Sangre 'colorá' para comenzar la Pasión en El Carmen

Cristo y niño del grupo Hijas de Jerusalén, en los talleres en 1956. :: LV/
Cristo y niño del grupo Hijas de Jerusalén, en los talleres en 1956. :: LV

El cortejo de la venerable archicofradía de la Sangre saca once pasos, entre los que destaca Las Hijas de Jerusalén, que cumple 60 años procesionando

M. CARMEN RAMÍREZ

Es archicofradía y es antiquísima. Es historia viva de la Semana Santa murciana. Es la pasión llevada en el corazón por siglos de vecinos carmelitanos que no perdonan el Miércoles Santo. Es devoción hecha fiesta, alegría huertana y nazarena. Tarde de habas, monas con huevo y caramelos interminables. La pasión comienza hoy y lo hace cruzando el río que parte en dos la ciudad. Las calles de Murcia se tiñen de sangre cofrade en la procesión con más solera de la Semana Santa capitalina.

La archicofradía de la Sangre nació en 1411, tras una predicación de Vicente Ferrer en la ciudad que dio lugar a que sus seguidores pusieran en marcha la institución. Aunque comenzaron en la antigua iglesia de Santa Eulalia, vicisitudes históricas terminaron por vincular la cofradía con el convento carmelitano en el partido de San Benito. La relación con los frailes terminó con un largo pleito por la titularidad del patrimonio cofrade, que finalmente ganó la cofradía. Aunque su primer titular fue, probablemente, un Cristo de las Penas, en el siglo XVII se encargó a Nicolás de Bussy el Cristo de la Sangre, quien finalmente daría el nombre y el culto definitivo a la hoy archicofradía. Se trata de la más antigua de la ciudad y está formada por pasos históricos, algunos con siglos de antigüedad, y su desfile es uno de los más populares de la Semana Santa. La Sangre es la única cofradía que cruza el río con sus procesiones.

Comienza el cortejo la hermandad infantil que tiene cerca de 200 pequeños cofrades en su haber y saca la imagen de San Vicente Ferrer, cuya predicación en Murcia fue artífice de la puesta en marcha de la archicofradía. Es una imagen de Ramón Cuenca de 2011. La Samaritana, de Roque López, de 1799, representa el encuentro de Jesús y la mujer de Samaria frente al pozo de Jacob. Jesús en casa de Lázaro lleva la firma de José Hernández Navarro, de 1985. Cuenta la escena en la que Jesús visita a su amigo Lázaro y mientras María escucha arrodillada, Marta se dispone a servir la mesa. En este paso destacan las expresiones de las cuatro imágenes, que dejan patente las diferentes personalidades.

El Lavatorio es de Juan González Moreno, de 1952. Representa el momento en el que Jesús se dispone a la lavarles los pies a sus discípulos. Se trata de una composición espectacular con trece personas que ofrecen una gran variedad de posturas y gestos de gran riqueza artística. Sigue La Negación, uno de los pasos más antiguos de la Semana Santa murciana. Es de Nicolás de Bussy de 1699 y se tuvo que completar en 1945 con un Cristo, tras los destrozos causados en la guerra, de Gregorio Molera. Cuenta el momento en el que San Pedro se presenta ante Jesús arrepentido por haberle negado hasta en tres ocasiones. El Pretorio, conocido popularmente por el Berrugo, también es de Bussy, de 1699 y muestra la escena en la que Pilatos somete al pueblo la sentencia de Jesús.

«El mejor grupo del siglo XX»

Las Hijas de Jerusalén está este año de aniversario, pues cumple 60 años. Es obra de Juan González Moreno y sustituye a un paso de Santiago Baglietto con la misma escena que quedó destruido en la Guerra Civil. Representa el momento en el que Jesús cae con la cruz a cuestas y es ayudado por el cirineo. La escena la presencian dos mujeres de Jerusalén acompañadas por un niño pequeño. Desfiló por primera vez el 28 de marzo de 1956, dirigido por el cabo de andas Francisco Bagó. Es su hijo, José Bagó, quien dirige este paso en la actualidad. Rubén Bagó será la tercera generación en sacar la composición en la procesión de los 'coloraos'. La obra acabó siendo catalogada como «el mejor grupo escultórico del siglo XX», y se ha convertido en una de las más destacadas de la imaginería española.

Treinta y ocho nazarenos portan este pesado trono y lo hacen con gran pericia, destacando la subida del Puente Viejo, en el retorno, que la hacen del tirón y con gran esfuerzo. Son muchos los murcianos que se agolpan cada año para presenciar tal azaña. El paso de Las Hijas de Jerusalén estuvo presente como pieza ejemplar en la exposición 'Recóndito Sentimiento', de 2008. También fue expuesto en la iglesia privativa de Jesús, junto a La Caída, de Salzillo, de forma que dos caídos icónicos de la imaginería murciana compartieron espacio durante un tiempo.

A punto de la crucifixión

Sigue el Cristo de las Penas, de Hernández Navarro, en homenaje a la primera imagen que veneró la archicofradía en sus primeros años. Es de 1986 y representa una escena de gran dramatismo y tensión, pues Jesús está a punto de ser crucificado. Tras él marcha el titular, el Cristo de la Sangre, la obra que da sentido a la institución. Es de Nicolás de Bussy de 1693. De gran devoción entre los murcianos, con una anatomía precisa y delicada y un rostro de profundo dolor y entrega. Con él va un ángel niño que recoge en un cáliz la sangre que le brota del costado. Tras él marcha San Juan, de Juan Dorado, de 1905, que presenta al apóstol en disposición de iniciar el camino del Calvario detrás de Jesús. Cierra la procesión La Dolorosa de Roque López, de 1787, una madre de brazos abiertos que clama al cielo y de cuyos ojos surgen dos lágrimas de cristal.

 

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