Los escolares ponen nombre a una tortuga que murió entre las redes

Escolares junto a la tortuga, en una visita al museo. / a. salas
Escolares junto a la tortuga, en una visita al museo. / a. salas

El pescador Javier Murcia la halló en la orilla de La Manga hace 30 años y la donó al Museo del Mar

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

No es que fuera boba en el sentido literal, sino que se acercaba a la orilla seguramente a buscar un nido de arena donde poner sus huevos a buen recaudo. Esta tortuga sin nombre, que se exhibe disecada en el Museo del Mar de San Pedro del Pinatar, encontró su final asfixiada entre unas redes de pesca en la orilla de El Coceor, en la playa mediterránea de La Manga hace más de 30 años, pero la misma historia se repite entre sus congéneres cada día.

Esta tortuga boba de un metro de longitud recibirá al fin un nombre para convertirse en icono de la liberación de todos los peligros que esconden los mares para las propias especies marinas, desde los plásticos a las redes, de los vertidos tóxicos a la pesca intensiva, del calentamiento global a la pérdida de diversidad.

Los escolares de San Pedro del Pinatar le pondrán nombre a la tortuga que encontró el pescador ya fallecido Javier Murcia Zapata 'El Marino' cuando navegaba con su padre, Javier Murcia Vera, por la orilla de La Manga. «Ya estaba muerta cuando la encontró enredada en unas redes y con un gran anzuelo en la boca», explica la viuda del pescador, María López. Cuando la subió a la embarcación para intentar salvarla, se dio cuenta de que ya nada podía hacer y se la llevó a casa, donde sus dos hijas abrieron los ojos como paraguas al ver el gran tamaño de la tortuga que, si parece torpe en tierra, a través de las aguas se mueve como una pluma.

Cuenta María que «la llevó a una taxidermista que había en Sucina y después la tuvo unos dos años en casa, hasta que decidió donarla al Museo del Mar», que crearon los propios pescadores en el antiguo pósito de pescado y que actualmente sigue gestionando la Cofradía de San Pedro del Pinatar.

El director del museo, Benito Pérez, ha iniciado una campaña entre los escolares para buscar nombre a la tortuga boba. Petra, Carla,'La Murcianica', Rosa o Perola son ya algunas de las propuestas de los primeros alumnos que han asistido al museo para conocer a la tortuga sin nombre. «A final de curso, una comisión elegirá uno de los nombres y realizaremos un acto de denominación de la tortuga para que se convierta en la mascota y el símbolo de todos», explica el director.

Las amenazas de esta especie, sobre todo cuando una vez en la vida acuden a las playas a desovar, y sus costumbres son algunos de los datos que explica a los escolares una experta del Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar. «Si veis a alguna en la playa, o indicios de que hay cerca un nido, debéis avisar al 112 para que acudan a proteger el entorno con el fin de que las crías lleguen con vida al mar, pues son muy vulnerables», explica la guía ambiental. Tanto que, si logran alcanzar el agua, nadan durante 20 horas seguidas aprovechando la resaca del oleaje para alejarse de los peligros de la tierra. En el mar les esperan otros.