Adolfo Fernández, el 'sublime general'

'Contigo en la distancia', un libro que recoge sus experiencias y artículos, fue presentado en el Casino de Murcia

P. GÓMEZ
Adolfo Fernández, el 'sublime general'

Como es tan perspicaz, apenas había acabado el acto de presentación de su libro -'Contigo en la distancia'- y el cumplido de firmas, como marca el reglamento, Adolfo Fernández se dirigió a Marina, su nieta preferida, y le preguntó: «¿Qué palabras te han gustado más de todos los que han hablado?». Y la tierna chiquilla, no se sabe si con más inocencia que cordura, le contestó: «Las tuyas, abuelito». Los otros cuatro oradores (?) que intervinieron en el acto, celebrado anteanoche en el Casino, aguantaron el presunto desdén. Todos flotaban en un ambiente de amistad. Y es que el salón de actos del Casino estaba lleno de amigos, de aquí y de allá. Hay que reseñar la impaciencia vivida, ante el retraso en el inicio del acto, debido a uno de los habituales despistes de García Martínez, quien hasta había sido capaz de dejar en casa el libelo que contenía sus 'loas adolfescas'. Otro orador, Perico Soler, tuvo la osadía de llamar públicamente «abercoque» al olvidadizo. No fue a más el tremendo insulto.

El caso es que Antonio Díaz Bautista, en representación del Casino, fue quien mostró la satisfacción por que la entidad sirviera de ágora para presentar tan entrañable obra. Y Joaquín Caravaca, como director de Pictografía Ediciónes, tuvo a bien, como debe ser, hacer historia y gala de la calidad del volumen que se ofrecía al público, por, con toda precisión, veinte euros.

Luego llegaron los sentimientos, porque Pedro Soler aludió a la amistad y los recuerdos, y a las aventuras y las gestas vividas por Adolfo a lo largo de su curtida trayectoria, sin olvidarse de evocar la serie de apartados en que se divide este 'Contigo en la distancia', una colección de propias experiencias.

García Martínez -en su, al fin, recuperado texto- se mostró partidario de haber dado, si hubiese sido necesario, premio al texto y a la edición de 'Contigo en la distancia'; y con la añadidura de que escribía sobre Adolfo Fernández «sin prejuicios». Glosó a un Adolfo Fernández peculiar. «Un relámpago que no cesa, mejor que un rayo, pues el rayo es uno, desciende y te mata, lo mismo si eres cabra que pastor. Mientras que el relámpago es diverso y va de nube en nube, saludando e iluminando». Y lo comparó con el General De La Rovere, quien trató de sobrevivir, como su ingenio le dió a entender. García acabó de esta guisa: «Éste es el Adolfo que, a mi juicio, ha de pasar a la Historia. Mindango en ocasiones, sí, como usted y como yo, pero sublime en su humanidad, como el famoso General De La Rovere».

La intervención postrera de Adolfo fue emocionante. No quiso que se le olvidase de quienes han colaborado en el libro: la editorial o los veintidós reconocidos pintores, que tan bellamente ilustran las páginas, que se abren con aquella Gran Subasta a beneficio de los damnificados por las inundaciones de 1957, en Valencia. Recordó a personajes que en espacios muy distintos de la vida han marcado un hito y sirvieron de ejemplo. Citó también algunas de sus incursiones literarias, en las que se ha ocupado por igual de los problemas que afectan a su tierra murciana, o a las cuestiones puntuales que se ha encontrado en su diario e intranquilo trasiego. También a través de su pluma asoma la universalidad de Saavedra Fajardo o Salzillo. «El libro, de principio a fin -se atrevió a afirmar ante un público heterogéneo- es 'La Verdad', porque han sido las páginas de este periódico las que han alumbrado los artículos que se incluyen».

Adolfo se encontraba arropado por toda su familia, comandada por Conchita, su esposa; políticos, empresarios, catedráticos, periodistas, escritores, artistas… Y todos, más que esto o lo otro, amigos. O sea que, no se palpaba separación alguna pese a que se presentaba 'Contigo en la distancia'.

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