Entre barrancos de otro planeta

El paisaje protegido de Gebas ofrece un sorprendente paseo para toda la familia por un desierto de gran valor biológico y geológico

PEPA GARCÍA FOTOS: NACHO GARCÍA PEGARCIA@LAVERDAD.ESALHAMA DE MURCIA.
Vista de los barrancos de Gebas desde el mirador; al frente, el camino por el que se accede a la cola del embalse de Algeciras, con sus aguas azul turquesa, que contrastan con el                       árido paisaje./
Vista de los barrancos de Gebas desde el mirador; al frente, el camino por el que se accede a la cola del embalse de Algeciras, con sus aguas azul turquesa, que contrastan con el árido paisaje.

Entre las sierras de La Muela, El Cura y Sierra Espuña se encuentra el paisaje subdesértico de los Barrancos de Gebas. Un Paisaje Protegido de la Región de Murcia (desde 1995) que alberga numerosas especies animales, endemismos vegetales y valores ecológicos y geológicos de gran importancia. A un paso del reforestado, frondoso y verde Parque Regional de Sierra Espuña puede encontrarse un sorprendente lugar en el que disfrutar de la naturaleza. Eso sí, si desea pasearse por estos terrenos poblados de fosos horadados por las escorrentías de agua, barrancos, cañones y pináculos, no lo haga en un día de lluvias, ni si ha llovido recientemente, porque el terreno, resbaladizo y pegajoso entonces, se hace impracticable para el caminante. «Alguna vez he tenido que ayudar a algún vecino a sacar las ovejas que han quedado hundidas hasta la barriga en esas tierras margosas», comenta Manuel Águila, que advierte de que «te puedes quedar atrapado». Tampoco es recomendable hacerlo en los días más tórridos del verano, cuando la zona se convierte en un horno que hace plantearse cómo es posible que la vida se desarrolle en condiciones ambientales tan extremas y adversas.

Para conocer los Barrancos de Gebas, en el límite entre Alhama y Mula, contamos con Manuel Águila, técnico de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alhama de Murcia, como excepcional guía y gran conocedor de la zona y que, como hace en su libro 'Subdesiertos' (el quinto de la colección Guía de Itinerarios Didácticos por los Espacios Naturales de la Región de Murcia publicado por CREA, que firma con Begoña Díaz) nos va desvelando los secretos y las claves de este paraje con 1.875 hectáreas, cuyas tierras más elevadas fueron hace un millón y medio de años el fondo marino. «Los Barrancos de Gebas son el espacio natural de las mil formas. Surcos, agujeros, barrancos pequeños y grandes, cañones, pináculos, cuñas y cárcavas. Una porción de terreno no se parece nada a la de al lado. Todas están quebradas acá y allá, pero con distintas direcciones, profundidades y hasta colores. Cuando estás en Gebas parece que estás en otro planeta», comenta Manuel Águila, ante el apabullante paisaje que se abre entre la pedanía alhameña de Gebas y el embalse de Algeciras.

Un paisaje mutante, cuyas tierras arcillosas e impermeables favorecen el proceso erosivo provocado por las lluvias, escasas pero torrenciales, que caen en la zona y que modifican el terreno sin mucho esfuerzo. «Tras unas lluvias torrenciales se transforma el paisaje. Yo he realizado rutas días después de lluvias y se habían producido desplomes de laderas enteras. Es el fenómeno del 'piping', explica Manuel sobre el proceso erosivo que produce estos desprendimientos. Son como unos entubamientos que producen primero pequeños agujeros y luego se abren en un bancal y, en un momento, se lleva por el barranco medio bancal con almendros y todo», explica Águila sobre la erosión que ha dado forma a este espacio, al tiempo que hace referencia a la «lucha ímproba de los geberos por conservar sus cultivos, la mayoría de secano». Unos cultibvos, en su mayoría de almendros, que estos días, en flor, ofrecen una imagen especialmente bella.

Pero si es impactante acercarse al Mirador de Gebas y observar desde lo alto esas laderas abarrancadas, peladas de vegetación y de tonos grises, marrones y amarillentos con el agua azul turquesa del embalse de Algeciras al fondo, aún lo es más caminar entre esas inmensas moles de tierra que parece que en cualquier momento se van a desmoronar sobre el caminante. Unas empinadas laderas en cuya cara sur apenas crecen las tápenas y en la norte (por la diferencia de temperatura al tener una menor insolación, aclara el técnico en Medio Ambiente) permite que exista la vegetación.

La ruta que nos sugiere Manuel nos lleva desde la Ermita de Gebas y su Salón Social, todas ellas infraestructuras de gestión vecinal, hasta el corazón mismo de este paraje en un itinerario cómodo y apropiado para toda la familia. Un recorrido de unos ocho kilómetros, que se puede prolongar cinco más si el senderista opta por acercarse hasta el embarcadero del embalse de Algeciras -un bello paraje y un lugar excepcional para el avistamiento de aves, que han colonizado la zona, como garzas reales, gaviotas, zampullines, ánades reales o cigüeñuelas-.

Al poco de comenzar, la ruta pasa por el cementerio, un camposanto gestionado por los propios vecinos de la pedanía, que es el punto más alto de la zona (428 m.), lo que lo convierte en el primer mirador del camino y en la puerta para adentrarse de lleno en los Barrancos de Gebas.

El itinerario recorre después la Loma del Aire para llevar al senderista, dos kilómetros más adelante, hasta el Mirador de Gebas, una atalaya natural, acondicionada en 2002 por la Dirección General de Medio Natural, que dejará impactados a quienes no la conozcan de antes.

Con la impresionante vista panorámica aún en la retina, el sendero les adentra en el meollo de este paisaje protegido, un gran desconocido, pero admirado por los contrastes que ofrece a aquellos que tienen el placer de conocerlo y por los estudiosos de la biología y las ciencias medioambientales. Ya que en esta tierra de fronteras confluyen hasta tres ecosistemas, unas zonas, explica Manuel Águila, conocidas como ecotonos, en las que la biodiversidad es especialmente rica.

Caminando entre las inmensas laderas margosas se llega al Barranco del Agua, una de las partes más profundas de los barrancos, que nace en las inmediaciones del cementerio, y desagua, junto al barranco de Cabecico Blanco, en la rambla de Algeciras y es una fuente de agua para la fauna que habita la zona. El meollo, lo más esplendoroso de estas tierras protegidas, apunta Manuel, que en ese punto, nos indica, se puede tomar el camino en dirección al embalse de Algeciras o continuar la ruta en dirección a Casa Alta, un caserío del municipio de Mula que, tras una empinada cuesta, se encuentra en el borde de los Barrancos de Gebas y los llanos de La Retamosa. Un pequeño núcleo rural al que dieron vida los manantiales que antiguamente había en la zona y en el que se conserva uno de los pocos setos de pajar (una construcción circular junto a la era comunal en la que se separaba el grano de la paja).

La ruta continúa luego de vuelta a la Ermita de Gebas, donde se inició el recorrido.