Atalaya con vistas al río

El Cañón de Almadenes permite descubrir el Segura más potente y asomarse desde un balcón a su vertiginosa garganta

Vista del rápido curso del río Segura en el tramo de la impresionante garganta de Almadenes./
Vista del rápido curso del río Segura en el tramo de la impresionante garganta de Almadenes.

La ruta del Cañón de Almadenes es una de las más apreciadas por los senderistas, de la Región o de fuera de ella, tanto que es ésta y no otra la ruta que encabeza muchos de los listados de belleza natural en la Comunidad Autónoma de Murcia realizados por asociaciones de senderistas. Y no es para menos ya que, junto a su sorprendente belleza y perfecta conservación, suma su singularidad paisajística, botánica, faunística y geológica. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este recorrido, circular y de unos once kilómetros, no es apto para todo tipo de públicos.

La señalización del recorrido es casi inexistente (salvo algunas confirmaciones del GR -líneas blanca y roja paralelas- y algún mojón por el camino) y en algunos puntos se hace difícil transitarla (como ocurre cuando se inicia el descenso al cañón, donde una especie de escaleras 'pseudonaturales' son el acceso a la ribera del río, o, ya junto al río, una pasarela que sólo conserva los hierros, si alguna vez tuvo maderas, y cuyo paso dificulta el tronco de un árbol que lleva ahí años sin que nadie lo remedie).

No es recomendable hacerla con niños, ya que el sendero se acerca peligrosamente al cortado de la garganta y cualquier resbalón puede acabar con la diversión. Y tampoco es apta para personas con vértigo, porque aunque se pueden escoger muchas sendas, algunas le aproximarán al precipicio del cañón y otras, más alejadas, le mantendrán en terreno seguro; para disfrutar de la grandeza, la potencia, la bravura y la belleza del Cañón de Almadenes, tendrá que asomarse a la vertiginosa garganta en la que se encajona el río Segura entre el remanso que antecede a la presa de la Mulata y el que sucede a la Central Eléctrica de Almadenes.

Con estos calores, tampoco puede olvidar llevar gorra y agua en abundancia, así como protector solar, ya que, aunque hay suficientes pinos como para hacer altos en el camino a la sombra, el recorrido discurre, hasta que se desciende al cañón, a pleno sol, y una vez se cruza el río por la Presa de la Mulata, el camino vuelve a ser a cielo abierto, ahí ya sin ninguna protección posible.

Para quienes padecen vértigo pero están en buena forma física, quizá la solución sea iniciar la ruta en la presa de la Mulata, lugar donde comienza en verano el descenso del Cañón de Almadenes en balsas neumáticas. Ya que en este sentido, las complicadas escaleras de acceso al cañón se convierten en una ascensión en lugar de en un vertiginoso descenso, lo que permite engañar a los sentidos.

Paredes verticales

Si la opción escogida para disfrutar de esta privilegiada zona natural -que podría deteriorar una ya anunciada y futura canalización del agua del Tajo- es hacer la ruta circular completa, llévese las viandas oportunas, ya que el recorrido se prolongará cerca de cinco horas, sobre todo si lo hace acercándose a los bordes de las paredes verticales que ha horadado a lo largo de las centurias la furia del Segura a su paso por este tramo, y espere a hacer la parada larga a estar dentro del cañón, donde la temperatura es mucho más fresca y agradable, sobre todo ahora que parece que ya ha entrado con fuerza el verano murciano. También es recomendable que lleve prismáticos y que madrugue, así, a la hora de la comida estará de vuelta en la Central Eléctrica de Almadenes con el buen sabor de boca que disfrutar de un lugar tan especial deja en el caminante. En este caso, deberá seguir el sendero descendiendo y ascendiendo pequeños y medianos ramblizos que desembocan en el cañón. Unos postes de luz de madera, que da la sensación de que nunca llegaron a usarse, le indicarán la proximidad del punto en el que se inicia el descenso al cañón, pasado el mirador que desde la Cueva de la Serreta se abre al río. Superado el tramo de las citadas escaleras, el estrecho sendero continúa pegado al río. En esa zona encontrará algún tramo en el que refrescarse los pies con la aún cristalina agua del río Segura.

Ya a la vera del río, plagada de álamos, adelfas, tarays, olmos y sauces, encontrará aún un pequeño escollo, la citada pasarela de hierro -como una escalera de incendios acostada- cuyo tránsito dificulta aún más el tronco de un árbol que algún día de intensas lluvias cayó y nadie ha retirado.

El río se cruza ya en la presa de la Mulata, donde deberá reponer fuerzas para salir de nuevo a la solana. El recorrido continúa por el margen derecho del cañón, mucho más relajado, pasa junto a la entrada a la Cueva de la Serreta -sólo se puede ver en visitas guiadas de octubre a mayo- y bordea el cañón hasta llegar de nuevo, admirando las paredes de la margen izquierda de la garganta, a la Central Eléctrica, donde inició el recorrido.

Asomarse al mirador

Si no se siente con fuerzas para realizar toda la ruta o superar el descenso al cañón, no debe renunciar a apreciar toda esta belleza. El recorrido le acercará hasta el balcón de Almadenes, desde donde se aprecia la garganta en toda su magnitud, y podrá regresar por el mismo camino. En unas dos horas puede estar de vuelta.