Las Siervas de Jesús y Carlos III

JOSÉ MONERRI
Callejón posterior del antiguo convento; al fondo, tramo de Carlos III. ::
                             J. M. RODRÍGUEZ / AGM/
Callejón posterior del antiguo convento; al fondo, tramo de Carlos III. :: J. M. RODRÍGUEZ / AGM

Las monjas de la Comunidad de las Siervas de Jesús estuvieron en Cartagena 83 años y llegaron a tener una calle a su nombre que no figuró en las Ordenanzas municipales, como señalaba Federico Casal. A esa calle, en la zona del Ensanche, se entraba por la de Ángel Bruna y se salía por la calle 17. Ese tramo hoy forma parte de la que se conoce como de Carlos III y va paralela al Paseo de Alfonso XIII.

Las Siervas de Jesús llegaron a Cartagena el 2 de septiembre de 1888 y se fueron a primeros de marzo de 1971. Detrás dejaban una estela de fecundo apostolado. Y se fueron porque les faltaban vocaciones. Últimamente, la integraban 16 monjas, de ellas 4 enfermas (sor Desamparados, con 86 años y 51 de vida religiosa, se quedó para siempre en esta tierra). Se fueron con dolor, por dejar un edificio y una ciudad con la que estaban tan identificadas.

Cuando llegaron a Cartagena se instalaron en la calle Honda trasladándose después a la plaza de la Condesa de Peralta y en 1906 a su último emplazamiento en el Ensanche, frente a la existente Lonja. Ocupaba el edificio 1576 metros cuadrados, que revirtieron al Ayuntamiento. La primera casa la tuvieron en la calle Honda -que entonces se denominaba calle del capitán Briones- pasando después a la plaza de la Condesa de Peralta, en el edificio de la Catedral Antigua. El 13 de octubre de 1904, por acuerdo del obispo de la Diócesis, la Junta de Señoras para llevar a cabo la construcción de un edificio, presentó memorial al día siguiente al Ayuntamiento, pidiendo la cesión de un local. El Ayuntamiento, en sesión del 20 del mismo mes acordó acceder a la petición. El 4 de mayo, la Corporación municipal aprobó el dictamen de la Comisión de Propios, cediendo a las Siervas de Jesús una parcela de terreno que posee en la zona alta de la Muralla de Tierra comprendida entre la Casa de Misericordia y la rampa de acceso a la parte de las Puertas de San José, extendiéndose el contrato de arrendamiento el 9 de abril de 1905 ante el notario Manuel García Rebollo, entre el Ayuntamiento y la Junta de Señoras protectoras, por estar prohibido a la Comunidad de las Siervas de Jesús, dado su voto de pobreza, figurar en esta clase de contratos.

Por dificultades surgidas, la Junta no pudo tomar posesión del terreno dado en arrendamiento y en 17 de febrero de 1906, la presidenta, Enriqueta Mesa viuda de Uría, solicitó un trozo de 1579,25 metros cuadrados de una parcela que el Ayuntamiento poseía en el Ensanche, manzana 96.

El 27 de junio de 1906 el Ayuntamiento concede a la Junta de Señoras Protectoras de las Siervas de Jesús 1576 metros cuadrados en dicha parcela. Esta concesión se hizo por término de noventa y nueve años y mediante el canon anual de cien pesetas El 5 de enero de 1925 la superiora de la Comunidad de Siervas de Jesús, Micaela Unzueta Uribarri, en religión sor María de San José, solicitó al Ayuntamiento la cesión en pleno dominio del terreno en que se construyó el edificio. La comisión permanente en sesión de 9 de enero acordó acceder a la petición, lo que fue ratificado por el pleno de 16 de febrero, con la condición de que «dicha concesión sería por todo el tiempo que la Comunidad permaneciese en el edificio y mientras siguiera ejercitando su caritativa misión en esta ciudad de Cartagena».

Edificio para uso social

El edificio revirtió al Ayuntamiento el 8 de marzo de 1971, en sesión permanente que presidió el entonces alcalde Ginés Huertas Celdrán, acordándose destinarlo «a necesidades de tipo social y educativo». Lo cierto es que después se habilitó para hospedaje de los jinetes de las pruebas hípicas de Semana Santa; luego lo ocuparon por breve tiempo los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción y la Policía Municipal y la Brigada de Seguridad, estando en el primer piso el Servicio de Aguas, mientras que en la capilla tenían lugar los ensayos de la masa coral Tomás Luis de Victoria. En la hornacina de lo que fue convento, existió una imagen de San José, obra del que fuera gran pintor, escultor y dibujante Emilio Reyes.

El edificio fue demolido y sobre el solar existen unos juegos infantiles. De lo que fue calle de las Siervas de Jesús sólo queda la historia, como también el recuerdo grabado en muchos cartageneros de unas monjas que se fueron, de una entrega y simpatía totales, que sabían acudir a las casas donde había dolor para mitigarlo y hasta compartirlo. He aquí la historia de una calle cuyo nombre duró poco tiempo y la de unas religiosas que dedicaron 83 años hermosos y fructíferos a Cartagena. Según se dice, sobre ese solar está previsto que se construya un hotel, que estaría frente a lo que actualmente se denomina plaza del Doctor García Marcos y que antes ocupó la Lonja de Frutas y Verduras, que tenía sabor de Oeste americano, con sus clásicos barracones.

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