Don Pasquale, a bordo de un crucero

OCTAVIO DE JUAN
Un momento de la ópera 'Don Pasquale', el sábado. ::
                             EDU BOTELLA/AGM/
Un momento de la ópera 'Don Pasquale', el sábado. :: EDU BOTELLA/AGM

De nuevo, lleno hasta la bandera. Y van tres, a falta solamente de 'La flauta Mágica' anunciada para el mes de mayo. De haber dispuesto de un 'plausómetro', tal vez hubiera sido esta sesión de 'Don Pasquale' la que hubiera marcado las cifras más altas en tiempo e intensidad, a lo que es bastante probable hubiera podido contribuir, además de los satisfactorios resultados que se dieron, la condición murciana de algunos de sus protagonista, como el caso de Curro Carreres, en su papel de director escénico, y del barítono José Antonio López, encarnando al doctor Malatesta, y con independencia del que, obviamente, corresponde a la Orquesta.

La comicidad y el esquematismo de esta pieza maestra de este género operístico, en la que al final el sentido común se impone sobre las interesadas apetencias de un viejo solterón, ha sido objeto de las concepciones más diversas y disparatadas. No fue, sin embargo, el caso de aquella que tuvo lugar en el Romea en la primavera de 1994, en un montaje procedente de Córdoba, debido a Francisco López, el mismo, precisamente, de la reciente 'Carmen' del propio Ciclo.

En su versión de la atractiva comedia de Donizetti, Curro Carreres se ha dejado seducir por la moda de los cruceros turísticos, tratando de dinamizar la acción por medio de camareros, remilgados deportistas, aseados empleados de limpieza que, a la postre, más enredan que dan «frescura y desparpajo» ( tomo las palabras del espléndido comentario de mi dilecto Antonio Díaz Bautista en 'La Verdad' del lunes 15 de este mes) a esta gloria del género. Pues, bueno. Pero sin duda la representación ganaría revisando la comprometida exposición del trompetista y dando una definición mayor a la escena final, sin ocultar, por otra parte, nuestro agradecimiento porque el imbroglio no pase a mayores, y se haga sin procacidades y con una extrema meticulosidad que no escatima algunos ocurrentes gags.

Contó, además, el prometedor escenógrafo murciano, coordinador, a su vez, de todo el ciclo, con un cuadro absolutamente válido de cantantes, entre los que el propio barítono Juan Antonio López fue uno de los más cualificados protagonistas, demostrando profesionalidad y seguridad vocal en el papel de Malatesta, en base a una estupenda voz de barítono lírico. Consumado intérprete como Don Pasquale da Corneto fue Alfonso Antoniozzi, en la línea del gran Sesto Bruscantini, y para quien el personaje no debe guardar ningún secreto. Ágil y desenvuelta estuvo María Rey-Joly, dueña de una consistente materia vocal acaso en momentos excesiva para la densidad y la ternura de una Norina que no es sólo una impostora interesada. La satisfacción mayor estuvo de parte del argentino Juan Francisco Gatell por su condición de tenor 'di gratia' dotado de un buen gusto y sensibilidad nada comunes. Intachable, por ejemplo, su Comé gentil. Magnífico el coro. Y más que premiosa la dirección de Fabricio María Carminati, ridículo en las retenciones de la Obertura e incapaz para conseguir un estilo y sonoridad adecuadas por parte de la Orquesta que permitiese siempre el lucimiento de las voces.

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