El jurista que lleva a Homero en el alma

El catedrático Francisco Pérez de los Cobos, propuesto por el PP para el Tribunal Constitucional, ha publicado decenas de libros, entre ellos algunos de poesía y de cuentos

RICARDO FERNÁNDEZ RFERNANDEZ@LAVERDAD.ESMURCIA.
El jurista que lleva a Homero en el alma

«Tanta vida a destajo,/tanto empeño,/tanto afán, malogrado/o satisfecho...». Ni falta de afán, ni de empeño, ni de vida y trabajo a destajo pueden serle achacados al catedrático Francisco Pérez de los Cobos Orihuel, autor de estos versos, quien esta semana ha abandonado el relativo anonimato en el que sin duda se solazaba -es muy conocido, y reconocido, eso sí, como autoridad en el campo del Derecho del Trabajo-, al saberse que el Partido Popular lo ha designado como candidato a una de las cuatro plazas que han de renovarse en el Tribunal Constitucional (TC). Una propuesta que, de verse confirmada, lo catapultaría a uno de los cargos institucionales de mayor relumbrón, pero que a la vez lo pondría en el mismo ojo del huracán en el que, desde hace años, ha sido situado un órgano anquilosado, atrofiado y lastrado por la ausencia de renovación y las acusaciones de politización. Dos cuestiones ambas, los seguros oropeles y los previsibles varapalos, que no parecen amilanar al jurista.

«Se muestra muy ilusionado, porque es un puesto apetecible para cualquiera, pero también sobrecogido, de alguna manera, por la responsabilidad que ello implica y por ser consciente de que el Constitucional está pasando por un momento bastante tormentoso», señalan personas de su entorno, con quienes ya se ha 'confesado'.

Ilusión y responsabilidad no constituyen parco equipaje emocional para asumir esa nueva tarea por parte de quien, a juicio de sus colegas, es además un hombre tremendamente preparado. Infatigable estudioso del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, impenitente escritor de libros y artículos sobre esa disciplina, dos veces doctor, docente de las universidades de Valencia, Palma de Mallorca, Milán (Italia), Barcelona y Madrid, en cuya Universidad Complutense es actualmente director de departamento en la Facultad de Derecho..., su nombramiento no sería mal acogido en ese alto tribunal que ya ha abrazado antes a laboralistas tan renombrados como Miguel Rodríguez Piñero o la actual presidenta, María Emilia Casas.

Por otro lado, y a juicio de quienes mejor lo conocen, sus virtudes personales no desmerecen sus extensos méritos académicos. Aunque en el trato profesional resulte distante y hasta cortante -algo que más parece deberse a una cierta timidez que a la altivez o la soberbia-, cuentan de él que sabe forjar equipos y que es cálido y afable con quienes logran penetrar esa invisible barrera con la que en principio se protege.

Nacido en Murcia hace 48 años, hijo del médico muleño Antonio Pérez de los Cobos, pasó buena parte de su infancia y de su juventud en Yecla, donde todavía viven sus padres, ya muy mayores, y a los diecisiete años se marchó a Valencia para estudiar Derecho y ya no regresó a la Región, salvo para las obligadas visitas. Aunque, eso sí, ejerce de murciano y lleva el orgullo de la tierra en el corazón.

Soltero y sin hijos, todas sus pasiones resultan en principio bastante confesables: viajero cultural desaforado, de los que no se deja un museo sin conocer, se ha pateado Berlín recientemente y se declara un incondicional enamorado de Italia; se extasía ante una buena pintura; se pierde con facilidad entre las letras de un libro de poemas o de una novela clásica; se arranca el alma componiendo poemas de amor, y se divierte con otras rimas, en ese estilo 'naïf' que popularizó Gloria Fuertes, con las que muestra a los niños que es tan grato jugar con las palabras como con la plastilina.

El hecho de haber sido designado por el PP, como ya lo fue en su día para ocupar un puesto de vocal en el Consejo Económico y Social (CES), le va a suponer llevar desde ahora la etiqueta de conservador sobre la toga. Y no parece que tal sello vaya demasiado desencaminado en este caso. «Es conservador, desde luego, pero que nadie espere a un carcamal; es un conservador culto, moderno, adaptado a los nuevos tiempos», aunque, también, sostienen, dado a defender con pasión y hasta con vehemencia su visión del derecho y de la vida misma.

Algunos retazos de esa concepción personal del mundo quedaron de manifiesto hace cinco años, en una visita a su querida Yecla con motivo de una conferencia. Ante un auditorio formado en buena parte por cargos públicos no tuvo empacho en afirmar que la clase política «no está a la altura de la madurez de nuestro pueblo y es un problema», así como en advertir, acerca del entonces proyecto de Estatuto Catalán, que constituía «un órdago para la estabilidad constitucional». La cara que puso el diputado socialista Domingo Carpena todavía se recuerda todavía por esos lares.

«Tampoco se le puede considerar un nacionalista español, aunque sí es totalmente contrario a los nacionalistas periféricos exacerbados», prosigue retratándolo un colega que lo conoce muy de cerca. ¿Y acerca de los matrimonios homosexuales y del aborto, -dos cuestiones que serán objeto de debate en el TC-, qué piensa? «Pues no lo he escuchado nunca pronunciarse sobre eso. Pero no me parece especialmente conservador en ese aspecto», añade el improvisado confidente.

Si alguien desea saber más de su persona, sin duda sacará impresiones relevantes leyendo sus obras, tanto las versadas sobre Derecho del Trabajo, algunas de las cuales ofrecen novedosas visiones sobre la materia, como sus poemarios. ¿Por ejemplo? Pues que el sentido del humor y la ironía no le faltan. Cómo, de otra forma, escribir unos versos como los que siguen: «...que para sí quisiera/el hombre el cariño sincero/ que la liendre muestra por su pelo».

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