Muhammad X, aprovechando la división política que en esos momentos reinaba en Murcia, realizó diversas incursiones contra villas que permanecían fieles a Juan II, asaltando fortalezas, asolando los campos y capturando un gran número de cautivos. No pudiendo frenar la avalancha musulmana, Juan II solicitó una tregua con los granadinos en 1450 para dedicar todos sus esfuerzos a sus enfrentamientos con el marqués de Villena, en los que contaba con el apoyo de Lorca y de su alcaide Alonso Fajardo.

Pero la tranquilidad en relación con el reino nazarí de Granada no duró mucho y había cierta inseguridad en la frontera. En febrero de 1451 se produjo una nueva incursión granadina y cada vez llegaban noticias más alarmantes de los preparativos musulmanes. Un nuevo intento de negociación fracasó y en agosto de ese año se anunció la llegada de un potente ejército moro, avisos alarmantes que se repitieron en septiembre, sin que se materializaran.

Al mismo tiempo las rivalidades entre sectores enfrentados del Reino de Murcia dieron paso a una concordia para confederarse contra los musulmanes. La temida y anunciada incursión granadina se produjo en los finales de ese año, pero no se atrevieron a atacar Lorca y lo hicieron hacia el campo de Cartagena y término de Orihuela, buscando el botín, Así como apoderarse de los ganados e indefensos pastores de aquella comarca. Según las crónicas, el ejército sarraceno atravesó por los campos de Pulpí y Puerto de los Peines, entró en el campo de Cartagena y arrasaron Corvera, El Escobar, Campo Nubla y Rincón de San Ginés hasta llegar a las cercanías de Pinatar.

Terminada la incursión, los moros, que llevaban unos 40 cautivos y 40.000 cabezas de ganado, decidieron regresar a Granada por el interior, o sea por las cercanías de Lorca, envalentonados por su hazaña. Según las crónicas el ejército sarraceno estaba formado por 1.270 a caballo y 1.000 peones. Así que el jueves, 16 de marzo 1452, el alcaide de Lorca envió peticiones de ayuda a Murcia y a otras poblaciones cristianas ya que tenía la intención de enfrentarse a ese ejército.

De la capital llegaron 70 caballeros múrcianos y unos 500 peones; de Caravaca acudieron 200 caballeros y 1.400 peones; de Aledo siete hombres a caballo y 15 peones. En total, según la documentación de la época, en Lorca se concentraron unos 300 jinetes y cerca de 2.000 infantes, que se apostaron en el campo de los Alporchones, junto a la rambla de Viznaga, pues por escuchas y atalayas supieron que los moros regresaban por esa zona.

El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar el 17 de marzo de 1452, y si la sorpresa favoreció en un principio a los cristianos, la batalla estaba igualada. Según narra Cánovas Cobeño en su Historia de la Ciudad de Lorca, «de una y otra parte hacíanse prodigios de valor, pues entre los moros estaban los más valientes capitanes, y con los de Lorca peleaban los Moratas, García de Paredes, Quiñonero, García de Alcaraz y otros bravos. Dos veces fue rota la caballería mora y dos veces se rehizo por el valor de Malik-alabez, cuyo brazo hacía gran daño en los cristianos».

Y sigue Cánovas diciendo que «Fajardo, que comprendió que el alma de la batalla era este alcaide, arremetió hacia él con su lanza y a no haber sido la cota de Alabez de tan buen temple, allí hubiera muerto, pues se quebró en ella la lanza. Malik-Alabez tiró con su alfanje un violento tajo a la cabeza de Fajardo que éste tuvo la fortuna de evitar, y sin darle tiempo asiole fuertemente con la mano izquierda que le sacó de la silla, y el caballo que estaba mal herido cayó arrastrando al jinete. Saltó de la silla Fajardo y sujetó al moro con gran fuerza hasta que llegaron más peones que lo maniataron y lo sacaron de la batalla por orden de Fajardo».

La batalla se decantó claramente a favor de los cristianos y el ejército moro salió en huida atravesando la sierra para llegar a la marina y dirigirse hacia Vera. Los cristianos lo siguieron hasta la fuente de Pulpí y a Granada sólo llegaron unos 300. Aquella batalla, y volvemos a Cánovas Cobeño, «costó la vida a 800 caballeros de lo más distinguido de Granada, entre ellos caudillos parientes todos de Malik-alabez. Fueron hechos prisioneros 400 moros y murieron muchos más peones. Por parte de los cristianos hubo 40 muertos y más de 200 heridos».

Las consecuencias de esta batalla fueron varias. Por una parte no hubo más invasiones ni algaradas en el Reino de Murcia. Por otra, los lorquinos decidieron erigir una iglesia en honor de San Patricio, ya que la batalla se dio en la festividad de este obispo, que es el patrón de Irlanda, y Murcia lo nombró patrono de la ciudad. El compromiso lorquino se empezó a cumplir en 1533, cuando por petición del Concejo de Lorca y mediación de D. Sebastián Clavijo, el Papa Clemente VII dio la bula de erección para la Colegial Insigne de San Patricio, un templo de estructura catedralicia levantado sobre la iglesia medieval de San Jorge, traza y plano de Jerónimo Quijano, cuyas obras no finalizarían hasta el siglo XVIII.

Muchos años después, en 1945, el profesor Walter Starkie, del Instituto Británico en España, visitó la ciudad para ver la Semana Santa y decidió pedir a las autoridades civiles y religiosas de Irlanda una reliquia de San Patricio para la iglesia lorquina. La reliquia llegó en 1951 y el entonces párroco, en agradecimiento pidió una bandera de Irlanda para ser izada cada vez que se celebrase una ceremonia en honor del patrón irlandés. La entrega de la enseña estuvo a cargo del secretario de la embajada en Madrid, y se izó por primera vez en 1952, en la balconada de las Salas Capitulares. Desde entonces, la ceremonia se repite cada 17 de marzo a los sones del himno nacional de Irlanda.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos