El genio meláncolico del Barroco

ANTONIO DÍAZ BAUTISTA

El pasado cuatro de enero hizo trescientos años del nacimiento de Pergolesi, pero su tricentenario ha pasado un tanto desapercibido, seguramente al coincidir con los doscientos años de la venida al mundo de dos luminarias de la música romántica, como son Schumann y Chopin.

Aunque alguna vez me he ocupado ya del infortunado músico italiano, pienso que, antes que el año termine, merece un recuerdo en esta página, y lo hago escuchando una grabación muy reciente de su 'Misa de San Emidio', y otras obras sacras, realizada por el sello Archiv Produktion, bajo la dirección de Claudio Abbado.

Cuanto más se conoce la música de Pergolesi, más se agiganta su figura. Se comprende que se le atribuyesen tantas obras, para aprovecharse del prestigio que alcanzó después de su muerte. Así, por ejemplo, parece que las melodías 'pergolesianas' que utilizó Stravinsky en su divertida suite 'Pulcinella' son apócrifas. Mientras que en sus pasajes corales se encuentra la pujanza arrolladora y magnificente de los grandes barrocos, en las intervenciones de las solistas femeninas aparece, con frecuencia, una característica 'languidez melódica' delicadamente fluctuante, doliente y melancólica, que también aflora en la música del español José de Nebra. Quizás la triste andadura vital de Pergolesi le hizo aflorar este caudal de hondo lirismo, que en muchos pasajes, parece preludiar el lado lamentoso del 'pathos' romántico.

Giovanni Battista Pergolesi nació en la pequeña localidad de Jesi, cerca de Ancona, en el sur de Italia. Su verdadero apellido era Draghi, pero utilizó el apodo con que se conocía a su familia, 'il pergolesi', porque procedían de la ciudad de Pergola.

Nunca gozó de buena salud. Cojeaba y posiblemente padecía de espina bífida. Para colmo de males, contrajo la tuberculosis en su infancia. Comenzó sus estudios de música en su ciudad natal y los completó en Nápoles a partir de 1725.

Se dio a conocer con oratorios religiosos, como 'La morte de San Giuseppe' y 'La conversione di San Guglielmo duca d'Aquitania' (1731) un drama sacro que representa la lucha entre el Bien y el Mal en la vida del Santo. En 1735 se agravó su enfermedad, por lo que se retiró a un convento de Pozzuoli, donde murió en 1736, a los 26 años.

San Emidio

Compuso varias óperas, con poco éxito y hoy olvidadas. Su único triunfo rotundo en el género escénico fue la chispeante ópera bufa 'La serva padrona' (La sirvienta señora), un delicioso vodevil que todavía se escucha y que, en su tiempo, encendió en París una fuerte polémica entre los partidarios de la ópera francesa y los de la italiana.

En 1732 estaba Pergolesi al servicio del Príncipe Stigliano, a quien dedicó sus 'Sonatas para trío'. Fue este magnate quien, con ocasión de un terremoto que estremeció a Nápoles, le encargó la 'Misa solemne en honor de San Emidio', recién nombrado patrono de la ciudad, que tuvo buena acogida, aunque su fama no traspasó los límites de la sociedad napolitana. Se trata de una pequeña joya, una Misa breve para soprano, contralto, coro y dos orquestas reducidas, donde la gracia rococó se alterna con una profunda emoción sentimental.

Más exultante es la atmósfera del 'Laudate pueri Dominum' (Alabad, hijos, al Señor) sobre el texto del Salmo 112, compuesto alrededor de 1734, por encargo del duque de Maddaloni, al igual que la 'Salve Regina', en do menor, presentada en este compacto en la versión de fa menor. El tono doloroso y suplicante de esta última partitura, escrita en el penúltimo año de su vida, anuncia ya su testamento espiritual, el maravilloso 'Stabat Mater', una de las obras más emocionantes de la Historia de la Música.

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