Reclaman el reconocimiento del trastorno de aprendizaje no verbal

Tona Albaladejo y Francisco Prian, ayer en la Consejería de Salud./ Nacho García / AGM
Tona Albaladejo y Francisco Prian, ayer en la Consejería de Salud. / Nacho García / AGM

La asociación de padres de niños afectados pide a la Consejería de Salud protocolos para mejorar la atención

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

Quico, el hijo de Francisco Prian y Tona Albaladejo, empezó a andar tarde, con 18 meses, sin que previamente se hubiese lanzado a explorar el mundo a gatas. «Se quedaba en la silleta o donde lo dejaras, no se movía ni se iba con sus hermanos», recuerda su padre. A los problemas en el desarrollo psicomotriz se unieron, en la escuela, ciertas dificultades para seguir el ritmo de sus compañeros, que se hicieron evidentes en Bachillerato. No por un menor coeficiente intelectual o un retraso, sino por la imposibilidad de abstraer ideas. «Los niños como mi hijo no tienen ningún problema de lectura, pero luego no pueden resumir las ideas principales, se quedan en detalles», explica Francisco Prian. Quico se puso a estudiar un módulo de formación profesional, y fue entonces, con 22 años, cuando un psicólogo les dijo que padecía un trastorno de aprendizaje no verbal (TANV), también conocido como trastorno del aprendizaje procedimental.

«Estuvimos 22 años sabiendo que algo pasaba, pero sin conocer lo que era», resume Francisco. «Es algo que ocurre con la mayoría de estos niños, a quienes muchas veces se les diagnostica síndrome de asperger». Los padres empezaron a buscar información y a contactar con otras familias en su misma situación. En 2017 surgió la Asociación Nacional TANV, de la que Prian es vicepresidente. Ayer, él y su mujer se reunieron con el consejero de Salud, Manuel Villegas, quien se comprometió a dar a conocer las características del TANV «a médicos y educadores» para que puedan ofrecer una atención lo más precoz posible.

El trastorno de aprendizaje no verbal no está, al menos de momento, reconocido como tal. No se incluye en el DSM V, el manual de referencia en salud mental. Pero al margen de que la ciencia no lo considere, a día de hoy, un trastorno específico del neurodesarrollo, Quico y otros muchos jóvenes y niños requieren una atención adecuada y adaptada a sus síntomas. «Necesitamos protocolos como los que ya existen para la dislexia o los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)», solicita Prian.

 

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