Facebook vuelve a enredar lo privado

La polémica del uso de datos personales vuelve a primera fila después de que EEUU obliga a la red social a formar un contrato de 'buenas prácticas'

MICHAEL MCLOUGHLINMADRID
Facebook vuelve a enredar lo privado

Facebook nunca fue el edén de los secretos. El invento tiene bastante de cotilla. Sin embargo, para la Comisión Federal de Comercio de EE UU (FTC) la red social ha cruzado la delgada línea roja que separa la privacidad del negocio hasta por siete puntos diferentes con prácticas que han calificado "como engañosas e injustas". El resultado de esto es que parte de las 800 millones de cuentas que conforman el universo ideado por Mark Zuckerberg acaban haciendo públicos más datos personales de los que deseaban.

Por ello, la compañía ha tenido que firmar un pacto con el que se pretende que el usuario sea consciente, en gran medida, de lo que realmente comparte. La FTC obliga a Facebook, entre otras cosas, a mantener una política integral y extensa sobre la privacidad y a someterse, cada 24 meses, a la revisión de auditores externos. Además deberá impedir el acceso a información de las cuentas un mes después de que se hayan eliminado o dar buena cuenta de cualquier cambio que pudiese cambiar la configuración de la privacidad. El castigo por infringir estas normas, una sanción de 12.000 euros por cada caso y día.

La agencia norteamericana no ha sido la primera en acusar a Facebook de actuar con cierta nocturnidad a la hora de introducir estas modificaciones y de mover los límites a su antojo. El pasado año miles de personas echaron la persiana a sus perfiles en protesta por cambios imprevistos. Por ello otra de las cosas que la empresa deberá evitar a partir de ahora es dar "descripciones equivocadas sobre la privacidad o seguridad de la información personal" de las cuentas. Algo que sucede en múltiples ocasiones y que se refugian detrás de unas condiciones de uso, que por lo general, suelen ser kilométricas.

Todo esto ha vuelto a encender un enconado debate que ha crecido paralelamente al uso de las redes sociales. Para muchos es difícil delimitar dónde está la barrera que estas empresas no pueden cruzar en pro de la privacidad de los usuarios. Todas ellas intentan, en mayor o menor medida, que los internautas aflojen los grilletes que pesan sobre sus datos personales porque gran parte de su negocio está basado en fórmulas de publicidad contextual que se presupone más efectiva cuánto más se sepa de a quién va dirigido.

La lupa de la FTC también se posó sobre Google y su red social Buzz, un fracaso que ahora intenta remediar con Google +. Hace meses la compañía de Mountain View se vio obligada a firmar un acuerdo por los mismos motivos que Facebook y con un alcance parecido. Lo más novedoso fue la imposición de auditorías independientes cada dos años, una medida que ahora se ha vuelto a repetir.

Desde finales de abril, Twitter no se libra de miradas desconfiadas. El jilguero más famoso de Internet tiene pactos con diferentes agencias para permitir el acceso a los datos que acompañan a los millones de publicaciones que se realizan cada día. Por cada carácter que se escribe hay doce de información oculta que raramente el usuario percibe. Este botín, muy valioso para la mercadotecnia, incluye detalles sobre desde dónde se escribió el tuit, quién lo hizo, la fecha en la que se creó la cuenta, sus seguidores o entre más cosas, desde dónde lo hizo si la cuenta tiene activada las opciones de geolocalización. Incluso, algunas compañías ya son capaces de rastrear si los textos son positivos o negativos a raíz de esos parámetros.

El valor de los datos

No se sabe con exactitud cuánto valen los datos personales que flotan en las redes sociales. Estos se comercializan empaquetados en bases de datos titánicas. Un estudio de la consultora Rapleaf afirmaba que conocer el estado civil, el número de hijos o si se tiene una casa en propiedad costaba un centavo de dólar mientras que la cantidad se multiplicaba por tres para saber si se ha escrito desde un teléfono inteligente o los temas que resultan de interés para el usuario, algo que muchas webs solicitan junto al registro.

En otros casos como el Linkedin, la polémica ha sido mucho menor. La red social, dedicada a los contactos laborales, no tiene el alcance mediático que puede tener Facebook. Probablemente, su propia naturaleza le proteja de escándalos. Los usuarios evitan aportar información sensible puesto que estos perfiles tienen el fin de promocionarse profesionalmente. Sin embargo, esto no le ha librado de episodios espontáneos como el que denunció un desarrollador independiente, tras la exitosa salida a Bolsa, que alertó que el cifrado de las 'cookies' (un archivo temporal) fallaba en un caso concreto y esto podía generar problemas.