Sucedió en Abanilla

JAVIER DÍAZ FERNÁNDEZ

Hubo un ministro, Fernando Morán; la mayoría os acordareis de los cientos de chistes que circulaban sobre él... Por toda España, cuando se quería contar un chiste de tontos, se le tenía a él como protagonista. Además era socialista desde 1954. Tengo grabada una imagen de él, en un mitin donde apareció un grupo de alborotadores gritando e insultándole, y Morán les dijo aquello de no estoy de acuerdo con lo que decís, pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a decirlo. Protestáis porque podéis, porque hay democracia. Un hombre del que se reía medio país y aún defendía el derecho de la gente a hacerlo.

Esta semana, sin embargo, hemos asistido a un episodio lamentable protagonizado precisamente por quienes dicen compartir la misma ideología socialista. Personas que se arrogan el título de ser de izquierdas, y que son famosos por juzgar quién es progresista y quién no lo es.

Que dos militantes socialistas, aduciendo que se sienten aludidos por comentarios vertidos en un medio de comunicación libre e independiente, acudan a la Justicia, con la aviesa intención de secuestrar el medio e impedir la libre circulación de ideas, no tiene ningún otro antecedente en nuestra democracia salvo con los periódicos abertzales relacionados con ETA. En otros países, que se dicen socialistas como se supone que son estos individuos, sí que es más común, véase la Venezuela de Chávez.

Hablamos de libertad de expresión, del derecho a difundir libremente las ideas, ambos reconocidos por la Constitución. Hablamos del derecho de los ciudadanos a dar y recibir información veraz. Pero todo eso, a algunos, no les gusta. A algunos les gusta que se hable mal de sus oponentes políticos, que se critique su gestión e incluso te animan a que hables peyorativamente de sus vidas personales. Pero cuando los criticados son ellos, quieren que se cierre un medio de comunicación, el único que hay en el pueblo a disposición de cualquiera que quiera emplearlo. Estas personas no son herederos ideológicos de Morán, ni de ningún otro líder socialista del pasado; si acaso, herederos de Stalin y de otros regímenes totalitarios. Lo único que combatirían hasta la muerte sería su derecho a callar a los que no comparten sus ideas, ni sus palabras y sobre todo sus actos.

Lo que ha sucedido en Abanilla esta semana es un liberticidio, es un intento de amenazar y de coaccionar , es la pataleta agónica de quien ve cómo sus sueños de poder de muchos años se les escapa de las manos por su propia incompetencia.

Como socialista, como persona progresista que defiende la libertad, me siento avergonzado del comportamiento de estos dos individuos. Y espero que el juicio del pueblo les condene con la dureza que se merecen.

ABANILLA