Venganza

JOSÉ JAVIER ESPARZA

Hay una extensa literatura sobre las venganzas italianas. Desde los tiempos del imperio romano, los italianos han acumulado una notable fama vengativa. Cuando los demás -franceses, españoles, alemanes- nos vengamos, solemos ser tan implacables como primarios: sacudimos fuerte y asunto resuelto. Los italianos, no: los italianos cogen a la víctima, se toman su tiempo, juegan con ella, la voltean como el gato a un ratón y, cuando se cansan de jugar, le infligen la condena más humillante, ese tipo de castigo que te cubre de vergüenza para varias generaciones, como les pasó a los Pazzi bajo la ira de los Medicis, allá por 1479. Eso es lo que ha hecho Berlusconi con CNN+.

Después de que Telecinco devorara a Cuatro, los italianos han estado jugueteando con aquellos ratoncitos que un día se dedicaron a roer la fama del Gran Capitoste con ese asunto de sus fiestas privadas. El juego ha durado algunas semanas. Finalmente, el castigo ha sido de los que no se olvidan: el espacio de CNN+ será ocupado por una emisión de veinticuatro horas de 'Gran hermano'. Así un canal de noticias que aspiraba a presentarse como la quintaesencia del periodismo ilustrado termina convertido en la más gráfica expresión de la telebasura. ¿Cabe mayor humillación? Hay por ahí quien ha presentado algunas objeciones. Por ejemplo: ¿Cómo va a haber veinticuatro horas 'en abierto' de un programa que es incompatible con la franja horaria de especial protección? Pero todo eso son minucias, porque ya se sabe que en España todo el mundo, y precisamente los italianos en particular, se saltan a la torera ese tipo de obstáculos. Aquí lo que cuenta es la venganza: el altivo informador queda degradado al rango de vaciador de los orinales de la chusma. ¿Querías ser almirante? Pues toma: a quitarle las pulgas al grumete. Como en España el pecado nacional es la envidia, no falta quien se ha alegrado de la desdicha ajena. Pero yo me cuidaría mucho de exteriorizar ese tipo de sentimientos: a este paso, cualquiera de nosotros puede acabar limpiando el retrete de Belén Esteban. Y no exagero.

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