La Inspección de Trabajo peina fiestas vecinales en busca de orquestas no dadas de alta

LOLA GUARDIOLA

Acecho a los espectáculos de música, teatro, danza, guiñol, juegos, sorteos o habilidades en la vía pública, en sedes vecinales, hogares de la tercera edad e incluso locales privados. El Ministerio de Trabajo está decidido a que aflore la economía sumergida y estos colectivos de artistas amateurs o empresarios 'dinamizadores sociales', que en muchos casos poseen otra actividad principal, están siendo objeto especial de vigilancia. A ello contribuye sin duda la precariedad de las arcas públicas estatales.

Cuatro casos recientes han transcendido en locales de Cuevas de Reyllo y Balsapintada (ambas pedanías de Fuente Álamo), Algezares (Murcia) y Santomera. En el primer caso, los inspectores clausuraron y denunciaron el 'bingo familiar', con asistencia laboral de menores, que se estaba celebrando. El de Balsapintada fue el más sonado, puesto que la Policía tuvo que intervenir en una maratón de poker. En el tercero, un trío musical tuvo que dar por concluida su actuación en el descanso después de que los inspectores, presentes desde el inicio de la verbena, se identificaran y multaran al grupo como 'empresa' y a los músicos individualmente. Y en Santomera, algo similar acabó con una sanción de 800 euros a cada uno de los siete músicos de una orquesta que no estaba dada de alta.

A pesar que no existe ninguna asociación que los aglutine, grupos y orquestas de la región han hecho circular mensajes de correo por la Red en los que danllegan incluso a decir que «van a acabar con la música».

«La gente esta quemada e indignada con esta caza de brujas», asegura Leo Fernández, vocalista del grupo 'Sin Tregua', que vaticina la disolución de bandas amateur para las que no es rentable darse de alta para luego tocar «por cuatro perras» o cambio de «copas gratis».

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