Martínez Rizo, un cronista en el Cantón

Isidoro Martínez Rizo fue un singular cronista oficial de Cartagena que vivió la época cantonal

JOSÉ MONERRI
Calle Martínez de Rizo, en pleno corazón del barrio Peral ::
J. M. RODRÍGUEZ / AGM/
Calle Martínez de Rizo, en pleno corazón del barrio Peral :: J. M. RODRÍGUEZ / AGM

Isidoro Martínez Rizo fue un singular cronista oficial de Cartagena que vivió la época cantonal, fue amigo de Isaac Peral, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia y vivió la época cantonal renunciando a ser de la Junta pese a ser elegido por unanimidad.

Martínez Rizo nació en Cartagena en 1828 y se casó en 1852 con una guipuzcoana, en primeras nupcias, y en segundas con una prima suya llamada Teresa Rizo, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos llamados Apolo, Teresa, Isidoro y Cándida. Tenía una droguería en la calle del Carmen e introdujo en la ciudad -según cuenta su bisnieto José Luis Martínez Moscardó- las pesas del sistema métrico decimal, hecho que anunció la prensa.

Mantuvo amistad con Isaac Peral, con quien mantuvo correspondencia y asistió a la botadura del prototipo del submarino en aguas gaditanas. Falleció en 1896, concretamente el 11 de noviembre, de pulmonía. El Eco de Cartagena, decano de la prensa de la provincia, insertaba la triste noticia diciendo que «el señor Martínez Rizo, cuya figura política tuvo singular relieve en la época revolucionaria, ha desempeñado cargos populares en la Corporación municipal, habiendo tenido la envidiable fortuna de que su nombre no haya sido discutido, cosa rara en esos tiempos en que nada se sustrae a la censura del capricho o de la pasión».

Los fechos y fechas

En esa obra, Isidoro Martínez Rizo pone de relieve su acendrado cartagenerismo que desarrolla en 1930 noticias, en la que trata de recoger gran parte de la historia de Cartagena no faltando pinceladas humorísticas y, lógicamente, los naturales antagonismos, no sólo desde el punto de vista municipal sino también desde el eclesiástico, con Murcia, cosa comprensible en una apasionado cartagenero, que estaba al tanto y vivía todos los problemas de su ciudad natal.

Rafael Herrera, que escribió el Prólogo de la primera edición de Fechas y fechos, califica a Martínez Rizo de «ciudadano honrado, modelo de constancia en el trabajo, amante ejemplar de la patria, hombre privilegiado por su cultura y sus condiciones nada comunes». Asimismo añadió que este libro es «el mejor publicado hasta ahora de historia cartagenera y base de obra más extensa».

La obra sólo abarca el período comprendido entre la reconquista de Cartagena a los árabes y finales del XIX, por lo que Herrera recomendaba al autor que escribiese sobre la historia primitiva de Cartagena, que tiene sus fuentes en Silio Itálico, Polibio, Diodoro Sículo, Pomponio Mela y otros.

De profesión, comerciante

Su información sobre el Cantón fue puntual, propia de testigo presencial. Es más, el 10 de noviembre de 1873, Isidoro Martínez Rizo renunció a formar parte de la Junta Cantonal, por desear permanecer retirado de la política activa. Había sido elegido con el número 10, por sufragio universal, el día 8, y figuraba con la profesión de «comerciante».

De las relaciones con Murcia relata un solemne acto de santa fraternidad que tuvo lugar en el Teatro Principal de Cartagena, el 8 de agosto de 1861. La comida, que comenzó a las ocho de la noche, terminó a las dos de la madrugada, amenizada con los acordes de la brillante banda del regimiento de Granada.

Con respecto a la recuperación de la silla episcopal para Cartagena, Martínez Rizo carga las tintas. Recoge una noticia del para Gregorio XIII, que expidió una decretal en la que se decía que «el obispo debe residir en la capital de su obispado, en la misma forma que el párroco es el lugar de su parroquial, por ser el obispo esposo de su Iglesia y estar ligado a ella con un vínculo espiritual».

Y niega que existiese la bula que se dio por Nicolás IV, en 1292, «que ni aparece ni es reconocida, resultando conculcado nuestro derecho hasta que no aparezca otra bula». Y también escribe: «su traslación a Murcia fue debida a causas pasajeras que ha mucho dejaron de existir».

Una materia predilecta del cronista fue el Santo y Real Hospital de Caridad y recogió la visita de Emilio Castelar, en 1862, que escribió en el álbum lo siguiente: «Si alguna vez hubiera dudado de los milagros de la Caridad, este hospital me convenciera de que la virtud es eterna como Dios que la inspira. Fundado por un soldado, prueba al que lo contempla que puede más la virtud pobre que el oro del poderoso».

El Ayuntamiento de Cartagena para perpetuar su memoria, dedicó a quien fuera tan gran cronista una calle en el barrio de Peral, entre las calles del Submarino y de Floridablanca, con Travesía a su nombre.

Fotos

Vídeos