Removiendo los cimientos de la escuela

Cuatro niños en una de las salas de juego de la Escuela Murciana de Primera Infancia (EMPI) de Murcia.. /Nacho García / AGM
Cuatro niños en una de las salas de juego de la Escuela Murciana de Primera Infancia (EMPI) de Murcia.. / Nacho García / AGM

Las jornadas Proyecto Aula se centran esta edición en los valores, la primera infancia y el urbanismo amable con los niños como pilares de un sistema educativo que encienda la motivación y la inspiración

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERES

Por una educación inclusiva, capaz de otorgar al niño el protagonismo de su propio aprendizaje, de convertir el trayecto al cole en un contexto irremplazable y estimulante, de encender la chispa de la curiosidad, de las ganas de aprender, de experimentar, de crear. Las jornadas educativas Proyecto Aula (PAula), un 'festival' de intercambio de opiniones, experiencias, visiones y aportaciones sobre otra escuela, tan necesaria como posible, buscan estimular en Murcia esa revolución que active la conexión entre la escuela y el mundo real y global, que aguijonee la curiosidad, encienda la creatividad y sea capaz de tener en cuenta las necesidades y capacidades únicas de cada niño.

La experiencia educativa y social que quiere ser PAula, impulsada por 'La Verdad' e ideada por el educador y gestor cultural Miguel Ángel Cayuela, carga este año esfuerzos en la primera infancia, hasta los seis años de edad, un período que tradicionalmente ha sido entendido como asistencial. «Gran error», advierte Gino Ferri, formador de formadores, maestro en las escuelas infantiles públicas de Reggio Emilia (estudiadas como modelo en todo el mundo), y con tres décadas de experiencia educativa. «El período hasta los tres años es clave en muchos aspectos; en la construcción de la identidad, de la autonomía», resalta el experto, en pleno debate sobre la universalización de la educación entre los 0 y 3 años en los presupuestos del próximo año.

Una etapa preescolar en la que, entienden los educadores de la Escuela Murciana de Primera Infancia EMPI de Murcia, los niños «son fuertes, ricos, capaces e interesados. Todos tienen el potencial, la curiosidad y el interés en construir y negociar en su ambiente. Solo necesitan los espacios, la guía y la supervisión adecuados», reivindica Rosa Manzano, quien apostó su futuro profesional a la creación de una escuela en la que cree, y que trata de promover un aprendizaje vivencial que, en ocasiones, se rompe en el colegio. Quebrar esa barrera entre la educación Infantil y la Primaria es, para Cayuela, uno de los objetivos de Proyecto Aula este año. «Es fundamental difuminar la línea; un maestro de Primaria no solo debe saber cómo se construye un cerebro en la etapa Infantil, sino que tiene que vivir la experiencia laboral en esas edades; hay que hacer desaparecer las barreras y que sea una línea educativa bien coordinada», reclama el educador, quien ha puesto en la enseñanza en valores especial énfasis.

Los planteará, desde la perspectiva de la educación de género, Alba Alonso, empeñada en «romper con la paleta de colores que lleva a que los lápices solo pinten en rosa o en azul». Convencida de que la construcción de los roles de género no es innata, sino que se adquiere desde edades tempranas en la escuela y en casa, Alonso quiere hacer conscientes de ello a los maestros. «Poco a poco, de manera casi inconsciente, nuestra infancia va mudando su personalidad para agradarnos, y así encajar en lo que la sociedad dicta que es lo correcto según su sexo, lo que hace imposible la igualdad. Y esto no es justo…», demanda preocupada por la regresión del machismo en las aulas de Secundaria, y que, avisa, es necesario prevenir desde las aulas de Infantil.

Desde las aulas y desde la calle, el espacio público, el trayecto hasta la escuela, la ciudad. Una urbe que los niños, ciudadanos de pleno derecho, sientan como un espacio amable y seguro por el que desplazarse en bici hasta la escuela. «Desde los cuatro años -defiende la arquitecta Izaskun Chinchilla- pueden hacer trayectos cortos que han repetido muchas veces. La realidad es que no lo hacen hasta los 14 años», ejemplifica Chinchilla, quien trabajó en Inglaterra en un proyecto para promover y facilitar que los niños puedan hacer ese trayecto a diario. «El contexto, como lugar de aprendizaje y experiencia, es insustituible, pero las ciudades están creadas para los coches, que solo utiliza un 10% de la población». La transformación urbana que permite a los niños desplazarse libremente por las calles, conocer y hacer suyo el patrimonio que les rodea, y les ayuda a ser ciudadanos conscientes de su identidad, «críticos y conocedores de sus derechos», reivindica la arquitecta, quien defiende también el valor del riesgo en los juegos, que permiten a los escolares manipular sierras o cohetes, y termina demostrando «su capacidad de prevención y organización».

