La misteriosa y bella Dolorosa de Vélez Rubio

Hermosa. Rostro de la actual Virgen de los Dolores, de Vélez Rubio./
Hermosa. Rostro de la actual Virgen de los Dolores, de Vélez Rubio.

¿Talló Francisco Salzillo la imagen que luego se salvó en un incendio para desaparecer durante un siglo?

ANTONIO BOTÍAS

¿Atesora Vélez Rubio una Dolorosa perdida de Salzillo? Resulta tan fácil plantear esta cuestión como complicado que los investigadores alcancen un acuerdo para aportar una respuesta definitiva. Además, tampoco existen demasiados estudios que profundicen en la cuestión. Y ni siquiera, según otros autores, hay unanimidad sobre el número de obras que salieron del taller del legendario autor.

Como mantiene María del Mar Nicolás en su aportación 'La huella de Salzillo en Almería', aún está por cerrar un catálogo definitivo y razonado «y una cronología indiscutible de su producción». De su producción total y no solo de las obras que envió a Andalucía y que hoy apenas recuerda nadie en Murcia.

De entre todos los misterios que atesora Almería en su relación con Salzillo existe uno que, lejos de aclararse con el paso de los años, adquirió con el tiempo mayor fuerza. Se trata de la talla de la Virgen de los Dolores que se venera en Vélez Rubio donde, por cierto, también existe una imagen de San Antonio, esta sí obra de Salzillo.

Fernando Palanques, en su obra 'Historia de la Villa de Vélez-Rubio', refiere en 1909 la existencia de una capilla en la imponente parroquia donde «se veneraba una Dolorosa atribuida a Salcillo, que no fue ha mucho pasto de las llamas». Sucedió en la noche del 13 de noviembre de 1907, apenas dos años antes de que el autor escribiera su obra.

Palanques recuerda que «esta hermosa imagen, tan venerada de los velezanos, fue traída a poco de construir la iglesia, por la antigua Cofradía del Rosario, y entonces se la edificó y abrió su capilla». Y añade: «No ha faltado quien la atribuyera a Salcillo, el mismo áureo cincel que esculpió la preciosa escultura de San Antonio de Padua del Convento, hipótesis que ni rechazamos ni confirmamos, aunque en rigor, la imagen perdida reunía, a nuestro juicio, perfecciones de expresión y de conjunto bastantes para no desdeñar una paternidad artística tan honrosa».

El cronista insiste en que avalan sus razonamientos el hecho de que la talla había sido modelada en la época «de mayor apogeo de aquel escultor insigne y la semejanza de factura que un culto viajero murciano hubo de notar en cierta ocasión entre la precipitada imagen y otra de igual advocación, obra indubitable de Salzillo, que se venera en la parroquia de Aledo».

La imagen de Aledo a la que hace referencia está datada hacia los años 1782 o 1783. Es una talla de vestir, de madera policromada e inspirada en la que Salzillo hiciera para la murciana Cofradía de Nuestro Padre Jesús, tal y como consta en los archivos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción, de Aledo.

Desde Baquero Almansa

Ya Andrés Baquero Almansa, en 1913, solo seis años después del desafortunado incendio y en su 'Catálogo de los profesores de las Bellas Artes Murcianos', atribuía la Dolorosa velezana a Salzillo. José Sánchez Moreno, en 1945, al describir la Virgen Dolorosa de Socovos (Albacete) en su estudio 'Vida y obra de Francisco Salzillo', sitúa esta imagen en los años finales del escultor y destaca que era «como todas las suyas, y de taller, lo mismo que la Dolorosa de Vélez Rubio, también de vestir». A renglón seguido, Sánchez Moreno citó el San Antonio de la misma localidad, del que dirá que es una «efigie de escasa importancia artística, del taller».

Respecto a la Dolorosa perdida, Palanques recuerda que quizá estaba predestinada a las llamas. Porque ya en la Cuaresma de 1865 había sufrido un primer incendio que se inició en el dosel y manto que cubrían la imagen. Aquel día estaba colocada en el centro del retablo de la capilla mayor de la parroquia «con ocasión de celebrarse el solemne novenario de costumbre».

