«Me quedé paralizado cuando los músicos de la Filarmónica de Berlín aplaudieron mi audición»

Joaquín Riquelme Viola en prueba de la Berliner Philharmoniker

PAZ GÓMEZ
«Me quedé paralizado cuando los músicos de la Filarmónica de Berlín aplaudieron mi audición»

Cuando sonaron las primeras notas de la 'Sinfonía de Sibalius' en el escenario de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Joaquín Riquelme García, sin perder el control de su viola, se transportó mentalmente a su casa familiar en el barrio murciano del Infante. Los CD y discos en vinilo de la Berliner Philharmoniker eran sus joyas. Sus padres, Joaquín y Carmen, tenían que cogerle de la oreja para que soltara el balón y acudiese al Conservatorio de Murcia. Por mucho que se resistió de pura pataleta adolescente, la música clásica se apoderó de su don innato. Con sólo 27 años Joaquín ya toca, desde febrero, en la Berliner Philharmoniker: «La mejor orquesta del mundo», como sentencia nuestro héroe en una breve visita a Murcia.

No es un exceso de ego, del que no hace gala en toda la entrevista. La revista especializada 'Gramophone' considera que la Berliner Philharmoniker es la segunda mejor del mundo, tras la de Viena, en un 'ranking' de 20 orquestas.

«Aún no me creo que sea uno de ellos. Miro a mi lado y veo sentado a Emmanuel Pahud y a otros grandes de los que compraba discos y tenía fotos en mi casa. Todavía me quedo embobado pensado: '¡Soy uno de ellos!'».

Y se le nota que aún no ha interiorizado el salto de gigante que ha dado a sus 27 años, cuando sus ahora colegas rondan los 40 años. Su novia, también intérprete de viola, le ayuda a contar lo que ocurrió el día de la audición ante los 128 músicos que componen esta prestigiosa orquesta:

-Cuando terminé la audición, la prueba para acceder a la plaza, me aplaudieron.

-¿Eso es habitual?

-Me quedé paralizado. Eso no pasa casi nunca. El nivel de exigencia es tan alto que a mí me da hasta vergüenza contarlo, pero como ella lo ha dicho...

La Filarmónica de Berlín es un ejemplo de democracia. Los propios componentes eligen, en votación, quién será su director. Y los contratos se realizan tras obtener el beneplácito de la mayoría en codiciadas, competitivas y exhaustas audiciones. Joaquín recuerda que a él, que asistía a un Máster de Viola en Berlín, le pasaron directamente a la segunda ronda de aspirantes, pero ni siquiera por esas alcanzó a imaginarse a sus profesores y mitos aplaudiéndole en una 'batalla' por un puesto.

Su carrera ha sido fulminante. Aunque él goza ya de un contrato de prueba por dos años -«es que son muy duros, de verdad»- con un sueldo respetable, no se olvida de tantos y tantos compañeros que malviven de la música clásica «haciendo bolos». Por eso aprovecha para criticar que «la Orquesta Sinfónica de Murcia ya no tenga la Orquesta de Jóvenes. Tenía a chavales del Conservatorio de 10 a 16 años. Además de ser una cantera de futuros profesionales, era una forma de hacer amigos y no estar alejado de lo que hace el resto de críos de tu edad. Tú quieres dar patadas a un balón, no ir a clase cada tarde. Esta opción facilitaba la vida social con el aprendizaje técnico».

Horas y horas de práctica

Su viaje a Murcia fue precisamente para tocar como solista con la Orquesta Sinfónica de Murcia y recibir el Premio Promúsico 2009, en la modalidad de intérpretes individuales. Se siente a gusto en Berlín después de mucho vagar. «Lo primero es alcanzar una base técnica de calidad altísima y, encima, debes tener algo diferente, especial, a la hora de interpretar, lo que tú le imprimes a la viola».

Para granjearse ese bagaje técnico se fue a estudiar el nivel superior a Madrid y luego inició el máster en Berlín, pero con viajes de ida y vuelta continuos a Barcelona. «Cuando estudiaba en Berlín la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña convocó una plaza de viola asistente y eché la instancia junto a otros 40. Gané y me pasé tres años yendo y viniendo de Barcelona a Berlín». Tenía 23 años.

A pesar de que ya había trabajado profesionalmente para una orquesta sinfónica, Joaquín destaca el nivel que demanda la Filarmónica de Berlín: «Ensayamos dos días durante dos horas y media, y al tercero es el ensayo general y se acaba el tiempo para aprender. Ya sales a tocar. Por eso hay que practicar mucho en casa, para no perder destreza y llegar a la calidad que se supone tienes para estar ahí. No van a frenar para esperarte, lógicamente. La gente a veces nos dice que los músicos sólo trabajamos dos horas al día, pero en realidad estás siempre ensayando y ensayando a solas. Esas horas no se ven».

¿El siguiente reto? «Pues consolidar mi plaza cuando pasen los dos años, que lo votarán. Y no quiero irme a otra orquesta. ¡Ésta era mi sueño!». Ni el alemán ni la frecuente nieve ni la distancia merman un ápice su ilusión. «A Berlín sólo le faltan las marineras».