Sumas y restas

No hay mejor pegamento que el poder. Para conservarlo, Sánchez llegó a un acuerdo con Iglesias, que tiñó de morado el embrión de las cuentas públicas. Y mientras la izquierda se une para gobernar, la derecha se cuartea en la oposición

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

El órdago independentista catalán está fuera de control, se aprecian síntomas de desaceleración económica y crece el número de ministros envueltos en polémicas que, si pudieran, dejarían hoy, mejor que mañana, el Ejecutivo de Pedro Sánchez. En mitad de este escenario político y económico tan incierto y volátil, lo único que parece seguro es que el presidente del Gobierno no piensa adelantar elecciones y está dispuesto a lo que haga falta para agotar la legislatura en La Moncloa. Por si había alguna duda, el propio Sánchez lo explicitó el pasado viernes en los corrillos del Palacio Real, tan solo un día después de la teatral firma del pacto presupuestario con Pablo Iglesias. Desprovisto de la suficiente concreción en cifras de gastos e ingresos, y con numerosas medidas que rebasan lo puramente presupuestario, ese documento pactado con Podemos no es tanto un texto base para elaborar unos Presupuestos Generales del Estado como un acuerdo programático y de confluencia preelectoral. Acosado por PP y Ciudadanos a cuenta de su tesis y las revelaciones sonrojantes que afectan a sus ministros (Borrell es el último de la fila), Sánchez se ha entregado sin disimulos a Iglesias para sobrevivir políticamente y éste no ha desaprovechado la oportunidad para imprimir el sello de su formación al embrión de unas cuentas públicas que todavía necesitarán del apoyo de los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes, más el visto bueno final de la Comisión Europea para comprobar si se cumplen los objetivos de estabilidad presupuestaria. Hoy ya nadie duda de que Sánchez hará lo necesario para lograr esos apoyos. Llegado el caso, aunque en su día pidió a Mariano Rajoy que se fuera si no aprobaba los Presupuestos, es muy posible que recurriera a otra prórroga de las cuentas heredadas del PP. La cuestión es mantener a cualquier precio el poder conquistado, un extremo que con solo 85 diputados se estaba revelando improductivo. El salvavidas lanzado por Podemos también beneficia a los morados, que venían hundiéndose en las encuestas y ahora podrán exhibir una influencia directa en la gobernabilidad del país.

Habrá quien piense que a Pedro Sánchez le pueden hacer mella los abucheos y pitos a su llegada al desfile del pasado 12-0. Al contrario, sacará provecho político de esa circunstancia, que ya se ha convertido en una anécdota recurrente para los presidentes socialistas. Lo mejor para las aspiraciones del líder del PSOE es precisamente que la derecha más vociferante se manifieste de esa forma y vaya tomando cuerpo y protagonismo. De ser cierto el crecimiento de Vox, reflejado por la polémica encuesta del CIS que dirige el socialista José Félix Tezanos, empieza a dibujarse un escenario inmejorable para Sánchez: mientras la izquierda se une y suma para conservar el poder, la derecha se cuartea desde el centro a su extremo, restando posibilidades a los populares. No hay mejor pegamento que la ocupación del poder. Y nada divide más que pasar a la oposición.

Esta tendencia se puede agudizar en la Región. Además de Ciudadanos, PP y Vox hay que contar con Somos Región, la formación liderada por Alberto Garre. Todo un cóctel explosivo para el PP, si a lo anterior se añade la circunscripción única de la nueva ley electoral. Durante las últimas dos décadas, la Región de Murcia ha mostrado una mayoría sociológica de centroderecha, pero esta dejó en los últimos años de ser monolítica y se fragmentará aún más en términos de escaños con la nueva ley. A día de hoy, el gobierno de los populares murcianos está, por primera vez desde los noventa, completamente en el alero si esa división se plasma en las urnas. Nada de todo esto se les escapa a los dirigentes populares, que desde la victoria de Pablo Casado han fijado una posición más contundente frente al desafío independentista para frenar los réditos obtenidos por Ciudadanos y el crecimiento de Vox. Mientras la derecha regional encara su división, esperando ahora que su electorado se movilice por el pacto PSOE-Podemos, la izquierda murciana mueve ficha para aprovechar su primera oportunidad real de gobierno desde 1995. El líder regional de Podemos ya avanzó su voluntad de llegar a acuerdos con el PSOE de cara a las próximas autonómicas, lo que parece muy factible por el entendimiento entre Óscar Urralburu y Diego Conesa. El próximo mes, la nueva encuesta del Cemop mostrará la correlación de fuerzas a solo seis meses de las elecciones autonómicas. Todos en la clase política murciana saben que los comicios del próximo año van a estar muy influenciados por lo que suceda en la política nacional. De tal forma que es muy posible que el próximo sondeo electoral refleje el impacto entre los votantes del pacto PSOE-Podemos y el alto grado de división en la derecha. Será revelador por la proximidad de la cita con las urnas en la más incierta situación política vivida en décadas.

 

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