Los penaltis coronan a un mísero Chelsea

Drogba y Cech los grandes triunfadores de una noche en la que el Bayern se mereció más pero erró en los momentos clave

AGENCIASMÚNICH
Los penaltis coronan a un mísero Chelsea

El Chelsea de Mata y Torres pasará a la historia por ser uno de los campeones de Europa más rácanos que se recuerdan. Ganó su primer gran título continental al imponerse en los penaltis a un Bayern que se mereció más pero perdió la final dos veces. Cuando permitió que Drogba igualase cerca del tiempo reglamentario y al fallar Robben una pena máxima en la prórroga. El colosal delantero marfileño fue, junto a Cech, el héroe de la final. Justo premio en lo personal para dos grandes y desgracia mayúscula en lo colectivo para un Bayern que hizo más méritos pero sucumbió al calor de su hogar y se quedó sin poder igualar al Liverpool con cinco orejonas. Este deporte es tan extraño que, hasta anoche, nunca los bávaros habían perdido en Europa por penaltis y jamás los londinenses se habían impuesto. Maldición eterna para el equipo que juega en casa y gafe confirmado el de Robben, especialista en fallar en los momentos decisivos.

Es cierto que rara vez en las finales los equipos pueden soltarse hasta alcanzar su nivel óptimo y es verdad también que la táctica suele imponerse en los grandes duelos, pero no hay excusa posible. Después del pobre espectáculo visto en Münich, es indiscutible que el Barça y el Madrid están varios peldaños por encima de ingleses y bávaros y que sus eliminaciones fueron lastimosas. No es consuelo, ni tampoco cabe hablar de vencedores morales, pero sí da rabia pensar que ambos transatlánticos españoles se hundieron cerca de la orilla.

Bayern y Chelsea se desplegaron fieles a sus estilos, más alegre y abierto el de los muniqueses e impresentable el de Stamford Bridge. No es reprochable jugar a la defensiva, pero sí en un club de este nivel, con un magnate que ha invertido más de 1.000 millones de euros para tratar de hacer a un club campeón de Europa. Faltaban jugadores importantes como Terry, Ivanovic, Ramires y Meireles y los alemanes estaban en casa, pero no hay justificación para ser tan cicatero en el planteamiento. El mismo Chelsea que ante el Barça. Todos metidos atrás, con la línea defensiva cerca de Cech, a la espera de algún contraataque, golpe de fortuna o jugada a balón parado. Se puede ganar pero da pena ver al inmenso Drogba como un defensa más. Y a Mata entregado a la causa defensiva, sin poder tocar apenas balones. Y al Niño Torres en el banquillo, aunque no ha hecho méritos para ganarse el puesto.

Dentro de la mediocridad generalizada, el bloque de Jupp Heynckes fue superior en una primera mitad en la que no hubo noticias de los centrocampistas blues y mucho menos de Neuer, el portero teutón. A los locales les faltaron más movilidad, precisión en el toque y ruptura por banda para percutir más sobre la superpoblada zaga británica, pero aun así dispusieron de hasta cuatro buenas ocasiones para desnivelar la final.Robben no pudo superar a Cech cuando intercambió su posición con Ribéry y entró desde la derecha. Lo hizo todo bien el holandés pero entre el pie salvador del portero checo y el poste evitaron un gol que ya se cantaba en el Allianz Arena.

Emerge el marfileño

Heynckes buscó una jugada maestra tras el descanso. Intentó dejar hacer al Chelsea para ver si se animaba, salía de su trinchera y dejaba algún resquicio en la retaguardia. Pero estos británicos están curtidos en mil batallas y no caen fácil en ese tipo de trampas. Si antes de empezar les ofrecen llegar a los penaltis, seguramente los hubieran firmado sin mirar el pliego de condiciones. Pudo haber otra acción que abriera el choque, pero el asistente del portugués Proença indicó un fuera de juego de Ribery, tras un rechace de Cole a tiro de Robben, y anuló el gol. Apenas se protestó pero la jugada fue dudosa.

A falta de poco más de un cuarto de hora, los disparos locales seguían sacando un córner tras otro y estrellándose siempre en alguna parte del cuerpo de los rivales. Robben era el hombre que más lo intentaba pero Drogba estaba imponente en las ayudas defensivas. Di Matteo decidió cambiar algo e introdujo a Malouda en lugar de Bertrand, debutante en esta Champions justo en la cita crucial. A ocho del final, Müller emergió por sorpresa en el segundo palo, cabeceó picado y dejó helados a los ingleses. Ya a la desesperada, Di Matteo recurrió a Torres, cuya frescura, movilidad y velocidad agradeció Mata. La final agonizaba cuando llegó un córner, el salto imponente del gran Drogba y un cabezazo majestuoso. Un delantero colosal para un equipo miserable.

Agarrado a Cech y a la velocidad del Niño, muy escorado a la derecha, el Chelsea se mantuvo vivo en la prórroga. Protagonizó una gran galopada el madrileño poco antes de que Drogba cometiera el típico penalti de un delantero que defiende. No es casualidad. También forzó el que falló Messi en semifinales. Pero a Robben le pudo el miedo y Cech le ganó el duelo. Ribéry ya no podía más y se fue a la ducha. Olic y Mario Gómez perdonaron. Los penaltis se hicieron inevitables. Falló al principio Mata pero era la noche de Cech y Drogba.

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