La Verdad

Salzillo ilumina Murcia

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La Santa Cena a su paso por Cardenal Belluga. / J. CARRIÓN / AGM

  • Las esculturas barrocas del imaginero ensalzan la mañana del Viernes Santo en su recorrido por las calles de la ciudad

La procesión más esperada del Viernes Santo murciano recorrió, desde las 8 de esta mañana, las calles de la capital bajo la atenta mirada de miles y miles de espectadores ávidos de disfrutar un año más de las impresionantes tallas del imaginero Francisco Salzillo, esculturas de una belleza y perfección sublimes, que hacen de este cortejo uno de los más importantes y reconocidos de la Semana Santa en toda España.

Recientemente declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad Autónoma, 'La mañana de Salzillo' aspira a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Un honor que no dudarían en firmar los privilegiados que hoy presenciaron en vivo cómo los nazarenos y estantes de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús llevan con orgullo estas joyas del Barroco.

Como estaba previsto, el buen tiempo acompañó en este Viernes Santo, lo que provocó que la afluencia de público fuera incluso mayor que la de años anteriores.

Más de cuatro mil nazarenos, entre penitentes, mayordomos, estantes, promesas y secciones de bocinas, visten la túnica morada y muchos de ellos caminan descalzos a lo largo de más de ocho horas de procesionar por las calles murcianas.

«La principal novedad es que no hay ninguna novedad». Es la frase que cada año repite el presidente de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, Antonio Gómez Fayrén, que insiste en que la procesión barroca de los 'Salzillos' ha de permanecer como hasta ahora, sin cambios, sin novedades, con la misma esencia nazarena que han convertido esta mañana en Bien de Interés Cultural. Aunque Salzillo está presente en prácticamente todas las procesiones de la ciudad, es en ésta en la que salen sus obras más aclamadas, las imágenes que lo han convertido en el imaginero murciano más importante de todos los tiempos.

La primera obra en salir de la Iglesia de Jesús fue una de las más espectaculares y aclamadas de la procesión. Se trata de La Santa Cena, del año 1763. Jesús y sus doce apóstoles se reúnen en torno a la mesa para celebrar la Pascua. Está plagada de viandas naturales, una vajilla del siglo XVIII y candelabros y fuentes de la época. Le sigue La Oración en el Huerto, del año 1754, que retrata el momento en el que Jesús está orando en el huerto de Getsemaní, acompañado por tres discípulos que acaban rendidos y dormidos.

El Prendimiento es del año 1763 y cuenta el momento en el que Jesús es besado por Judas para que los soldados romanos lo identifiquen y lo puedan capturar. En la escena también aparece San Pedro, que intenta defenderse con la espada. Destaca su manto, cargado de pliegues esculpidos con gran minuciosidad. Los Azotes, de 1777, muestra a un Cristo atado a la columna padeciendo los tremendos dolores de la flagelación. Su cara es de resignación a pesar de que los sayones descargan toda su furia contra él. La Verónica, de 1755, es otra de las obras representativas del imaginero murciano. Muestra a una mujer piadosa, portando el pañuelo con la cara de Jesús impresa tras secarle el sudor. La mujer presenta gestos de sufrimiento ante el dolor ajeno. La Caída, de 1752, está compuesta por cinco imágenes. Jesús, rendido en el suelo por el peso de la cruz. El cirineo tratando de ayudarle. Y tres romanos castigando al nazareno, exhausto de dolor.

La única imagen que no es de Salzillo es el titular de la cofradía, Nuestro Padre Jesús. Atribuido a Juan Aguilera, está fechado en el año 1600. Aunque habitualmente desfila de morado, color que identifica a la cofradía, por segundo año consecutivo lo hará de dorado. En esta ocasión con una túnica que es una réplica exacta de la del Bailio de Lora, de 1799, que sacó el año pasado por última vez. Tras él va San Juan, de 1756, otra obra maestra de Salzillo. Termina el cortejo La Dolorosa, de 1756, una imagen que ha servido de ejemplo en la imaginería murciana. Con una cara plaga de sufrimiento, se presenta con los brazos abiertos y mirando al cielo.