Ningún otro detalle aporta el cronista sobre este suceso, salvo que en 1865 era capellán Francisco Maurandi. Este apellido aparece ya entonces vinculado a la Virgen de los Dolores, cuya tres primeros mayordomos fueron los vizcondes de Gracia Real. Al fallecer el tercero, en 1906, sería elegido para el cargo otro Francisco Maurandi, un «joven y distinguido médico», según Palanques. No perdamos de pista al galeno. El investigador y abogado José Juan Martínez Navarro publicó en 2014 un artículo en la revista 'Nazarenos', editada por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, donde recuperaba un acta de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Vélez Rubio, datada el 20 de abril de 1908.

En ella se relataba el segundo incendio. «Habiendo sido pasto de las llamas la imagen [...] y todo lo existente en su capilla, todo lo cual fue reducido a cenizas» se acordó una suscripción popular para la adquisición de otra imagen. Y se adquirió, aunque la inexistencia de actas hasta el año 1926 mantiene en el anonimato el autor.

¿Se quemó realmente?

Lo misterioso es que, junto a la nueva talla, también comenzó a recibir culto otra, propiedad del sacerdote José Maurandi Mieli, quien la cedía «sin perder el derecho de propiedad». Así lo recogió otra acta fechada el 13 de marzo de 1928. El mismo documento establece el acuerdo de «usar esta imagen en las novenas y procesiones hasta la del Viernes Santo en el Entierro de Cristo, que se utilizará la imagen de la Hermandad como más propia».

Apunta Navarro Martínez que el pueblo prefirió siempre a la Dolorosa de Maurandi, «que probablemente tuviese un gran parecido, mucho parecido, con la destruida». ¿Y si hubiera sido la misma?

Años más tarde, el fuego volvería a cebarse con esta antigua Hermandad, aunque en esta ocasión llegó de la mano del hombre. Fue durante la Guerra Civil. Otra acta de 1940 demuestra que en aquellos años «quemaron las imágenes (entre ellas la que esta Cofradía tenía en nuestra Iglesia Parroquial)».

De nuevo, el sacerdote Maurandi habría de ofrecer su Dolorosa, sin perder la propiedad, que finalmente fue cedida a la parroquia y a la Hermandad por Dolores Maurandi en 1999. Poco después se desplomó la vieja casa donde se guardaba la talla todo el año, alimentando aún más la leyenda que mantiene esta bella escultura.

Sostiene Navarro Martínez una novedosa tesis sobre el misterio. En su opinión, durante el primer incendio de 1865, la talla que se salvó no fue la que ardería más tarde en 1907. Fue la original de Salzillo, propiedad de los vizcondes de Gracia Real y que luego pasaría a manos del mayordomo Maurandi en 1906, cuando sucediera al último noble al frente de la mayordomía.

Prueba de ello es que no hace muchos años se halló una fotografía que supuestamente retrata a la antigua Virgen de los Dolores, la que supuestamente talló Salzillo y desapareció en el fuego. El problema es que la escultura fotografiada no parece del genial autor, lo que reforzaría la tesis de Martínez Navarro. Entretanto, el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico mantiene datada la talla actual entre 1941 y 1950, destacando en su ficha que es una obra anónima y que pertenece a la «Escuela española» y es de estilo neobarroco. Ni media línea a la evidente traza salzillesca de la obra, lo que descalifica de plano el resto de afirmaciones.

Sea como fuera, no son pocos los velezanos que consideran muy probable que la imagen que desfile cada Semana Santa por sus calles, la que incluso supera en fervor a la propia patrona de la localidad, fue tallada por Salzillo o por alguno de sus discípulos. En el mismo templo, por otro lado, también se venera una Inmaculada atribuida al caravaqueño Francisco Fernández, nacido en 1760 y fallecido en 1841. Está considerado como uno de los discípulos más preparados del inmortal escultor. Pero tampoco él puede ya arrojar luz sobre el asunto.