Diez años después

El barco que llevó el tsunami hasta Banda Aceh (Sumatra) ahora preside una plaza. :: jewel samad/ reuters
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El barco que llevó el tsunami hasta Banda Aceh (Sumatra) ahora preside una plaza. :: jewel samad/ reuters

ANTONIO CORBILLÓN

Vio usted la película esa sobre el tsunami? ¿Le parece realista? Pues solo es un 10% o un 15% de lo que sucedió de verdad». A sus 71 años, José Padín celebrará este 26 de diciembre junto a su mujer, Pía Stutz, como si «fuera un cumpleaños». La «prórroga de nuestra vida» y el décimo aniversario del maremoto que anegó miles de kilómetros en las playas de Asia y se tragó la vida de al menos 230.000 personas. Todos los 26 de diciembre es una fecha de sentimientos encontrados para los que sobrevivieron. El director de cine Juan Antonio Bayona, que puso imágenes a todo aquello en 'Lo imposible' (la película que no quiere nombrar José Padín), se dio cuenta al hablar con los supervivientes cuando preparaba su guión de que «lo más duro empezó cuando se retiraron las aguas. Ahí empezó lo imposible».

Familia de película

El director Juan Antonio Bayona llevó al cine la increíble historia de esta familia española, de vacaciones en Tailandia cuando ocurrió la tragedia. Hoy, la doctora y abogada María Belón, que en la película es Naomi Watts, da charlas de superación personal. Enrique Álvarez (Ewan McGregor), directivo de Johnson & Johnson, ha sido ascendido. Lucas, el hijo mayor que acompañó a su madre durante toda la odisea, estudia Medicina, dispuesto a cumplir lo que le dijo a María al salir del hospital tailandés donde le atendieron: «Esto no me vuelve a pasar, que no sepa distinguir un antibiótico de otro». Tomás, el mediano, cursa Políticas y Filosofía. Simón aún no sabe qué hacer con su futuro. Según su madre, «está preguntándose cada día qué profesión debe escoger para ayudar a los demás».13.500millones de dólares (unos 10.000 millones de euros) recaudó la comunidad internacional. El 40% llegó de aportaciones particulares. Todo era poco para atender al 1,7 millones de personas que perdieron su hogar y a los cinco millones de damnificados en los 14 países a los que llegaron las grandes olas y sufrieron destrozos.

¿Cómo gestionar con uno mismo sentimientos encontrados? La felicidad por la fortuna de sobrevivir. O la rabia por lo mismo. «Yo no merezco estar con vida, pero la vida no es justa. Solo es muy peliculera», ha dicho alguna vez María Belón, cuya familia (su marido y sus tres hijos, todos sobrevivieron) inspiró 'Lo imposible'.

Anclado en su finca con huerto de la parroquia de San Martín de Sobrán (Vilagarcía de Arosa), Padín casi ha logrado borrar todo aquello de su mente. «Uno tiene que olvidar esas cosas. Doy gracias a Dios porque he dejado de soñar». Para lograrlo ya no visita el pueblo de Khao Lak en Phuket, esa península de Tailandia que se adentra en el océano Índico como un cuchillo. Lo hizo año tras año tras la debacle natural porque allí siguen viviendo su hijo y dos nietos. Desde hace cuatro no encuentra fuerzas ni razones. A poco que se tira del hilo de su conversación vuelve la pesadilla. Él y su mujer suiza lograron ponerse a salvo porque «aún estábamos fuertes y corrimos más que el agua». Después trató de ayudar a todos los que se encaramaron a su edificio salvavidas. Como aquella mujer a la que la fuerza del agua se la arrancó a José de entre las manos.

Diecisiete españoles fueron repatriados de esta región tailandesa. Casi todos han gestionado su «prórroga» desde el silencio como forma de cura del inevitable shock postraumático. Algunos echan aún más 'candados' en estas fechas para que nada ni nadie les devuelva a aquellas costas. «Nunca hemos dicho nada y tampoco ahora. Además nos vamos de vacaciones». El guipuzcoano Jorge Ormazábal, su mujer María José Figueroa y sus dos hijos acompañaban a José Padín en el avión de la Fuerza Aérea Española que les repatrió desde Phuket. El gallego recuerda que le envió «varios correos pero nunca me contestó». A esta familia vasca, que reside en Hendaya, el reflujo de la gran ola les arrastró mar adentro, donde fueron recogidos por una patrullera tailandesa. En el Sofitel, el complejo hotelero que ocupaban, murieron unas 800 personas.

