Luis I. Prádanos: «En este sistema, pase lo que pase, no podemos ganar»

Luis Iñaki Prádanos, durante una conferencia sobre su libro. / LV
Luis Iñaki Prádanos, durante una conferencia sobre su libro. / LV

«¿Qué queremos? Correr como idiotas para producir más hasta que colapsemos o disfrutar de este tiempo precioso», pregunta el profesor de Humanidades Ambientales en Miami University

Pepa García
PEPA GARCÍA

«El decrecimiento teoriza lo obvio. Básicamente, que en un planeta finito es biofísicamente imposible que la economía crezca constantemente», resume Luis I. Prádanos, Iñaki, como se hace llamar este profesor de Humanidades Ambientales de la Miami University (Ohio), especialista en decrecimiento y sobre el que ha publicado el libro 'Postgrowth Imaginaries'. Mañana participa en Murcia, a las 20 horas, en el debate 'Región de Murcia. Zona 0 Climática', junto a Jesús Pagán, para hablar de cómo tratar de evitar el colapso que se avecina. Porque, como recuerda Iñaki, el IPCC ha advertido de que contamos con 10 o 12 años para evitar las peores consecuencias. «Cada vez, las previsiones empeoran».

La cita

Región de Murcia Zona 0 Climática.
Luis I. Prádanos, profesor de Humanidades Ambientales de Miami University (Ohio) y Jesús Pagán, director de Foodtopía, hablarán mañana, jueves 25, a las 20 h., en Foodtopía El Carmen (c/ Madre Elisea Oliver Molina, 1, Murcia) sobre decrecimiento y emergencia climática.

-¿Por qué urge el cambio?

-Porque cuanto más rápido crece la economía global, más rápido colapsan los sistemas vivos planetarios. El sistema económico se basa en energía y materiales, y en generar basura. Mantener ese metabolismo y extenderlo cada vez a más regiones es absurdo. De hecho, si todos los habitantes de la Tierra usasen la energía y materiales de las sociedades consumistas, necesitaríamos de 4 a 6 planetas. Cuanto más se expande la lógica del crecimiento constante, menos posibilidades hay de sobrevivir de manera digna en el futuro. Lo que busca el decrecimiento es que salgamos de ese imaginario dominante para poder diseñar sistemas sociales y ecológicos viables, justos y más deseables, que se puedan mantener en el tiempo.

-¿Cómo sería ese cambio?

-Es muy complejo. Algunos consejos son relocalizar la economía para reducir la dependencia energética; despetrolizar el sistema alimentario; generar modelos urbanos basados en movilidad ecológica; que no exista la publicidad para generar necesidades inexistentes; y crear comunidades cohesionadas, para vivir mejor con menos, y autosuficientes que se aseguren lo mínimo (agua y alimento).

-Pero, ¿cómo sobreviviremos sin un crecimiento constante?

-Producir más es suicida, pero es parte del pensamiento dominante. Si se sigue creciendo, colapsamos los ecosistemas y nos hundimos ecológicamente en un planeta inhabitable. Y si no hay crecimiento, entra en recesión y colapsamos socialmente. En este sistema, pase lo que pase, no podemos ganar. Hay que generar un sistema social, económico y cultural que no sea adicto al crecimiento. Hay que apostar por una economía circular, con un metabolismo que mejore los ecosistemas en vez de deteriorarlos, que no genere desigualdad en su funcionamiento, que produzca comida saludable sin generar CO2. Todo eso lo sabemos hacer, pero hay que cambiar el paradigma, y ya está emergiendo cierta sensibilidad que cuestiona la lógica del crecimiento.

-¿Habría que transformar la economía completamente?

-El cambio tiene que ser también cultural. Serían interesantes transformaciones políticas que generen cambios educativos. Por ejemplo, dejar de crecer exigiría un reparto del trabajo para evitar el desempleo. Eso reduciría el consumo y el uso del coche, y tendríamos más tiempo para lo importante. Generaría una espiral virtuosa. Pero, ahora, cuando hablas de eso te llaman vago.

-Pero, repartir el trabajo, implicará mayor precarización...

-Claro, pero eso en un contexto que precariza el sistema laboral o no pagar los costes ecológicos para que crezcan los beneficios. Lo primero es redistribuir. Un estudio de 2017 reveló que 8 personas controlan más riqueza que el 50% de la población global. Me hace gracia que digan que nos salen caras las ayudas a la dependencia. Estadísticamente, no es real. Lo caro es mantener a esas 8 personas. Lo más sencillo es poner impuestos al capital y a las transacciones financieras. Y es lo que no se hace.

-¿Cómo se llega al decrecimiento?

-No lo sé, la solución debe ser colectiva, pero debemos intentarlo. Biofísicamente, podemos cambiar de manera transicional y socialmente justa; o esperar, colapsar y desembocar en ecototalitarismos, en los que las élites mantendrán sus privilegios a costa de precarizar cada vez más al resto en un contexto de colapso.

-Tranquilícenos, ¿se actúa ya?

-La gente trabaja en soluciones de manera precaria porque el sistema fomenta lo contrario, como subsidiar la energía fósil para hacerla artificialmente barata. El problema es que la realidad biofísica se está degradando, pero no lo vemos porque estamos mirando las pantallas. Puede que estemos muy cerca del punto crítico de cambio. La gente cada vez está más cansada de este hedonismo triste y deprimente.

-Todo apunta a que el cambio, si lo hay, será traumático y no tranquilo.

-Lo que hay que hacer es preparar las semillas lo más rápido posible, para que, cuando estemos en situación límite, tengamos cierto colchón para avanzar en el desarrollo deseable.

-¿Entramos en pánico ya?

-El miedo paraliza, pero el tecno-optimismo no será la solución. La pensadora Yayo Herrero dice: «El miedo solo paraliza si no sabes hacia dónde correr». Por eso hay que preparar el camino hacia el que correr. En el peor de los casos, serás más feliz porque tendrás una comunidad más cohesionada; en el mejor, tendrás colchones para hacer frente al cambio.

-¿Qué hacemos entonces?

-Tenemos que asumir que, cambiemos todo o nada, vamos a morir igual. La diferencia es evitar el 80% del sufrimiento innecesario. ¿Qué queremos?, correr como idiotas para producir más hasta que colapsemos o disfrutar de este tiempo precioso.