La última lección de Rosa María

La catedrática Rosa María Iglesias (c), arropada por sus compañeros. / vicente vicÉns / agm

La catedrática se despide de la UMU recordando a tres mujeres de su vida

LA VERDADMURCIA

Alabada por sus compañeros y admirada por sus alumnos, la catedrática de Filología Latina Rosa María Iglesias Montiel se despidió ayer de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia entre muestras de cariño y con una última clase magistral sobre Ovidio, «un poeta romano que apuntaba maneras», un autor que la entusiasma, al que ha dedicado gran parte de sus investigaciones científicas y al que no podía dejar de dedicar su último espacio lectivo. Una lección magistral que la profesora no pudo comenzar sin antes recordar «a tres mujeres que han marcado mi vida. La primera de ellas, mi madre, que siempre fue abriéndome caminos y que, el día que nací, lo único que deseaba era que yo llegase a hacer el bachillerato. La segunda, Francisca Moya -profesora emérita de la UMU-, aquí presente, que en el peor momento de mis estudios me animó a seguir y gracias a ella soy filóloga clásica. La tercera, la profesora Álvarez, Chelo, con quien compartí piso mientras opositábamos. A todas ellas debo mucho», dijo en señal de un eterno agradecimiento y luego, sobre su labor docente en la universidad, añadió que «algo debo haber hecho bien cuando incluso aquellos alumnos a los que he suspendido en varias ocasiones me están agradecidos».

«A mi madre, a Francisca Moya y a la profesora Álvarez. A ellas debo gran parte de lo que soy»

En el acto de homenaje, elogiaron a Rosa María el vicerrector de Profesorado, José Antonio López Pina; su exprofesora y excompañera Francisca Moya; el director de departamento de Filología Clásica, José Carlos Miralles, y el decano de la Facultad de Letras, Pascual Cantos Gómez, quien confesó haber sido alumno de Rosa María en el curso 1984-85. «Ella me dio latín y fue la única persona que me hizo dudar entre inglés o clásicas. Y ahora creo que me equivoqué», dijo provocando las risas de los asistentes, porque «35 años después he vuelto a sus clases y he comprobado que las da con el mismo entusiasmo que lo hacía entonces». Todos ellos destacaron su dedicación «total y absoluta» a la universidad, una labor a la que «debemos mucho y que solo podremos valorar de verdad con el tiempo y con tu ausencia», finalizó López Pina.