La Conservera ofrece un cóctel de música y sangre

Cuatro nuevas exposiciones internacionales buscan desde hoy atrapar al público

ANTONIO ARCOMURCIA.
Una pirámide por escalar. Los miembros de 'assume vivid astro focus', junto a su obra 'Aquí vivimos atisbando fantasmas' ::                             N. GARCÍA/AGM/
Una pirámide por escalar. Los miembros de 'assume vivid astro focus', junto a su obra 'Aquí vivimos atisbando fantasmas' :: N. GARCÍA/AGM

No olviden tomarse una copa, gratuita pero también imaginaria, en la perfecta recreación que, utilizando cartón y sólo cartón, ha hecho el artista murciano Eduardo Balanza del club berlinés Cookies. La instalación forma parte de la oferta del quinto ciclo de exposiciones de La Conservera, el centro de arte deseoso de público que habita en Ceutí como una especie de extraño planeta Solaris, inquietante y solitario, salido de la imaginación impagable de Stanislaw Lem. Cuatro nuevas exposiciones -no dejan indiferente- fueron presentadas ayer por el -satisfecho- consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, y por Pablo del Val, director del espacio. Una nueva oferta, con la que se regresa a momentos estelares de la existencia de este espacio público, ideado y protegido por Cruz, como el de la exposición de Loris Gréaud (Valle de Oise, 1979), con sus inolvidables árboles calcinados recubiertos de pólvora. Arte, pero también espectáculo. Un denominador común: la música. Un cóctel bien cargado de músicas y sangre. Fiesta, violencia, sueños propios y ajenos. Y una actriz: Sonja Kinski, hija y nieta de los también actores Nastassja Kinski y Klaus Kinski, que ayer se paseaba por el lugar como una hermosa sirena desterrada del agua; discretísima. Ella protagoniza 'Goner', el filme violento que presenta Aïda Ruilova, otra de los creadores participantes junto al ya citado Balanza, Kristoffer Ardeña y el colectivo 'assume vivid astro focus', que les propone subirse a una pirámide psicodélica. Todo(s) ello(s), desde hoy -concierto inauguración a las 22.00 horas- y hasta el 24 de octubre.

Si deciden recorrer los cuatro espacios expositivos de La Conservera por orden numérico, sepan que la calma total, con un punto de siesta en penumbra y un extraño toque murciano, les espera para cantarles al oído en el Espacio 1, donde el filipino Kristoffer Ardeña, pequeño y nada matón, nacido en 1976 y residente en España, plantea en 'Homage: Murcia' -un proyecto producido para La Conservera-, un discurso popular construido a través de la música -en concreto utilizando ¡el himno filipino!-, que pretende «investigar la noción de canción como una unidad de lugar colectivo y de conocimiento» y «activar reflexiones sobre el carácter mediador de los contextos culturales». Ardeña ha contado para realizar esta obra -todavía en proceso-, con la implicación de un destacado grupo de músicos locales, entre los que se encuentra el Orfeón Fernández Caballero, protagonista de un vídeo que puede verse/oírse en la sala, que ha reinterpretado de forma muy singular -hay que verlo para creerlo y hay que verlo para entenderlo- el citado himno filipino. Por otro lado, el Espacio 1 ofrece sentarse en cualquiera de las casi cien sillas, sofás y todo tipo de asientos que han cedido temporalmente los ciudadanos de Ceutí para que se pueda contemplar, más o menos atentamente, la proyección -¡observen la participación en ella de la directora del Orfeón Fernández Caballero, Margarita Muñoz, todo un mini show!-.

Y tras la calma, el susto. De Caperucita Roja filipina y sus músicas inofensivas, al lobo feroz disfrazado de mujer: joven, nada de abuela todavía, artista visual estadounidense nacida en 1974 y llamada Aïda Ruilova; si les invita a su casa, piénsenselo dos veces, forasteros. Aïda Ruilova convierte la violencia en estado puro en música -claro: infernal- que hipnotiza y desasosiega; empiezas a mirar para atrás, empiezas a ver sombras, haces recuentos de tus temores...; Aïda Ruilova protagoniza el Espacio 2 con sus trabajos en vídeo y también, ahora y por primera vez en España, en 35 mm. Miembro del grupo de música experimental Alva, Ruilova, con su clara estética fílmica casera y los potentes resultados de sus trabajos, consigue atrapar la mirada cada vez más desconfiada del público. En su trabajo, donde tienen mucho peso las experiencias sonoras más viscerales, los sonidos que utiliza «sirven tanto para reforzar la parte física de su estilo de filmación, el aislamiento y la claustrofobia», como también «el extremo estrés psicológico» al que alude a lo largo de su trabajo: duro.

