Con tomate

Como ya sabrán, hemos de agradecer al pertinaz carácter de Cristóbal Colón el que podamos disfrutar de los tomates. Claro que también, a su monumental e histórico despiste, porque si hubiera llegado donde él creía que iba, allá por 1490, a lo mejor en el Mediterráneo seguíamos untando el pan con aceite sin más, como veníamos haciendo desde la Grecia Antigua. Pero no, Cristóbal se equivocó y descubrió América. Años más tarde, los españoles nos traíamos un tesoro a Europa: el 'Solanum lycopersicum', el tomate para los amigos.

Aun así, debieron pasar dos siglos antes de que aparecieran vestigios escritos del pan con tomate, o 'pa amb tomaca', que esas primeras referencias aparecen en la cocina catalana. Según la tesis de Nèstor Luján, el pan con tomate se habría ideado en el mundo rural, en un momento de abundancia en las cosechas de tomate, para aprovecharlos y así ablandar el pan seco. Y aquí empieza el lío entre el 'pa amb tomaca' de Cataluña y el pan con tomate que se toma en Murcia. Sabido es que la diferencia estriba en que, mientras los catalanes restriegan el tomate sobre el pan, los murcianos extienden sobre la rebanada la pulpa de tomate rallado. Hay quien sostiene que la receta catalana proviene de la inmigración murciana. Según este rumor desmentido, los trabajadores murcianos del metro de Barcelona en los años 20 del siglo XX, plantaban tomateras al lado de los raíles para untar el pan seco y de ahí nació la preparación catalana. El maestro Néstor Lujan rechaza esta teoría con un dato incontrovertible: hay referencias escritas del pan con tomate catalán de 1800.

Así pues, dejémonos de absurdas polémicas en torno a tan baladí asunto, y dediquémonos a disfrutar del 'pa amb tomaca' catalán y del pan con tomate murcianico, que ambos están muy ricos. Y con pernil-jamón, mejor.

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