Amores salvajes

Dinamarca se ha sumado a los países que ilegalizan el sexo con animales.En España, un grupo de parlamentarios también pide que se castigue de forma específica para evitar que acabemos convertidos en «un santuario» del bestialismo

CARLOS BENITO

Los zoófilos suelen ser gente discreta, poco dada a exhibir en público sus pasiones, hasta el punto de constituir un colectivo prácticamente invisible. Pero, de vez en cuando, alguna noticia que salta a los medios nos recuerda que, en esta sociedad nuestra, sigue habiendo personas que mantienen relaciones íntimas con animales. Cuando nos enteramos, suele ser porque algo ha fallado terriblemente en la rutina del amor. En ese sentido, es casi legendario el caso de Herminio, el pobre desgraciado de Ourense que en 1990 falleció aplastado por una roca mientras copulaba con una gallina: según valoró el forense, el propio vaivén del sexo había provocado el desprendimiento de la piedra. O está lo ocurrido hace tres años en El Ejido, donde una yegua propinó una coz al hombre que trataba de abusar de ella y le destrozó la cara: el tipo era lo que se conoce en argot como un 'saltavallas', un intruso que se excitaba con el ganado ajeno y que solo dos meses después acabó matando a un caballo.

Hay unos cuantos ejemplos más, que sugieren que los comportamientos de este tipo son menos extraordinarios de lo que se podría pensar, pero los desahogos apresurados de establo y pajar constituyen solo una parte del fenómeno. Para encontrar la otra vertiente basta darse una vuelta por ciertos rincones de internet, donde se pueden adquirir películas como 'La gordita y el caballo cachondo' o 'Un chucho muy salido', entre otros títulos igual de imaginativos pero menos reproducibles. Eso sí, en el paseo virtual uno puede verse expuesto a fotogramas que resultan bastante menos cómicos.

En los últimos años, varios gobiernos europeos han tomado la decisión de tipificar penalmente el bestialismo. Así lo hicieron Bélgica en 2007, Holanda en 2010 o Alemania el año pasado, en un proceso con derivaciones sorprendentes, ya que los zoófilos se organizaron en una asociación -ZETA, siglas de Compromiso Zoófilo por la Tolerancia y la Claridad- y plantaron cara a los legisladores a través de entrevistas y manifestaciones. Argumentaban que ellos serían los últimos en tratar con crueldad a los animales y que las relaciones con sus mascotas son «consentidas», un paso natural a partir del reconocimiento del amo como un miembro más de la manada.

Ahora, se suma a esta tendencia Dinamarca, que había adquirido cierto renombre como tierra tolerante hacia estas conductas: «Los animales tienen derecho a una protección especial porque no pueden decir 'no'», ha resumido el ministro de Agricultura, Dan Jorgensen. La ONG Occupy For Animals tiene presentada una petición al Parlamento Europeo para que estas actividades, «una de las expresiones más obscenas del comportamiento humano», se prohíban de forma explícita en todo el territorio de la Unión.

En España, la zoofilia sigue siendo legal siempre que los animales no sufran lesiones, en cuyo caso se estaría cometiendo un delito de maltrato. Entidades como el Observatorio Justicia y Defensa Animal llevan mucho tiempo reclamando que se modifique este enfoque del asunto, al entender que la propia relación sexual ya resulta dañina y deja secuelas. A raíz de la reforma del Código Penal que emprendió Alberto Ruiz-Gallardón, la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales, que reúne a diputados y senadores de diversos partidos, ha animado a todos los grupos a proponer una enmienda que ilegalice expresamente la zoofilia, con penas de cárcel y de inhabilitación para tener animales. «También formulamos preguntas al respecto, pero el Gobierno mantuvo la postura de no definirse. Es probable que nuestros responsables políticos ignoren la realidad de este asunto», admite Chesús Yuste, exdiputado por Chunta Aragonesista y coordinador de la asociación.

Granjas-burdel

A su juicio, esta legislación se va volviendo cada vez más necesaria, a medida que nuestro vacío normativo nos convierte en una rareza dentro del continente. «Al prohibirse en otros países, España podría convertirse en un santuario para cuestiones como la pornografía zoofílica», alerta Yuste. Este riesgo ha tenido mucho peso en el cambio de postura de Dinamarca, ya que, a raíz de la ilegalización en la vecina Alemania, arreciaban los rumores sobre un supuesto auge de estas prácticas. En este terreno, resulta muy difícil deslindar la realidad de la leyenda urbana: se ha dicho, por ejemplo, que excursiones de 'amantes de los animales' alemanes atraviesan la frontera en minibuses para saciar su deseo en granjas-burdel danesas, bien provistas de hermosos ejemplares para ese fin. Los zoófilos reunidos en ZETA descartan estas historias como pura ficción, aunque lógicamente se podría objetar que ellos son parte interesada: «No hay prostíbulos animales, no hay turismo sexual zoófilo ni ninguna tontería parecida», insisten.

Algo parecido ocurre en España, donde no está nada claro el alcance que puede tener esa supuesta industria del cine X con animales, por mucho que la ley la siga tolerando. El director y actor porno Nacho Allende, más conocido como 'Torbe', se muestra tajante: «Nadie en la historia del porno español ha hecho porno con animales, o al menos yo no conozco a nadie que lo haya hecho. Yo nunca he recibido siquiera un mail o un comentario de alguien que me pidiera hacer ese tipo de porno, y eso que mucha gente me pide cosas».