«La tendencia a dormir la siesta se hereda; es beneficiosa para quienes están genéticamente predispuestos»

Marta Garaulet, en su despacho del edificio del LAIB, en el campus de la Salud de La Arrixaca. / Vicente Vicéns / AGM
Marta Garaulet, en su despacho del edificio del LAIB, en el campus de la Salud de La Arrixaca. / Vicente Vicéns / AGM

La investigadora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia, acaba de publicar un estudio en el que concluye que quienes trasnochan llevan peores hábitos de vida, aunque son modificables

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

Las investigaciones de Marta Garaulet nos ayudan a comer mejor, pero también a comer a la mejor hora y a llevar unos horarios más saludables. La catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia vive a caballo entre la Región y Boston, donde desarrolla buena parte de su labor investigadora como 'scientist' del Brigham and Women's Hospital, de la Universidad de Harvard. Junto a Beatriz Vera y otros investigadores de la UMU, Harvard y el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB), acaba de publicar un estudio que confirma la base genética que guía nuestro reloj biológico, aunque al mismo tiempo descarta que esté escrito en nuestros genes un mayor riesgo de padecer obesidad o riesgo metabólico por la única razón de llevar horarios más nocturnos. De todo esto reflexiona, también, en 'Los relojes de tu vida' (editorial Paidós).

-Sus investigaciones parten del hecho de que hay gente con tendencia a madrugar (cronotipo diurno) y otras a trasnochar (cronotipo nocturno). ¿A qué nos referimos cuando hablamos de reloj biológico y de cronotipo, y por qué se producen estas diferencias?

-Desde hace un tiempo sabemos que no todos somos iguales en nuestros horarios. Tal y como acabamos de publicar en 'Scientific Report', el que seamos nocturnos o diurnos depende, en un 65%, de nuestra genética. Así se demostró también en un estudio en gemelas: tienden a tener el mismo cronotipo, es decir, suelen levantarse y acostarse a horas parecidas, e incluso coinciden en si duermen o no la siesta. Todo esto se ve también muy claro en los universitarios: unos estudian por la noche porque son personas nocturnas, y otros eligen la mañana porque son personas diurnas o matutinas.

«Las personas nocturnas tienden a comer más, a tomar más alcohol y a realizar menos actividad física. Pero no es un riesgo genético, son hábitos que podemos cambiar»

«No podemos tenerlos dando tumbos a las once o las doce de la noche. Sufren disrupciones, alteraciones, que se asocian con la obesidad»

«El patrón italiano es ideal: comer sobre la una y media o las dos y cenar sobre las ocho y media»

-En concreto, ¿cuáles son las conclusiones de este estudio de 'Scientific Report'?

-Hemos confirmado, en un estudio con 2.126 personas en España, que esta tendencia a ser nocturno o diurno es genética. Hay más de veinte genes implicados que definen que una persona sea nocturna o diurna. También hemos comprobado que las personas nocturnas presentan un mayor riesgo metabólico asociado, es decir, tienden a ser más obesas, a tener más problemas de intolerancia a la glucosa, más diabetes, más riesgo cardiovascular. Pero lo bonito es que hemos demostrado que no se trata de un riesgo genético, no están predestinadas a estos problemas por su cronotipo nocturno. Es una cuestión de hábitos y, por tanto, es algo que se puede modificar.

-Pero, si no hay una predisposición genética, ¿por qué las personas con cronotipo nocturno tienen más tendencia a tener hábitos poco saludables?

-Hemos visto que la persona vespertina tiende a desayunar más tarde: si el matutino desayuna sobre las 8.30, el vespertino lo hace sobre las 9. También cenan más tarde, y tienden a ser más emocionales en sus conductas, incluidas las comidas. Es decir, tienden a comer más por emociones que por hambre, de forma compulsiva. Se suelen estresar más a la hora de ponerse a dieta. Comen raciones más grandes, suelen repetir plato, eligen alimentos más ricos en grasas y toman más alcohol. También comprobamos, en cuanto a actividad física, que en general se mueven menos. Se acuestan tarde, pero luego nos vamos a trabajar todos a la misma hora. Así que están más cansados y hacen menos ejercicio.

