«No quería morir, sino dejar de sufrir»

Javier Conesa y José Manuel Ramírez, ayer, en las jornadas de Feafes. / nacho garcía / agm
Javier Conesa y José Manuel Ramírez, ayer, en las jornadas de Feafes. / nacho garcía / agm

Prevenir el suicidio es tarea de todos, advierten expertos y supervivientes

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRA

Era el primer día de curso. Javier Conesa estrenaba, ilusionado, sus cuadernos y lápices. El maestro, tras presentarse, preguntó: A ver, ¿alguien sabe quién descubrió América? Javier no dudó en alzar la mano. Aquello le valió una felicitación pero, al terminar la clase, lo que le llovieron fueron golpes. «Sufrí un 'bullying' atroz desde los seis a los doce años en mi colegio, en Cartagena. Nadie se enteró, ni mis padres ni los profesores. Ser calificado de 'chivato' habría sido todavía peor», cuenta. Pensó que la mejor manera de terminar con su sufrimiento era morirse, así que se dedicó a cruzar la calle sin mirar y de la forma más temeraria posible.

Tuvo suerte, y ningún vehículo le atropelló, pero las huellas del acoso escolar le acompañan desde entonces. Pasó de sacar buenas notas a suspender. Repitió algunos cursos y probó con la FP, pero lo dejó. Empezó entonces a trabajar de camarero y a dar rienda suelta al rap y a los grafitis, dos de sus pasiones, hasta que sufrió una crisis y le diagnosticaron esquizofrenia. Un día, cuando los sanitarios fueron a buscarle para llevarlo al hospital, trató de saltar desde la ventana de su casa, en un segundo piso. «Entre mi padre y un policía me agarraron y me salvaron», recuerda. Poco después, lo intentó de nuevo con pastillas.

Para solicitar ayuda

968 343 400
Es el número del Teléfono de la Esperanza, donde se puede acudir en busca de ayuda. También puede consultar con su médico de familia. Si el riesgo es inminente, contacte con el 112.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, centrado este año en la prevención del suicidio, Javier quiso ayer aportar su testimonio en unas jornadas organizadas por Feafes. Desde allí lanzó un mensaje: «Hay que actuar contra el 'bullying' y también contra el estigma que todavía rodea los problemas de salud mental».

Quienes cometen suicidio, o lo intentan, no quieren terminar con su vida; lo que buscan es acabar con su sufrimiento de la única forma que ven posible. «Yo no quería morir, pero sentía soledad, abandono, un dolor que no puedo describir con palabras», relata José Manuel Ramírez, quien tras dos intentos afortunadamente fallidos está hoy decidido a tratar de ayudar a quienes afrontan situaciones parecidas. «Lo que yo quiero es vivir, disfrutar de mis sobrinos, sacarme la ESO y vivir en mi propio piso». Del pozo se sale, pero se necesita ayuda, resume. De ahí la importancia de contar con recursos suficientes, tanto en el sistema sanitario como en los servicios sociales y el sistema educativo.

José Manuel y Javier han dado el paso de aportar su testimonio porque del suicidio hay que hablar para tratar de prevenirlo, recuerda Loreto Medina, psiquiatra y coordinadora de un programa de prevención regional que se desarrolla desde el Hospital Román Alberca.

Más de 130 casos en 2018

132 personas murieron por suicidio en la Región en 2018. Se trata del mayor número de casos desde al menos 25 años. Estamos ante un auténtico «problema de salud pública», advierte Medina. Silenciar el suicidio y mantener los tabúes solo contribuye a agravar la situación. Se necesitan campañas públicas, planes preventivos -de los que tanto España como la Región de Murcia carecen- y la implicación de todos. Si se ha conseguido reducir la mortalidad en las carreteras gracias a grandes inversiones, mucha concienciación y cambios legislativos, también se puede y se debe hacer con el suicidio, coinciden los expertos.

«¿Por qué no contar con un teléfono gratuito y público, de tres cifras, como el 016 para la violencia de género, al que puedan llamar las personas con ideas suicidas?», propone Loreto Medina. Formar a los médicos de familia para que sean capaces de detectar señales de alerta es otra medida imprescindible.

«Un día pasé por las vías del tren y pensé en tirarme -confiesa Juan Manuel-, pero cambié de idea y me dije: voy a buscar ayuda». La encontró en los profesionales a los que acudió, pero también en su familia, en sus amigos. Evitar los suicidios no es responsabilidad exclusiva de psiquiatras y psicólogos; es cosa de todos, porque en cualquier momento alguien puede estar lanzando un grito silencioso de auxilio a nuestro alrededor. A veces, saber escuchar puede salvar una vida.

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