¿Menos pesticidas o menos regadíos?

Proponen reducir la superficie menos productiva del Campo de Cartagena para frenar la grave contaminación de los acuíferosLos técnicos de la Confederación son pesimistas, ya que apenas se puede extirpar el rastro del nitrato en las aguas subterráneas

MANUEL BUITRAGO MBUITRAGO@LAVERDAD.ESMURCIA.
Sistema de riego por goteo en una explotación del Campo de Cartagena. ::                             ANTONIO GIL / AGM/
Sistema de riego por goteo en una explotación del Campo de Cartagena. :: ANTONIO GIL / AGM

La laguna del Mar Menor no es la única que sufre. Las masas subterráneas de agua del Campo de Cartagena también soportan graves problemas de sobreexplotación y de contaminación debido a la intensa actividad agrícola de la zona, que es una de las mayores y más rentables de la Región de Murcia. Al efecto nocivo de los nitratos se une el de los pesticidas y el futuro no pinta bien: Existe una imposibilidad técnica de rebajar la contaminación de nitratos en un corto espacio de tiempo. El nuevo Plan de Cuenca del Segura ha identificado en el Campo de Cartagena otro de los principales problemas del territorio y advierte de que los nitratos en las aguas subterráneas presentan una gran inercia: «Aunque deje de existir la fuente contaminante, éstos permanecen un largo tiempo en las aguas subterráneas», subraya el Esquema de Temas Importantes.

Este documento, que debe ser aprobado por los órganos de gobierno y de representación de la Demarcación Hidrográfica del Segura, ofrece varias alternativas para intentar solucionar el problema. Una de éstas aboga por reducir la superficie de regadíos, eliminando en una primera fase los menos rentables. Esta medida tan radical, que muchos dudan que se pueda poner en práctica, acarrearía la pérdida de entre 3.150 y 10.500 puestos de trabajo, según varias hipótesis. Las otras opciones -ya en marcha- consisten en sustituir los productos fitosanitarios por otros neutros y menos contaminantes.

Esta extensa zona regable está asentada sobre tres masas de agua: el Triásico de la Sierra de Carrascoy al norte, el Triásico de las Victorias al suroeste y el propio Campo de Cartagena. Las dos primeras tienen sus acuíferos sobreexplotados y la tercera padece una grave contaminación por pesticidas y nitratos con unas concentraciones de 200 y 300 miligramos por litro, seis veces más de lo permitido por la directiva europea, que no tolera más de 50. El drenaje y los retornos de riego están calando en los acuíferos que vierten al Mar Menor cinco millones de metros cúbicos de nutrientes. A éstos se unen entre 2.500 y 3.000 toneladas anuales de nitratos y fosfatos que llegan a la laguna a través de las ramblas, como publicó ayer 'La Verdad'.

Y además, los pesticidas

En el caso de los pesticidas, hace cuatro años que se detectaron en los acuíferos concentraciones de diurón (un polvo blanco cristalino utilizado como herbicida) por encima de las indicadas en la misma directiva de aguas subterráneas, que no permite más 0,1 partes por millón.

La revisión del Plan de Cuenca del Segura que dirige Mario Urrea, jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica de la Confederación, es uno de los estudios más exhaustivos sobre la salud del territorio. La radiografía está poniendo al desnudo los puntos negros que siguen sin solución y que empeoran con el paso del tiempo. Desde diciembre de 2001, los acuíferos de la parte regable oriental del Trasvase Tajo-Segura y el litoral del Mar Menor están declarados zona vulnerables. El objetivo del Plan de Cuenca es hacer compatible la sostenibilidad ambiental con la actividad económica y generadora de empleo de la zona.

Dado que existe una interacción entre los acuíferos contaminados y el deterioro del Mar Menor, la fecha para solucionar el problema se cifra en el año 2015, que es el tope que fija la Directiva Marco de Agua de la Unión Europea para mejorar la calidad de todas las masas de líquidos y humedales. Pero no hay garantías de que sea así. Las tres alternativas que se proponen para zanjar estos males no permiten asegurar para esa fecha la rebaja de la concentración de nitratos, que son una parte esencial de los abonos. Por esta razón el documento que elabora este organismo ministerial apunta a que podría existir una ampliación de los plazos hasta los años 2017 ó 2021. Tampoco se descarta que se derogue este objetivo medioambiental por la imposibilidad de eliminar por completo el rastro de los nitratos en las aguas subterráneas. El Ministerio de Medio Ambiente está desarrollando un modelo de simulación de nitratos para atajarlos con más eficacia.

Las tres alternativas

Entre las medidas de choque hay algunas que pueden resultar muy impopulares entre los agricultores, como es la expropiación de derechos de riego y la reducción de la superficie cultivada. Eso conllevaría la transformación de derechos y contratos de cesión. Esta alternativa se combinaría con la aplicación de las buenas prácticas agrícolas, que pasan por el asesoramiento a los agricultores y la sustitución de los productos de fitosanitarios que contengan sustancias potencialmente contaminantes, lo cual ya se está haciendo por parte de la Consejería de Agricultura.

Dado que no existe una herramienta para cuantificar la superficie de regadíos que debe eliminarse, los técnicos de la Confederación han elaborado una hipótesis con tres escenarios en los que la zona de riegos se reduciría entre el 15, 30 ó 50% (6.000, 12.000 ó 20.000 hectáreas). Esta medida equivaldría a eliminar 3.150, 6.300 ó 10.500 puestos de trabajos, respectivamente. Se ha comprobado que no existe una relación directa entre la pérdida de margen neto (el beneficio final) y el valor de producción. Esto se debe a que la reducción de la superficie de regadíos, en el hipotético caso de que se llevara a cabo, empezaría por las explotaciones y los cultivos menos productivos. El valor de la producción decaería a 24, 130 ó 210 millones de euros por año, según la superficie que se suprimiera.

La tercera alternativa prevé la construcción de una batería de pozos para impedir la interconexión de los acuíferos, la contaminación de las masas profundas de agua y el freno de los vertidos al Mar Menor. También se está ampliando la desalobradora de El Mojón para alcanzar los 10 hectómetros. Esta medida es la misma que se propone para atajar el deterioro de la laguna, ya que los nitratos, fosfatos y pesticidas le afectan tanto como a los acuíferos, al estar ambos interrelacionados.

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