Tras los pasos de su madre

«A mi madre la debieron matar antes o después de salir de la casa-cuartel de la Guardia Civil a la fuerza», declara su hija Irene La familia de una desaparecida en el cuartel de La Unión en 1947 solicita que reabran el caso

JOSÉ ALFONSO PÉREZLA UNIÓN.
Irene Pozo sujeta un retrato de su madre, Juana Rodríguez, junto a su marido, Roque García. A la derecha, Juana y José Pozo, su esposo. ::                             J.A. PÉREZ/
Irene Pozo sujeta un retrato de su madre, Juana Rodríguez, junto a su marido, Roque García. A la derecha, Juana y José Pozo, su esposo. :: J.A. PÉREZ

Irene Pozo Rodríguez no se rinde. Desde 1980, poco después de la llegada de la Democracia, está luchando, ayudada por su marido, Roque García, por saber qué le pasó a su madre, Juana, desaparecida el 27 de abril de 1947, cuanto tenía 29 años. Ahora, coincidiendo con la plena actualidad de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, vuelven a pedir a «cualquier instancia judicial, o a los fiscales» que les ayuden a aclarar el caso. Eso, aseguran, no significa «practicar montones de pruebas, desenterrar tumbas, ni llamar a declarar a nadie, sino pedirle a la Guardia Civil la información real sobre lo sucedido».

El matrimonio formado por José Pozo y Juana Rodríguez Chaparro había llegado al Cuartel de la Guardia Civil de La Unión desde su tierra natal, El Campillo (Huelva), con dos crías, Coral e Irene. Allí tuvieron a su tercer hijo, José. Esa madrugada, cuando Irene tenía 3 años, su madre desapareció y nunca se supo más de ella. En este tiempo, Irene y Roque lo han intentado todo para conocer la verdad. Se han movilizado por ámbitos judiciales y políticos como la Dirección General de la Guardia Civil, Defensor del Pueblo, Casa Real, Ministerio del Interior, Comunidades Autónomas, Diputaciones Provinciales, Ayuntamientos de capitales de toda España, Congreso de los Diputados, Senado e infinidad de instancias judiciales.

Lo máximo que han conseguido es un informe privativo de la Guardia Civil, realizado entre mayo y julio de 1947, que se decanta por la hipótesis del suicidio: «Juana abandonó el cuartel por la puerta trasera y se habría precipitado por un pozo minero». En opinión de Irene y Roque, se trata sólo de una «manipulación» porque toma como única prueba la declaración de Coral, la hija mayor del matrimonio, de 6 años, quien «supuestamente, ella y nadie más» la vio salir de madrugada por aquella puerta.

El informe, sin embargo, sí abunda en sucesos anteriores a la desaparición, como el romance de José Pozo con Cayetana, la hija del cabo Segura; los malos tratos de Pozo a su mujer; el enfrentamiento de Juana con los Segura para salvar a su familia, y la ocultación de estos hechos por varios guardias a sus superiores. Pese a que esa documentación no aclara qué le pasó a Juana, el coronel de la Quinta Compañía determinó la separación del Cuerpo de varios guardias civiles, entre ellos Pozo y el Cabo Segura, y la expulsión de varias familias completas de la Casa-Cuartel.

Irene y Roque se muestran «completamente seguros» de que la Guardia Civil posee «otro 95 % de documentación en el que figuran testimonios de lo realmente sucedido aquella madrugada», y es lo que quieren conocer «para descansar tranquilos». Este matrimonio, residente en el barrio cartagenero de Los Dolores, a tenor de sus investigaciones y de varios testimonios ajenos a la Casa Cuartel, sostiene que «a Juana la debieron matar antes o después de salir de la Casa-Cuartel a la fuerza».

Por encima de todo, destacan la confesión de una vecina del cuartel, que, quizá remordida de conciencia por no haberlo dicho antes, les llamó tras ver el caso en el programa de Lobatón 'Quién sabe donde': «Esa madrugada vi cómo sacaban por la puerta principal del cuartel un cuerpo envuelto en una sábana». También se hacen eco del testimonio del sepulturero, quien, antes de morir, habría confesado que enterró «bajo amenaza de muerte del guardia Pozo» el cadáver de su mujer.

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