-¿Hablamos por tanto de desajustes y malos hábitos relacionados con el mayor descontrol en los horarios? ¿Influye el hecho de que la jornada laboral o académica y las actividades sociales están organizadas en base al cronotipo diurno?

-Así es. El problema es que la sociedad moderna, sobre todo la desarrollada, es una sociedad matutina. Sería bueno que estas diferencias en el cronotipo se tuviesen en cuenta, de forma que los individuos con cronotipo nocturno, sobre todo cuando es extremadamente nocturno, pudiesen elegir un horario más ajustado a su ritmo biológico: que pudiesen entrar más tarde y retrasar la salida, u optar por turnos más nocturnos.

-¿Estas personas tienden, por estas razones, a dormir menos, a tener más problemas de sueño?

-Sí, hay un acortamiento de las horas de sueño. Se tienen que levantar a la misma hora que el resto, pero en general se acuestan una hora y media más tarde. Esa falta de sueño parece ser uno de los factores que determinan este mayor riesgo metabólico del que hablábamos. Para mí, este estudio es muy interesante porque hay gente que cree que por ser nocturna ya está predestinada a tener peor salud, pero hemos visto que no es así. Podemos cambiar las conductas, porque son hábitos muy modificables: escoger qué cosas comemos, o cuándo las comemos, o si nos movemos más o menos. Modificando esas conductas podemos cambiar ese destino para que el que nos creemos predestinados.

-En otro estudio anterior, de 2013, concluyó que comer tarde aumenta el riesgo de obesidad.

-En 2013 publicamos un trabajo que fue el que abrió esta nueva ciencia, la crononutrición. Lo que vimos es que gente que estaba en tratamiento dietético y comía más tarde perdía menos kilos -hasta tres o cuatro kilos menos- que quienes comían pronto. Luego confirmamos esto también en personas sometidas a cirugía bariátrica. Seis años después de la operación, aquellos que comen más tarde presentan menor pérdida de peso o mantienen peor esa pérdida de peso. Pero ahora acabamos de publicar, en la 'American Journal of Medical Nutrition', en colaboración con la Universidad de Harvard, otro estudio que añade algo muy interesante: no es el reloj el que marca si se come demasiado pronto o tarde, sino el horario interno de cada uno (el denominado reloj biológico), algo que medimos con un marcador que es la melatonina. Por eso el cronotipo es tan importante. Así, vemos que quien cena tarde respecto a lo que marca su reloj interno, tiene más riesgo de obesidad.

-Hay un debate abierto en estos momentos en España sobre los horarios. Se suele abordar desde el punto de vista de la conciliación de la vida familiar y laboral, algo que por supuesto es importantísimo, pero la cronobiología abre otra perspectiva, la de la salud. ¿Se debe incorporar al debate?

-Sí. Desde esta perspectiva vemos, por ejemplo, que la siesta en el sur de España es importante. En un estudio que tiene a Jesús López Mínguez como primer autor, y en colaboración con el profesor Juan Ramón Ordoñana, de la UMU, hemos comprobado que la tendencia a dormir la siesta se hereda. Hay gente que de forma natural tiende a dormirse o a estar adormecida aunque tenga todo en contra, y otra que no. En nuestra temperatura corporal periférica hay una subida de tres a cinco de la tarde que es independiente de la comida y que parece asociarse con esa mayor tendencia a dormir la siesta. En el sur de España, de forma natural estamos preparados para dormir siesta porque en las horas del mediodía no se puede hacer otra cosa. Ya se comprobó en moscas: las moscas de Suecia, las nórdicas, no duermen la siesta, y las africanas sí. Por eso la jornada partida en el sur de España tiene mucho sentido, sobre todo en verano.

-¿La siesta es siempre beneficiosa o puede también ser perjudicial, desde el punto de vista de la salud?

