Un médico con bata negra

Andrés Palomino, colegiado en Murcia, fue investigado tras la aparicón de los cuerpos de tres jóvenes en Perpignan; tras seis meses en prisión quedó en libertad por falta de pruebas

J. P. PARRAMURCIA.
Palomino, conducido por un agente en 1997. ::                             LA VOZ DE ALMERÍA/
Palomino, conducido por un agente en 1997. :: LA VOZ DE ALMERÍA

De él apenas se sabe con certeza su nombre: Andrés Avelino Palomino Barrios, y su alias, 'el Chino'. Y eso pese a que en alguna ocasión se ha cambiado de orden los apellidos, para despistar. También se conoce que es médico. Al menos así consta en un título expedido por una universidad peruana homologado por el Ministerio de Sanidad. El documento permanece en el Colegio de Médicos de la Región de Murcia, donde Palomino está inscrito desde el año 2006. No paga las cuotas desde hace tiempo. Apenas hay más datos en su hoja de registro que un correo electrónico y una cuenta bancaria en la que ya no hay fondos.

Andrés Palomino parecía borrado del mapa hasta que en enero reapareció en las listas de aspirantes a una plaza de médico interno residente (MIR). Con toda seguridad, sus compañeros de pupitre -si es que finalmente fue a hacer el examen, porque el Ministerio todavía no lo ha confirmado- no saben que estuvieron sentados junto a alguien que a finales de los años 90 fue bautizado como 'Jack el destripador latino' por la prensa francesa, después de ser detenido como sospechoso de tres crímenes horrendos en la localidad de Perpignan. Fue puesto en libertad por falta de pruebas, y emigró a España, donde fue sumando a su currículo todo tipo de acontecimientos increíbles: fue expulsado de un hospital en Burgos, detenido en Almería en 2009 en una operación policial todavía no aclarada y, previamente, pasó por Murcia para colegiarse y presentarse en 2007 al examen MIR. Ganó una plaza en Cartagena como médico de familia, pero la rechazó por fax.

La oscura biografía de Palomino comienza en 1997 en Perpignan. La ciudad francesa estaba conmocionada por la sucesión de tres asesinatos que parecían obra de un asesino en serie. El diario británico 'The Guardian' hablaba de un 'imitador' macabro de Dalí - «the Dali murder»- porque el asesino desmembraba a sus víctimas -todas mujeres- con precisión de cirujano, y sus cuerpos aparecían cerca de la la estación de tren, decorada con reproducciones de las fantasías oníricas del pintor surrealista, llenas de sexo y cuerpos troceados.

Entrenando para carnicero

Andrés Palomino vivía muy cerca de aquel lugar, y la gendarmería francesa se fijó en él. Acababa de ser despedido del hospital, acusado de malas prácticas y de robar del centro, entre otras cosas, material de cirugía. La policía calificó de «sórdida» su vivienda -así lo recogió 'The Guardian'- y encontró restos de sangre en algunas de sus ropas. Pero los análisis demostraron que esa sangre provenía de animales. Palomino Barrios estaba haciendo un curso para ser carnicero, explicó. Tras seis meses en prisión, fue excarcelado. No había pruebas. Además, se produjo un cuarto asesinato durante su estancia en la cárcel. Sin embargo, el rotativo británico explicó que los investigadores seguían convencidos de que «era culpable, al menos de uno de los asesinatos».

Pero estaba libre, y por supuesto con la presunción de inocencia por delante, así que podía rehacer su vida. Decidió venir a España, y llegó a la Región. No se sabe nada de sus pasos por Murcia. Solo que se colegió en 2006, se presentó al MIR en 2007 y eligió una plaza de médico en Cartagena, como confirma el Servicio Murciano de Salud. Pero por razones que se desconocen, renunció al puesto por fax, y no se volvió a saber de él. Trabajó en Adra (Almería), hasta que fue expulsado después de que se acumularan las quejas contra él. En 2009, la Guardia Civil lo detuvo en una operación rocambolesca. En principio, porque había falsificado sus títulos, según recogió la prensa. Pero las autoridades sanitarias confimaron que es médico.

Así que Palomino siguió buscando trabajo, y lo encontró. Durante un día, trabajó en el Hospital General Yagüe de Burgos. Su contrato no llegó a formalizarse, porque a sus directivos llegó el relato de su tormentosa biografía. Además, había dado datos falsos. Entre ellos, su edad. ¿Cuántos años tiene Palomino? Según informaciones periodísticas, 65 o 66. ¿Cómo pudo entonces presentar los papeles para el MIR en enero? El misterio sigue.

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