«Fue un regalo increíble»

El rostro, las palabras y el grito más terapéutico de la victoria de la vida lo ha puesto siempre María Belón. Médico de formación, esta madrileña lleva varios años recorriendo el mundo y contando cómo encaró el día después del milagroso reencuentro familiar que narra 'Lo imposible'. Ha relatado muchas veces que aquello «fue un regalo increíble». Que desde entonces «el tiempo desaparece y, aunque han pasado casi diez años, lo cuentas y parece que fue ayer». Sin embargo, estas navidades ha preferido vivir su particular 'descuento vital' reuniéndose con su marido (Enrique Álvarez) y sus tres hijos (Lucas, Tomás y Simón) en «el extranjero y en un lugar con baja conectividad», confirman en su entorno.

Si a José Padín y Pía Stutz les salvaron las piernas, Juan Soroeta rinde tributo a aquellos días «gracias a mi estómago». Junto a su pareja dedicó la Navidad del 2004 a recorrer sin destino fijo la costa de Sri Lanka. Cenas y comidas en lugares siempre nuevos. El abrazo del mar les sorprendió desayunando en Tangalle, un pueblo que perdió a la mitad de sus 10.000 habitantes. Estaban a pocos metros del mar pero su hotel resistió gracias a la pequeña oscilación sobre la que se ubicada. «¡The ocean is coming! (¡que viene el océano!», escucharon gritar a los lugareños. Cuando el mar se retiró, todo era confusión, silencio y barro. Ganas de volver nunca le han faltado, pero Juan no ha regresado a Asia, un lugar más allá de la geografía con el que siempre compartirá «una extraña sensación de cercanía y distancia infinita». Donde aprendió la mayor lección de la vida: «Que es un soplo y nada más. Y que, si no te toca morir, pues no te toca».

El crujido empezó a 160 kilómetros al norte de Sumatra. Pero el abanico telúrico recorrió más de mil kilómetros. «La destrucción fue tan grande que parecía que todo había sido bombardeado. Parecía imposible avanzar en la ayuda». Miguel Ángel Rodríguez recorrió las 'zonas cero' de Sri Lanka, Indonesia y Tailandia recogiendo información para la gestión de Cruz Roja. La respuesta internacional fue pareja al desafío. Es la emergencia que más fondos ha reunido en la historia. «La gestión eficaz y la solidaridad fueron claves en el éxito en nuestra reconstrucción», resume el subdirector en Indonesia de la ONG Oxfam Intermon, Aloysius Suratin.

Pero el reto era tan mastodóntico que también hubo graves errores. Acostumbrados a cubrir solo emergencias, Médicos Sin Fronteras (MsF) llegaron los primeros. Tres meses después fue la única organización que hizo un llamamiento para que no les enviaran más ayudas. «Somos emergencistas y nos llegó una avalancha de dinero que no podíamos gestionar. Era lo más ético», destaca Silvia Moriana, que coordinó entre diciembre de 2004 y abril de 2005 los equipos de MsF en Chewbacca (Sri Lanka). Las prisas por gastar el dinero provocaron que «en algunas zonas se hayan construido muchas casas nuevas que ahora están vacías porque los habitantes carecen de medios para vivir en ellas», relata Liliane Fan, asesora en Aceh (Sumatra), una de las más devastadas. Los países víctima entendieron el riesgo de mantener poblaciones junto al mar en lugares casi planos. «Las nuevas leyes movieron a miles de personas 25 kilómetros hacia el interior. Tuvimos problemas legales con las expropiaciones, y ha habido que crear formas de vida lejos del mar», resume Ignacio Román, director de la oficina de Cooperación para Asia de Cruz Roja. Después de nueve años y medio, cerraron en junio su plan en la zona, el más largo desarrollado nunca.

Aquella desgracia enseñó la necesidad de la prevención. Sri Lanka «sufre una media de una emergencia al día», recuerda Miguel Ángel Rodríguez. Todos estos países han creado sistemas de alerta temprana. Volvemos a Khao Lak, la localidad que ha marcado la 'mochila' vital de José Padín, Jorge Ormazábal o María Belón. El instructor de buceo español Edu Simó explica a un canal de televisión cómo es la vida ahora. «Está reconstruido como si no pasara nada. Ahora hay sirenas de aviso y torres de protección. El país está preparado para reaccionar».

 

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