-No se sabe todavía si la siesta es beneficiosa o no. Nuestra hipótesis, que todavía está por comprobar, es que a aquellos que genéticamente necesitan siesta, les favorece, y al resto no. La siesta no es beneficiosa para todo el mundo, sino para quienes tienen esa tendencia natural.

-¿Hacer lo que 'nos pide el cuerpo', como manda la sabiduría popular?

-Efectivamente, yo creo que van por ahí los tiros. De todas formas, ahora hemos solicitado un proyecto al Gobierno de EE UU para estudiar los genes relacionados con la siesta. Ha sido muy sorprendente saber que existe esa predisposición genética, y queremos contrastar los datos que hemos obtenido en España con los de Estados Unidos.

-Algunos estudios señalan que una siesta corta, de unos veinte minutos, puede ser beneficiosa, mientras que dormir durante demasiado tiempo podría generar problemas.

-Efectivamente, hay muchos estudios contradictorios, porque depende del país, de la cultura. Lo que está claro es que, en los países mediterráneos, la siesta parece ser beneficiosa. ¿Debe incorporarse este hábito en países nórdicos o en Estados Unidos? No está tan claro. Como ha comentado, hay estudios que coinciden, aunque todavía haya que confirmarlo, en que una siesta larga, de una hora u hora y media, puede no ser beneficiosa. Nosotros mismos hemos visto que la siesta larga se asocia con obesidad. Pero no se sabe si es debido a que por ser obeso duermes más o a que esas siestas largas favorecen la obesidad.

-¿Qué otros aspectos tendríamos que tener en cuenta en nuestro horario habitual?

-Estamos viendo que una comida principal al mediodía, como ocurre en España, es mucho más saludable que hacer la comida principal por la noche, como sucede en otros países. Así que esto habría que mantenerlo. Al ser una comida principal, nos permite contar con una dieta más cercana a la mediterránea. Es mucho más difícil cenar lentejas, garbanzos, habichuelas o paella, que comerla al mediodía. No sería aconsejable, de hecho, cenar este tipo de platos. Para poder mantener un patrón de dieta mediterránea, la comida principal debe hacerse al mediodía, y debe incluir estos contenidos de legumbre, arroz, pasta, etc.

-Pero las jornadas partidas, que a veces se alargan hasta pasadas las ocho de la tarde, ¿no conllevan también problemas desde el punto de vista de la salud?

-Lo ideal sería el patrón italiano. Es muy parecido al nuestro pero se adelanta todo una hora. Comer a la una y media o dos, en lugar de a las tres, y cenar sobre las ocho y media. De media nos acostamos sobre las doce, así que como muy tarde deberíamos cenar a las nueve y media para dejar unas dos horas y media entre la cena y el momento de ir a la cama.

-El 'prime time' de las televisiones se retrasa cada vez más. Para ver una serie o una película hay que esperar casi hasta las once.

-Esto no nos conviene. En los últimos 30 años hemos retrasado nuestros horarios en una hora y media, casi dos. También hemos acortado el sueño, de nueve horas a seis horas y media. Antes, los niños se iban a la cama a las nueve. No puede ser que tengamos a los niños dando tumbos hasta las once o las doce, sobre todo en invierno. Deberíamos ser más rígidos con sus horarios. Hemos publicado ya varios estudios en 'Clinical Nutrition' sobre este asunto, con Nuria Martínez Lozano. Estamos definiendo, aquí en Murcia, el cronotipo en niños, y estamos muy impactados porque ya en edades de 8 a 12 años nos estamos encontrando con alteraciones, cronodisrupciones que se asocian con la obesidad. Estas disrupciones se producen por muchas cuestiones, entre ellas porque estos niños están mal sincronizados, su reloj interno está desincronizado con los horarios que llevan.

-También está en discusión el cambio de hora. ¿Desde el punto de vista de la cronobiología y la crononutrición, sería aconsejable eliminarlo o mantenerlo?

-Realmente no es tan sencillo llegar a una conclusión, porque hay épocas del año en que nos conviene cambiarlo y otras no. Por ejemplo, el hecho de que en España tengamos en verano un horario tardío nos favorece porque hace mucho calor.