Salvar vidas a lomos de tractores

Varios de los tractoristas que se organizaron la semana pasada para rescatar a vecinos que estaban aislados en sus casas. / Pablo Sánchez / AGM
Varios de los tractoristas que se organizaron la semana pasada para rescatar a vecinos que estaban aislados en sus casas. / Pablo Sánchez / AGM

Un grupo de agricultores de Torre Pacheco se movilizó para evacuar a familias de sus casas inundadas durante la peor noche de la gota fría

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Dicen que la solidaridad suele llegar de al lado. «Antes de que cayera una gota, ya me llamaron varios tractoristas para ofrecerse a lo que hiciera falta». Así relata el alcalde de Torre Pacheco, Antonio León, la respuesta de este escuadrón de salvamento dispuesto a todo por salvar vidas. Cuando el agua entró en las calles con toda su furia en la madrugada del jueves 13 de septiembre, los móviles empezaron a sonar. «Me llamaron a las tres de la madrugada y cogí el tractor para ir a evacuar a los vecinos de las zonas más inundadas. Estaban muy preocupados», asegura Epifanio Alcaraz, a quien no se le olvida «un zagal que saqué temblando, cuando en su casa subía ya el agua un metro y medio».

El agricultor ya sabía de la potencia del agua por experiencias anteriores, pero esta vez «me impresionó la impotencia de no poder evitar el desastre. Era arriesgado circular incluso con el tractor. Íbamos muy despacio y a contracorriente, porque el tractor provoca olas, pero había que avanzar porque mucha gente esperaba ayuda subida donde podía», cuenta el tractorista. Con él iba a bordo un policía municipal, que le ayudó a poner a salvo a dos familias con hijos menores y a varios ancianos. «Había gente que no podía abrir la puerta por la presión del agua», explica el agricultor una vez pasado el peor trago de la emergencia. Toda una madrugada de búsquedas y de respiración contenida, poniendo en riesgo incluso su vehículo de trabajo, para evitar males mayores entre sus vecinos. La escuadrilla del tractor representa la solidaridad anónima, que suele llevarse menos aplausos que la Unidad Militar de Emergencias, pero que con menos medios no dudan en prestar su ayuda.

Epifanio Alcaraz no se olvida de «un zagal al que saqué temblando, cuando el agua ya llegaba por el metro y medio en su casa»

«Te encuentras niños, ancianos y personas en sillas de ruedas que están desesperadas por el agua»

Vecino del barrio de San Antonio -uno de los más castigados por la gota fría-, Epifanio no sufrió daños en su casa, pero hubo otros tractoristas que, al volver de una larga madrugada de tensión, se encontraron su catástrofe particular. Fue el caso de Juan Ángel Galindo, que condujo su tractor por el polígono La Estrella y los barrios del Pilar y San Antonio. «Me llamó mi mujer porque el agua ya subía en casa», rememora Galindo. Pasados unos días, cae en la cuenta de cómo en una sola noche las historias se cruzan: «De pronto vi que un tractor se había hundido en una calle, porque había obras y obstáculos que no veías con el agua en plena noche, así que lo remolqué como pude», explica. Para su sorpresa, ese mismo tractor lo auxilió a él horas más tarde en su casa, cuando precisó ayuda por la inundación.

«Hubo gente que se enfadó»

Aquella noche se encontraron de todo. «También hubo gente que se enfadó porque, al pasar, el tractor genera una ola, pero no podíamos hacer nada para evitarlo. Me llegaron a tirar una escoba», recuerda sorprendido. No se explica las dimensiones de la riada. «Nadie vivo recuerda algo ni siquiera parecido. Ni mi padre, que es mayor y ha visto muchas», asegura Galindo sobre «el nivel y la fuerza descomunales del agua». Otro tractorista, Leandro García León, nunca pensó que viviría situaciones como la de la madrugada de la gran tormenta. «Fue muy desagradable porque te encuentras ancianos, niños, personas en sillas de ruedas que están desesperados por el miedo al agua», cuenta.

Con su vehículo de labores agrícolas acudía a los domicilios que la Policía municipal le indicaba según los avisos de los vecinos al 112, aunque, después, la realidad desbordaba todas las previsiones. «Entrabas a una calle y veías gente en todas las ventanas levantando los brazos para que los ayudaras, pero no podías ir a todos», lamenta el agricultor, que tuvo que afanarse también para rescatar a un hombre que se quedó aislado en una rotonda entre dos cauces de agua descontrolados. Todo con final feliz.