Terror

En el Espacio 2A se proyecta en todo su esplendor oscuro 'Goner', -rodada en 35mm y producida por La Conservera-, una película de once minutos y medio de duración que cuenta con Sonja Kinski como única protagonista: la están matando, lentísima y apasionadamente, acuchillándola, desangrándola, mientras lucha aterrada como una fiera. La cámara es el agresor, ella es la víctima, loca o cuerda, no hay salida posible, la atmósfera es irrespirable, le parten la boca y el alma, contempla la escena un jarrón de rosas rojas, la sangre se va mezclando con el blanco celestial de las paredes de la habitación donde la ejecutan, y la banda sonora de la película es una partitura de jadeos, gritos, lamentos, golpes y el acero desgarrando carne y piel. Impacta; violencia física, psicológica, ¿locura?, un crudo acto de violencia cruda que no es ajeno a la influencia en la obra de Aïda Ruilova de los filmes de serie B, el género de terror (para adolescentes en ebullición y también para sus papás), las películas de cineastas como Jean Rollin o Roman Polanski y el mejor cine ruso.

Por si no tienen bastante con 'Goner', en el Espacio 2B se exponen los trabajos que componen 'The Singles 1999-Now', otros once violentos vídeos monocanales sincronizados, que actúan entre sí generando una demencial cacofonía en el lugar. Menuda música: «El murmullo de frases evocadoras o repetitivas, la respiración pesada, el rasgado de cuerdas de guitarra eléctrica, los discos de vinilo restregados contra el cemento, los gritos...».

Momento relax. Momento festivo. Se acabó la sangre, llegó la diversión. Puro espectáculo. Un respiro. Un gusto visual, un tiempo para el juego, la imaginación, la bobada saludable, la vida áspera a tragos. Entramos ahora en el Espacio 3, donde el colectivo artístico internacional 'assume vivid astro focus' ('avaf') -son dos: jóvenes y rabiosa y metódicamente disparatados en sus cada vez más celebradas propuestas- expone 'Aquí vivimos atisbando fantasmas', una experiencia sensorial y un punto o dos alucinógena que puede llegar a sobrecoger en mitad de un baño de frivolidad bien servida en una copa rebosante de buen humor. «No producimos objetos, nos dedicamos a crear espacios para que los espectadores tengan experiencias propias», dicen los miembros de 'avaf', que han construido un imponente mausoleo-pirámide-templo primitivo de tres alturas que es todo un apetecible disparate de colorido de vértigo. Divierte esta instalación-construcción a la que el público puede acceder -¡ojo: no matarse en el intento!- a lo más alto, siete metros y medio de altura, y descender por ella. La pirámide, explican, está revestida por paneles recubiertos por una selección de sus característicos papeles pintados o 'decals' (calcamonías), llenos de color y formas explosivas. Un templo homenaje a la música y la diversión que parece reinar sobre una gran pista de baile; sin música sonando.

Travestidos hinchables

La instalación ofrece el baile convulso y constante de cuatro figuras travestidas hinchables gigantes tituladas 'Skydancers' (bailarines del cielo), «que se erigen como descomunales fantasmas de sensualidad carnavalesca, moviéndose caprichosamente al ritmo de una música imaginaria». Travestismo entendido como demolición y reconstrucción al servicio de una obra desde cuyas alturas nos observa un ojo que todo lo ve; ¡cuidado, nos vigilan! Y más música, viajes, ídolos, mucho más buen humor, ironía(s) y un trabajo -pura y atractiva mezcla de lenguajes urbanos- bien resuelto: el que ofrece Eduardo Balanza (Murcia, 1971), en el amplísimo y luminoso Espacio 4: 'Remixes. Arqueología de las pistas de baile', todo un jugoso, relajante, agudo y lleno de 'estrellas' viaje plástico-musical. Bailando.

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