Un creador en la frontera

El artista yeclano muestra su obra más oscura en Gijón y protagoniza la luminosa portada de 'Casa viva''

GONTZAL DÍEZMURCIA.
Lidó Rico junto al gigantesco símbolo del euro, formado por rostros, calaveras o otros objetos, que muestra en el Museo Barjola de Gijón. ::                             JRLD/
Lidó Rico junto al gigantesco símbolo del euro, formado por rostros, calaveras o otros objetos, que muestra en el Museo Barjola de Gijón. :: JRLD

El hombre retorcido que vive en un ángulo recto, el hombre oscuro que habita en lo blanco. Lidó Rico muestra su casa yeclana en el último número de la revista 'Casa viva' (portada y un extenso reportaje interior titulado 'El arte de vivir') y expone, hasta el 9 de enero, 'Curso legal' en el Museo Barjola de Gijón, en el antiguo espacio sacro de la capilla de la Trinidad. Obra tumultuosa y tensa, retorcida: cráneos, encapuchados, manos crispadas, lingotes, teléfonos, devoradores de libros, armas de distinto calibre; todo ello para formar un gigantesco símbolo del euro como el gran ex voto del siglo XXI; un colapso de rostros doloridos y torturados. Una obra con la iconografía del dinero y la muerte.

Uno podría imaginarse en taller-casa de Lidó Rico como una mazmorra barroca, un espacio de tinieblas donde surge esa obra con muescas grotescas, esa metralla moral, esos cascotes que hablan de límites y derrumbes. Pero no, quizá para crear el lado oscuro es necesario vivir en la frontera de la luz. Quizá Lidó Rico vive y crea en esa línea divisoria entre la belleza convulsa y la belleza sosegada. Quizá para escenificar el caos sea necesario partir desde el más absoluto orden. Una casa blanca, luminosa, rodeada de lavanda (un aromático mar azul de mil metros cuadrados), equilibrada, armónica hasta el último cuidado detalle, de la madera a los grifos, pasando por las puertas motorizadas o las lámparas diseñadas por el propio artista, es la que aparece en 'Casa viva'. Dos espacios antagónicos y quizá necesarios.

La obra, teñida del color dorado, que muestra en Gijón es un grito o una trinchera contra la «comunidad de traficantes» que nos gobierna y «nos zambullen en el averno de la desolación» y la «enigmática soberanía gris» de la 'Eurozona', ese nuevo El Dorado gobernado por «la rutilante ostentación, el tumulto, las lesiones, el enigma, la hipocresía, el infundio, la opresión, lo humillante, la infamia, el soborno, la traición». «El hombre como tropiezo de la naturaleza», argumenta el escultor yeclano. En Gijón también muestra una pieza que se pudo ver en la Fundación García Jiménez de Murcia, el pasado mes de abril dentro del proyecto 'Asincronías', un círculo de cráneos repletos de cráneos, como bombas de racimo que forman el símbolo del oxígeno en un intento de mezclar «lo terrible y lo esperanzador» en un «un gran puzzle». «Convivimos con símbolos aceptando mudos su representación», dice-grita Lidó Rico.

Lugar de reflexión

Obra turbia, casa serena y racionalista. Mármol de Macael, una fachada flameada gris Bierzo, un porche que distribuye la vivienda hacia la zona del trabajo o hacia el espacio más doméstico, lucernarios de diversos colores, un cuadro de Agustín Ibarrola, una fachada que es un homenaje a Mondrian. Un edificio en el que se alían los nombres de Luis Larrotcha (arquitectura), Luis Martínez-Carrasco Guzmán (arquitecto técnico), José Luis Romeo (paisajismo) y Funes Interiores (interiorismo).

«Esta casa llama la atención tanto por los materiales utilizados como por su tipología arquitectónica en un lugar repleto de almendros, viñedos y olivos. El arte y la naturaleza se dan la mano mostrando una complicidad insospechada», señala el reportaje de 'Casa viva'.

Un edificio que es también un 'museo Lidó Rico' porque el artista tiene como norma que una pieza de casa exposición pase a formar parte de su propia colección particular. Así que Lidó explica en 'Casa viva' que «una obra de arte no es un decorado sino todo lo contrario, es un lugar para la reflexión y una vivienda debe ser un espacio en continuo cambio y transformación donde, con el cualquier relación entre humanos, la sorpresa siempre debe estar presente y qué mejor manera que donde hoy podemos ver una escultura, mañana podamos ver otra diferente, cambiando radicalmente la percepción que podemos llegar a tener del propio espacio donde se ubique». Una parcela de seis mil metros cuadrados, de los cuales tres mil son superficie habitable, con una altura interior de cinco metros.

Dos mundos que son el mismo mundo y que se complementan, haz y envés, casa y cráneo, paraíso e infierno. Lidó Rico es el hombre sinuoso que habita en un ángulo recto y diáfano.

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