'Huerta Escalable', de Izaskun Chinchilla y Antonio Abellán

¿Somos conscientes de las dificultades para conseguir y conservar suelo agrícola fértil a las que se van a enfrentar las próximas generaciones?

¿Cuál es el valor del catálogo de variedades vegetales locales en peligro de extinción?

¿Tiene sentido presumir de haber logrado para el Consejo de Hombres Buenos la declaración de Patrimonio de la Unesco mientras se consiente la desaparición de su milenaria actividad?

¿Por qué se han entubado miles de metros lineales de acequias sin que haya una justificación técnica -en cuanto al ahorro de agua- suficientemente compartida por implicados y expertos sino, más bien, un clamor en contra de esta medida?

¿Son acequias, partidores, molinos, norias y demás infraestructuras hidráulicas, patrimonio cultural, arqueológico y arquitectónico?

¿Es económicamente viable conservarlo sin integrarlo en una dinámica de uso productivo?

¿Tiene futuro una ciudad que apunta al millón de habitantes, sumando al núcleo urbano la corona de pedanías que bordean la huerta, sin un gran espacio natural próximo preparado para garantizar su calidad de vida?

¿Es sostenible mantener fijado el hábito de huir a la costa un tercio de los viernes del año?

¿Por qué en una tira de postales comprada en cualquier quiosco de la ciudad no aparece ninguna en la que el turista se lleve el recuerdo de una impactante experiencia huertana?

Aunque el proyecto ha sido ideado por arquitectos dirigiendo un equipo multidisciplinar, no contempla la realización de ninguna edificación. Sin ladrillo ni cemento, Huerta Escalable plantea la implantación de pequeños equipamientos o muebles urbanos que permiten disfrutar de un fin de semana de ocio sin poseer una vivienda ni hospedarse en un hotel al uso dentro del enclave. Para ello, se han diseñado doce instalaciones realizadas íntegramente con materiales biodegradables que permiten dormir al aire libre, bañarse en una acequia, cocinar productos recién recolectados o dormir la siesta entre plantas aromáticas.

Entre las plantaciones de moreras y limoneros emergen superficies de esparto, mimbre, o arpillera montadas en ligeros mástiles de madera que nos invitan a una forma de vida más natural y vinculada a un uso responsable del medio ambiente. Ante la creciente proliferación y éxito de instalaciones hoteleras consistentes en cabañas o casas en los árboles, es indudable que la materialización de Huerta Escalable supondría una experiencia turística y educativa que situaría a Murcia entre las iniciativas más innovadoras mundialmente.

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