Diarios en tabletas

JUAN VARELA

Prepárese, lector. Si quiere seguir leyendo diarios en el futuro ya puede ir migrando a un iPad o a uno de esos artilugios llamados tabletas. Rupert Murdoch, rey de editores, el hombre que revolucionó la prensa británica y no paró hasta comprar 'The Wall Street Journal' a falta de no lograr 'The New York Times' ha decidido crear 'The Daily', 'El Diario'. Será un periódico sin papel, sólo disponible en iPad y distinto a la web. Con un objetivo: convencer al lector de seguir pagando por la información. Otro de los símbolos del periodismo, la revista 'The Economist', dio el paso hace unos días y acabó su exilio de las aplicaciones móviles con versiones para iPhone e iPad.

Los editores tienen socio para un mundo de pantallas. El atractivo táctil de los chismes de Apple, la compañía de Steve Jobs, es una esperanza de futuro. Tocar la información, pasar el dedo por la pantalla para disfrutar de cada artículo sin el regusto ácido de la tinta en la yema. Y pagar por ello.

Vivimos en pantallas. Acaparan el negocio y la atención. La televisión crece, también Internet, los móviles y tabletas. El atractivo de los viejos diarios y revistas se arruga con el papel.

En las tabletas confiamos, rezan algunos. Con ellas y los móviles la información vuelve a ser portátil, accesible donde y cuando quieran los hiperconectados. El lector elige: se acostumbró a navegar la web saltando por la información sin importar las fronteras de las cabeceras, con Google encontró lo que buscaba y con las redes sociales llega la recomendación humana frente a la razón de los algoritmos.

Ahora los medios proponen un nuevo contrato: volver a la fidelidad, acotar la abundancia digital para reencontrar los contenidos favoritos en una aplicación de móvil. Pero es valioso atender la alerta de uno de los creadores de la web, Tim Berners-Lee, sobre las amenazas de las redes sociales y las aplicaciones para la Internet abierta. Para un espacio público privatizado por los dueños de la distribución digital. Un escenario que periodistas, editores y público deben repensar.