Alberto Adsuara: «El artista es un payaso absoluto»

El creador valenciano muestra 'Hagiografías' en la galería Detrás del Rollo, dentro de Fotoencuentros 11

GONTZAL DÍEZMURCIA.
Alberto Adsuara, junto a una de sus fotografías. ::                             VICENTE VICENS/AGM/
Alberto Adsuara, junto a una de sus fotografías. :: VICENTE VICENS/AGM

Teatro de cuerpos desnudos. Espacios sórdidos, miradas duras. El rojo arremolinado de unos labios pintados y una calavera. Una bella mujer yace en lo que pudiera ser una elegante sala de autopsias. La fotografía como un enigma. Casi a tamaño natural. Inquietantes. Alberto Adsuara (Valencia, 1961) presenta sus nítidas 'Hagiografías' en la galería Detrás del Rollo, dentro de Fotoencuentros 11. ¿Santos, estampas sagradas? Un santoral laico de claroscuros y desnudos. Activo bloguero. Ha abandonado la fotografía. Ni un clic más. No se pierdan albertoadsuara.blogspot.com.

- ¿Qué son estos santos, por que recurrir a estos personajes?

- Son santos porque lo digo yo. Sin más. Es un homenaje a la pintura clásica con algunas referencias a Caravaggio y Ribera porque me apasiona esa forma que empleaban para iluminar aquello que ellos llamaban 'santos'. Mis 'santos' son gentes de mal vivir que seguro que tienen algo que ocultar. Mis modelos llevan una vida rara.

- Imágenes que hablan de lo terrible y lo oscuro...

-Son lúgubres. Lo siniestro, como decía Freud, está en lo cotidiano, en lo doméstico, en lo familiar. Estas imágenes no son forzadas ni inverosímiles, están muy cercanas a lo cotidiano.

- ¿Qué le interesa de la realidad?

- Es una paradoja. Mi trabajo se interesa por la construcción de la realidad, pero las imágenes que a mí me interesan son aquellas que no construyen la realidad.

- Me gustaría tener vocación de ermitaño, ha dicho usted. ¿Está seguro?

- Lo que me gustaría es emboscarme, estar conectado al mundo pero retirado del mundo. Cada vez me siento más misántropo y soporto menos a la gente. Huyo de la vida social…, hace mucho tiempo que no tengo vida social.

- ¿Por qué?, ¿está tan mal el panorama ahí fuera?

- Me siento cada vez más pesimista. Creo que estamos en un cambio de era, que no es lo mismo que un cambio de época o generacional. No somos conscientes de en qué consiste lo que nos espera. En mis alumnos noto una diferencia abismal de cinco años a esta parte; ellos han nacido plenamente en la era digital y yo toqué por primera vez un ordenador a los 34 años.

- ¿Qué le deja perplejo?

- La creciente estulticia.

- ¿Se considera usted un 'espectador cansado'?

- Sí. En el año 2000 publiqué 'Un espectador expectante' y la vida me ha llevado a ser un espectador cansado. Cansado de que todo sea lo mismo, de que no haya nada nuevo… ríete de '1984' de Orwell. La opinión pública está absolutamente mediatizada por lo políticamente correcto. Todos estamos acojonados ante la censura y la autocensura frente a una gente de veinte años que han visto las barbaridades más grandes inimaginables por Internet. Es incomprensible y ridículo.

- ¿A qué tienen miedo?

- A la muerte.

- ¿Cómo huir del aburrimiento, hacia dónde huir?

- Yo no me aburro jamás. Las mujeres nunca se aburre, yo tampoco. Leo, veo películas, escribo…, menos pasear hago de todo; me cuesta mucho pasear.

- ¿El arte es un reto?

- El arte ya no es nada, ni reto ni forma de expresión. El arte esta dominado por intereses políticos y económicos de los grandes marchantes, de los contrabandistas y los traficantes de armas y drogas. Esos son los que compran a las galerías más importantes del mundo y sostienen eso que llamamos 'arte'. Las grandes galerías están financiadas por los narcos.

- ¿Cuál es la función de un artista en el mundo contemporáneo?

No le queda nada que hacer, el artista es un payaso absoluto. Sólo quedan vestigios de individualidades que pueden acceder a un pequeño núcleo de su entorno. Como experiencia estética individual el arte aún tiene un sentido, como experiencia estética sagrada ha muerto. Del arte, la ciencia y la religión sólo nos queda la ciencia.

- ¿Qué es la belleza?

- Una categoría estética que se perdió en el siglo XVIII.

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