El impacto social impulsado desde la escuela es reivindicado también por la profesora de Historia Rosa Liarte, promotora del proyecto #Merezcounacalle, que nació en el instituto malagueño Cartima en respuesta a un alumno que cuestionaba la existencia de los micromachismos, y que ha propiciado que el ayuntamiento malagueño de Cártama dedique cuatro calles a Federica Montseny, María Teresa León, Emilia Pardo Bazán y María Luz Morales. «Los chicos realizaron un estudio para investigar el callejero de Cártama y de otros municipios cercanos, y descubrieron que solo el 20% de las calles tienen nombres de mujeres, ¡y la mayoría de santas! Los alumnos, de segundo de Secundaria (entre 13 y 14 años) completaron el procedimiento completo, hasta el día en que asistieron al Pleno en el que se aprobó el cambio de nombre de las calles», cuenta satisfecha de que la iniciativa, que ha permitido a sus alumnos profundizar en el funcionamiento de la administración municipal, tomar conciencia de la brecha de género y conocer la biografía de las cuatro mujeres, se haya extendido a otros institutos y municipios. Liarte, coordinadora del área de nuevas tecnologías en su instituto en Fuengirola, practica con sus alumnos la clase invertida ('flipped clasrroom'): 'despacha' la tradicional explicación del tema grabándola en vídeo, y los alumnos pueden visionarla cuantas veces quieran en casa, en el bus, los pasillos... Así, la hora de clase queda despejada para que los estudiantes trabajen proyectos sobre la cuestión, investiguen, debatan... «Claro que aprenden, aprenden más porque están motivados, y tienen mucha soltura en otras competencias que no se evalúan. Y, lo más importante, son más conscientes de su estatus de ciudadanos».

La reivindicación de una escuela que no funciona como una cadena de producción en serie y ofrece la misma enseñanza a todos los niños sin tener en cuenta sus necesidades y capacidades de aprendizaje estará presente en las jornadas, que ahondan en el pensamiento divergente, la creatividad y el arte. De la mano, entre otros, de Miguel Gallardo, ilustrador, dibujante y autor del álbum 'María y yo', el tierno relato de las vacaciones con su hija autista en un hotel canario 'tomado' por alemanes, y con más de 20.000 ejemplares vendidos en España. «Combinaciones numéricas, listas de nombres, mapas de carreteras de ninguna parte, todos es dibujo, y una herramienta maravillosa para la comunicación», defiende Gallardo, quien tras dos décadas de convivencia con el autismo, reivindica la atención a la diversidad y el impulso a la creatividad en el aula. «Todos sabemos dibujar, necesitamos hacerlo, y por eso recurrimos a los emoticonos. En algún momento el profesor nos dijo que el cielo no era naranja o que no nos saliéramos de la raya, y dejamos de crear».

Arte y juego frente a las rutinas, exámenes y calendarios exigentes que, en esta edición, tomarán también la calle, con escenarios en la plaza de Los Apóstoles y en el Centro Párraga, donde la ilustradora Susie Hammer planteará su instalación XXL Campo de juego, un proyecto de estimulación mediante el arte y una reivindicación de las salas como espacios pedagógicos y de juego libre y sin reglas como método de aprendizaje en una escuela que agita sus cimientos.

Rosa Manzano. Escuela Murciana de Primera Infancia (EMPI) «Nos interesa la experimentación de los niños más que el resultado final»

Dos niños juegan en la Escuela Murciana de Primera Infancia.
Dos niños juegan en la Escuela Murciana de Primera Infancia. / Nacho García / AGM

Los maestros y educadores de EMPI ven mucho más allá que a un grupo de bebés y niños menores de tres años a los que cuidar y atender mientras sus padres trabajan cuando arrancan la jornada cada mañana en la escuela, en Ronda Sur. «Vemos personas capaces, autónomas y espontáneas con muchas capacidades que desarrollar que pueden convertirse en protagonistas de su propio aprendizaje mediante la experimentación», resume Rosa Manzano, educadora infantil y miembro del grupo de estudio de Reggio Emilia, en Italia, mientras los pequeños hacen series en el suelo con tapones, cadenas y esponjas que les introducen en el aprendizaje prematemático. Consciente de la transcendencia que la educación hasta los tres años tiene en el desarrollo futuro del niño, la escuela centra todo el esfuerzo en la experimentación. «Nos interesa más que el resultado final«.

Los pequeños empiezan la mañana con la asamblea, en la que refuerzan su identidad, y dedican buena parte de la jornada a sesiones de juego heurístico, durante las que se deja a los niños manipular libremente objetos (esponjas, rulos del pelo, conchas), explorando las distintas posibilidades. «Es un aprendizaje vivencial que les permite explorar y descubrir texturas, colores, sensaciones...», cuenta Rosa Manzano, quien concibe la hora del almuerzo como una oportunidad para que los niños desarrollen su autonomía, «su felicidad al ver que son capaces de comer solos. Es un proceso más largo, que requiere de paciencia, pero la clave es darles el tiempo y el respecto que necesitan», cuenta la educadora.

Rocío Quesada. Colegio Atalaya (Cartagena) La inspiración (sin libros de texto) como motor

Columnas revestidas con aplicaciones de ganchillo que los niños confeccionaron con la ayuda de los ancianos de la residencia de Los Dolores. Al fondo, el huerto de la escuela.
Columnas revestidas con aplicaciones de ganchillo que los niños confeccionaron con la ayuda de los ancianos de la residencia de Los Dolores. Al fondo, el huerto de la escuela. / Pablo Sánchez / AGM

Ni libros de texto, pilas de fichas y tablas de multiplicar que memorizar. Inspirados por la curiosidad, los escolares del colegio Atalaya de Cartagena pasan la mañana al sol calculando las proporciones de su huerto escolar, delimitando el recinto, repartiendo el espacio en caballones... y aprendiendo matemáticas y geometría sin ser conscientes de ello. Los niños del centro público, dirigido por la pedagoga Rocío Quesada, desarrollan el aprendizaje basado en proyectos, y no solo adquieren las mismas competencias (como demuestran sus resultados en las pruebas externas de evaluación) que los que siguen programas convencionales, sino que andan sobrados en otras que no anotan en esos exámenes: «Tienen iniciativa, autonomía, capacidad para resolver problemas y trabajar en grupo...», explica Quesada, quien ha introducido en el colegio otro proyecto de 'aprendizaje servicio', y que incita a los niños a hacer un bien por la comunidad. «Han estado confeccionando aplicaciones de ganchillo para forrar las columnas del patio ayudados por los ancianos de las residencias cercanas, y han establecido con ellos un vínculo estrecho», ejemplifica.

María Ángeles Rodríguez. Jefa de estudios del colegio Virgen de las Huertas (Lorca) Un viaje sin salir del aula para un 'future perfect'

María Ángeles Rodríguez, con dos alumnos en clase.
María Ángeles Rodríguez, con dos alumnos en clase. / Jaime Insa / AGM

Los alumnos de cuarto de Primaria (entre 9 y 10 años) de María Ángeles Rodríguez, maestra de inglés y jefa de estudios del colegio público Virgen de las Huertas de Lorca, andan estos días preparando un viaje por grupos a cinco países de otros continentes. Rebuscan ofertas en Booking, comparan precios en Trivago, se informan sobre la historia y el patrimonio del país, reservan hoteles, gestionan visitas culturales. Todo en inglés.

Por el camino, aprenden a manejar con soltura el tiempo futuro de los verbos en el idioma, los comparativos... Repartidos en cinco grupos, cada equipo elaborará una propuesta, que tendrán que defender y exponer ante sus compañeros. «Cuando los chicos tienen un objetivo y son ellos quienes elaboran y producen, la motivación es intrínseca. Terminan tan orgullosos de sus trabajos que invitan a sus padres a que asistan a la exposición», explica la docente, que palpa el estímulo y la creatividad entre sus alumnos, capaces de defender sus ideas, de ser críticos con las propuestas que se les plantean y de tomar decisiones «sin miedo a equivocarse». No siempre fue así. En sus primeros años de maestra, la docente desarrollaba sus clases con el apoyo del libro de texto, con un formato convencional. «Los niños se aburrían, yo me aburría, ¡todos nos aburríamos!», reconoce María Ángeles Rodríguez, que este curso quiere sacar adelante otro proyecto de 'Art trash', consistente en recuperar objetos de la basura para reutilizarlos en sus proyectos de aula.

«El curso pasado crearon una galería de arte con esculturas, pinturas... Los adultos solemos pensar que no pueden, que no son capaces, pero si les planteas un reto, ves que están mucho más motivados cuando experimentan ellos, en lugar de mirar como experimenta el profesor. Somos nosotros quienes coartamos su creatividad», lamenta la docente, que promueve en Lorca una comunidad de aprendizaje que implica intercambio de docentes del municipio entre diferentes centros».

 

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